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José T. Raga

Sí que es posible

Me consta que nunca el socialismo ha sido buen administrador de los recursos. Los conservadores acrecientan para que los socialistas despilfarren. Los ejemplos están al alcance de todos.

José T. Raga
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El zorro y el cuervo, ya recuerdan ustedes la vieja fábula, han intercambiado sus papeles. El zorro, astuto, sagaz, intuitivo, silencioso y prudente hasta el límite, consigue en el relato, gracias a su imagen, despertar en el cuervo su presunción, su arrogancia, su vanidad, impulsando su incontenible locuacidad, para perder, en un abrir y cerrar el pico, toda la riqueza acumulada: un queso.

El candidato Rubalcaba ha pasado, en poco tiempo, de zorro a cuervo. La gente, erróneamente, le veía en su período pre-candidato como una persona inteligente, de prudencia extrema, sereno aún en momentos difíciles, tan escueto en palabras que rayaba en lo desabrido. Su estilo maniobrero e incisivo, y su aparente racionalidad, conseguía que muchos abrieran la boca perdiendo su buen nombre y la fama atesorada. En otras palabras, en esa larga trayectoria política –toda una vida– encarnaba de forma maestra la figura del zorro de la fábula.

Desde su acceso a la condición de candidato se ha transmutado rápidamente en cuervo. Con la presunción y arrogancia de éste, abre la boca para sentenciar sobre lo humano y lo divino, sobre lo verdadero y lo falso, las más de las veces con ánimo de confundir o de engañar, perdiendo todos aquellos rasgos que la sociedad indebidamente le había otorgado.

Recientemente, ante una propuesta política del señor Rajoy, tuvo la osadía de afirmar categóricamente que rebajar los impuestos y mantener los gastos sociales es, simplemente, imposible, y que proponerlo es una forma de mentir para engañar ante unas elecciones. Pues no, señor Rubalcaba, es posible, y usted sabe que es posible. Dos son las apostillas que quisiera hacerle, no porque crea que usted no las conoce, sino para que no pueda decirlo.

Una, es la vieja tesis de Laffer que evidencia la curva de su nombre, según la cual una disminución de los impuestos incrementa la actividad económica y, con ella, incrementa también la recaudación impositiva. Sé que usted puede tener la tentación de abrir la boca –como el cuervo– para decir que se trata de una teoría. Como el cuervo, perderá cada vez más el poco patrimonio que le queda ante los que todavía no le conocen, pues la pretendida teoría se mostró cierta experimentalmente en los gobiernos del señor Aznar.

La otra, es que sólo la maldad del cuervo le puede llevar a identificar los gastos sociales –prestaciones y subsidios– con el gasto público. Los gobiernos a los que usted ha pertenecido, todos, han sido una muestra de despilfarro de recursos públicos sin incremento de transferencias sociales, un signo de prodigalidad que debería ser perseguido de oficio en defensa de los intereses de la Nación. Así las cosas, se puede reducir el gasto público en equilibrio con los menores impuestos, sin reducir por ello los gastos sociales.

Me consta que nunca el socialismo ha sido buen administrador de los recursos. Los conservadores acrecientan para que los socialistas despilfarren. Los ejemplos están al alcance de todos.

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