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Universidades y capitalismo: una fértil sociedad

Un estudio lanza un listado con las 400 mejores facultades del mundo, en el que al paupérrimo papel español se une el éxito brutal de centros americanos.

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Hay que bucear hasta el puesto 186 de la clasificación de las mejores universidades del mundo para encontrar una española: la catalana Pompeu Fabra. A partir de ahí, sólo hay dos centros más entre los puestos 201 y 300 y otros tres en la última centena de la tabla.

Se da la circunstancia de que todas las universidades españolas del listado son instituciones públicas. Éste es el brillante resultado del sistema educativo español y de la preeminencia en él del sector público: las universidades privadas no pueden competir con grandes instituciones que viven del dinero de todos, pero éstas últimas no logran alcanzar un grado de calidad que pueda compararse al de otros países.

Esto no ocurre en otros países en los que un sistema que prima la competición entre centros y la calidad en lugar de semigratuidad para los estudiantes logra colocar entre las mejores tanto a universidades públicas como privadas.

El capitalismo es bueno para la universidad

Estados Unidos es el país que, con mucha diferencia, mejores resultados obtiene en la clasificación. La presencia de universidades americanas es abrumadora en los primeros escalafones del listado: siete entre las diez primeras, catorce si contamos hasta la veinte y treinta entre las cincuenta más destacadas.

Un balance abrumador, sobre todo si tenemos en cuenta que el siguiente país con más universidades entre las cincuenta mejores es Gran Bretaña... con siete, casualmente las mismas que coloca por sí mismo un único estado americano: California.

¿Qué razones explican el éxito de la enseñanza estadounidense? Son varias, la primera de ellas que a las universidades les sienta bien el sistema capitalista. De las cincuenta mejores universidades del mundo sólo hay una que no esté en un país con un sistema económico y político claramente de mercado: la Universidad de Pekín, que además ocupa el último lugar.

Además, pequeños territorios que destacan por su economía netamente capitalista logran situar sus instituciones universitarias en una lista tan exclusiva. Es el caso de Hong Kong y Singapur, por ejemplo, pero también de Suiza: el pequeño país alpino logra, con menos de ocho millones de habitantes, que dos de sus universidades estén entre las 50 mejores.

Es llamativo también, aunque esto puede deberse a una variedad de motivos, que haya una preeminencia de las universidades en países en lengua inglesa: a las 30 estadounidenses de los primeros cincuenta puestos habría que sumar las siete británicas, tres canadienses (una en Quebec pero que tiene el inglés como lengua de uso) y dos australianas, es decir, un 84% del total.

El ejemplo de EEUU

Volviendo al caso norteamericano y a las razones de su éxito, probablemente otra sea la importante participación de la iniciativa privada en el sistema universitario: entre las mejores universidades del mundo las hay públicas y privadas (si bien lo cierto es que dominan las segundas) pero lo más importante es que éstas tiene todas las facilidades para ser creadas.

De hecho, esto ha supuesto una tradición de filantropía universitaria que ha dado origen a varias de las mejores universidades estadounidenses, creadas gracias a las donaciones de grandes capitalistas e industriales como Rockefeller o Carnegie.

Por otro lado, se trata de un sistema eminentemente competitivo, tanto desde el punto de vista de las propias instituciones como desde el de los alumnos: las universidades luchan para contratar los mejores profesores y tratan de captar a los estudiantes más brillantes, que a su vez se esfuerzan en superar las complicadas pruebas de entrada de los mejores centros.

No sólo eso: las instituciones universitarias líderes compiten también en la obtención de fondos privados, bien sea a través de donaciones bien de acuerdos con empresas privadas a las que atraen por su prestigio o, en muchas ocasiones, a través de importantes programas de investigación.

También es un sistema "elitista" y restringido, aunque no necesariamente desde el punto de vista económico, ya que con una población equivalente a siete veces la española las estadounidenses suelen tener un número de alumnos significativamente menor que el de las grandes universidades en nuestro país: entre las americanas es raro que se superen los 30.000 estudiantes (incluyendo muchos de postgrado) mientras que centros como la Universidad Complutense o la Universidad de Barcelona tiene unos 80.000 alumnos la primera y cerca de 90.000 la segunda.

Universidades públicas... de pago

Un elemento importante del sistema universitario estadounidense es que, tanto las universidades privadas como las instituciones públicas son de pago: las familias ahorran durante años para costear la educación universitaria de sus hijos y, de hecho, incluso en los centros de titularidad pública el recurso al dinero público es limitado.

Buen ejemplo de esto es el Georgia Institute of Technology, en un meritorio puesto 24 de la lista, que es de titularidad pública pero que sólo recibe un 20% de sus fondos desde los presupuestos.

No obstante, el sistema universitario americano ayuda a sus alumnos con becas, muchas de ellas provenientes de nuevo de organizaciones filantrópicas, y con sistemas de créditos bancarios en condiciones ventajosas. Además, esto ha generado una cultura en la que es habitual, o al menos más habitual que en España, que los universitarios compatibilicen sus estudios con diferentes empleos.

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