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Mal negocio y mal negociado

El programa europeo de rescate acaba de ponerse en entredicho por la decisión del país heleno de elevarlo a consulta del pueblo: si quiere o no quiere ser rescatado con lo que ello implica.

Jaime de Piniés
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De la euforia que desató la última cumbre europea hemos pasado a la preocupación por el referéndum en Grecia. El programa europeo de rescate que descansaba sobre tres pilares (recapitalización de la banca europea, dinero fresco para el fondo de estabilización y nuevas reformas en Grecia), acaba de ponerse en entredicho por la decisión del país heleno de elevarlo a consulta del pueblo: si quiere o no quiere ser rescatado con lo que ello implica.

Independientemente de que cualquier consulta popular, debidamente anclada en la constitución, merece siempre el máximo respeto, lo cierto es que nuestros dirigentes europeos no parecen querer zanjar la crisis de una vez por todas. Hay fundadas razones para dudar no solo sobre Grecia sino también sobre el fondo de estabilización, pues los países europeos más pudientes no se hacen responsables sino que han pasado la patata caliente al sector privado y a los países emergentes.

Pero la cumbre también pone de relieve cómo siguen dominando intereses estrictamente nacionales. Es muy revelador el castigo impuesto a los cinco bancos "sistémicos" de España (Santander, BBVA, Caixa, Bankia y Popular) al introducir, aunque solo sea de forma transitoria, el principio de valuar la deuda pública según el mercado en vez del valor de vencimiento. ¿Ayuda esto a la banca española? Por un lado, podríamos defender el hecho cierto de que un sistema bancario más capitalizado es positivo pero, por otro lado, también es cierto que a corto plazo obliga a la banca a levantar más capital, o lo que es igual, a limitar el crédito. Siendo el segundo caso lo más probable, todo ello conduce a otro nuevo y muy duro revés para nuestra maltrecha economía. Más aún, cuando se pude argüir que esta medida prudencial no tiene mucho sentido para España. El Estado español es perfectamente capaz de afrontar todos sus pagos sin problemas. Otra cosa es el problema derivado del ladrillo para la banca, pero sobre ese problema la cumbre no se ha pronunciado.

Luego, ¿por qué se impone este castigo a la banca española? A mi modo de entender son dos las razones principales. La primera es el recelo que ha despertado en muchos países y bancos internacionales ver a los grandes bancos españoles expandirse desde la caída de Lehman Brothers. Las decisiones de la cumbre europea, sin frenar este crecimiento, previsiblemente lo ralentizarán. La segunda razón es porque han podido. Ante la falta de autoridad del gobierno de Rodríguez Zapatero, no nos ha quedado más remedio que aceptar las migajas de una solución europea pues se sabe que no estamos en condición alguna para introducir nuevas reformas. Porque estos foros internacionales son realmente los nuevos campos de batalla donde se libran verdaderas contiendas de intereses nacionales. Y el que no lo tenga claro que mire cómo nuestros políticos se pierden deshojando la margarita mientras otros no dan puntada sin hilo. Así nos va.

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