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¿Hay economía sumergida?: la luz y las tarjetas de crédito son las mejores pistas

La crisis ha disparado la economía en B. Los expertos calculan que hay 4 millones de empleos lejos de la mirada de la Seguridad Social.

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Venta callejera, taxistas no oficiales, empleadas de hogar, cuidadores de niños, camareros y un gran número de ocupaciones que implican una menor cualificación profesional. También entran en el saco promotores, propietarios de academias, dentistas, abogados y demás profesiones con cualificación, pero fáciles de ocultar ante las autoridades. Todo el que puede está dispuesto a eliminar cualquier tipo de vinculación contractual en sus negocios.

Con el boom inmobiliario, los empleos en niveles básicos de la construcción acaparaban todas las miradas de la actividad informal. Además, el perfil de sus trabajadores coincidía en la mayor parte de las ocasiones: personas jóvenes de nacionalidad extranjera y carentes de una situación migratoria normalizada. Ahora, el desplome del sector ha orientado las actividades de la economía paralela hacia otros campos laborales como la hostelería, el turismo y el transporte de mercancías o personas.

La economía paralela, sumergida o negra es un fenómeno cotidiano que toma especial relevancia en los momentos de crisis y que está, en gran medida, aceptada socialmente. Ésta es la definición que le otorgan a las actividades económicas no regulares los profesores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC) María Arrazola, José de Hevia, Ignacio Mauleón y Raúl Sánchez en un informe para la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

Según los criterios de la OCDE, el concepto de economía sumergida hace referencia al conjunto de actividades económicas cuyo producto final es legal, pero que son escondidas con el objetivo de evitar el pago de impuestos, cotizaciones a la Seguridad Social o el cumplimiento de normas legales. "Dentro de esta definición quedan excluidas todas aquellas actividades criminales, como la producción y distribución de drogas, armas, trata de blancas...", explica Raúl Sánchez Larrión, doctor en economía por la URCJ y uno de los creadores del informe, en una entrevista a Libre Mercado.

¿Cuál es el peso de la economía sumergida en España?

Los autores apuntan que la economía en la sombra representa hasta el 23,7% del PIB entre los periodos 2005-2008, una de las cifras más altas publicadas hasta ahora por los economistas. El estudio pone de manifiesto que la economía sumergida, ha sufrido un fuerte crecimiento desde los años 80, donde el volumen de actividad no oficial representaba tan sólo el 12,5% del PIB. Fue durante el periodo de auge del sector inmobiliario cuando se produjo el mayor impulso de este tipo de actividades, que llegaron a alcanzar el 20% del PIB español.

"Parece que un aumento sostenido a largo plazo de la economía española lleva a un aumento más veloz de la economía sumergida", asegura Sánchez Larrión para explicar cómo en periodos de expansión también aumenta la economía paralela.

¿Cómo calcularla?

Las dificultades para obtener un análisis riguroso de este fenómeno han llevado a los autores a utilizar varios métodos de cálculo para demostrar sus estimaciones.

Por un lado, está el denominado Método Monetario. Consiste en suponer que las transacciones llevadas a cabo en el ámbito de la economía sumergida se realizan usando como contrapartida activos muy líquidos. "No parece razonable utilizar tarjetas de crédito porque dejas constancia de tus transacciones", aclara el experto. "Hemos probado que la demanda de dinero líquido (y fiscalmente opaco) aumenta en mayor proporción como consecuencia del crecimiento de las actividades legales no declaradas. "Las cuentas no salen, hay más dinero del que se declara", concluye.

Otro método se basa en el consumo de inputs de producción, en concreto de la energía eléctrica. "Si existe un aumento del consumo de la energía eléctrica sin el respaldo de un aumento de la producción justificado, damos por hecho que ese comportamiento anómalo se debe al aumento de actividad en la economía oculta", precisa. "No tiene sentido que la factura de la luz aumente si no hay puestos de trabajo donde gastar electricidad".

El último de los modelos es el MIMIC, que aborda el problema de captar la evolución de una variable siempre inobservable (la economía sumergida) mediante el estudio de las oscilaciones de otras variables observables que "causan" la economía inobservable (como la presión fiscal), y de otras "que son causadas por" ella (mayor demanda de efectivo o consumo energético), realizando algunos supuestos técnicos acerca de su vinculación.

El economista recuerda que existen otros métodos para aproximar el peso de la economía sumergida a la economía formal, los llamados métodos "directos", que consisten en la realización de encuestas o mediante la detección de fraude por funcionarios. "Tienen una fiabilidad limitada, la gente es reacia a reconocer que está cometiendo algún tipo de fraude".

Los dos primeros enfoques tienen en común que consideran como principal determinante la carga fiscal que soporta la economía formal, que incentiva su ocultación a Hacienda para obtener los resultados. El aumento de la presión fiscal que se plantean los gobiernos con el objetivo de recaudar más en muchas ocasiones consigue el efecto contrario al deseado, ya que se ha comprobado que en periodos de subidas de impuestos los contribuyentes orientan sus actividades a la economía en la sombra para evadirlas.

También las trabas administrativas dificultan el sostenimiento de las empresas en la economía legal. En el caso de España ha sido la Federación Nacional de Asociaciones de Autónomos (ATA) la última en cargar contras las prácticas de la Hacienda Pública. "Este organismo complica la vida a los autónomos y fomenta el trabajo en negro", aseguraba la semana pasada su presidente, Lorenzo Amor.

Según Amor, las nuevas medidas para controlar el fraude tienen un efecto boomerang inmediato en las empresas, que consiste en aumentar la economía sumergida. "A mayor número de trabas y dificultades, muchos autónomos que ahora están en el sistema optarán por el camino más sencillo y saldrán del mismo para trabajar en negro", advierte.

A la cabeza de Europa

La crisis no sólo ha elevado las actividades no declaradas en España, también lo ha hecho en la totalidad de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). No es de extrañar que entre el grupo de países industrializados de la OCDE donde más peso tiene la economía sumergida se encuentre España, y tampoco es de extrañar que tan sólo sea superada por Italia y Grecia.

Según un estudio realizado por el catedrático de la Universidad de Linz (Austria) Friedrich Schneider, la economía B en Grecia ya superó el 25% del PIB en 2010; Italia le sigue los pasos y sitúa el tamaño de sus actividades informales en el 22,2%; España ocuparía la tercera posición, con casi el 20% (un porcentaje un poco más optimista que el de el informe de FUNCAS).

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