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Déficit de decencia

Los hechos son sencillos. Los políticos europeos adoptaron políticas económicas insostenibles. Quienes las financiaron parcialmente no desean hacerlo más porque dudan de la devolución de los préstamos.

GEES
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Los hechos son sencillos. Los políticos europeos adoptaron políticas económicas insostenibles. Quienes las financiaron parcialmente no desean hacerlo más porque dudan de la devolución de los préstamos. Si Europa debilitara aún más su escasa disciplina para responder de sus obligaciones y relajara su respuesta mediante transferencias fiscales entre naciones, incluso mediante el BCE o el fondo de estabilidad, lo único que haría sería retrasar y agravar los inevitables ajustes que requieren los errores pasados. Punto.

Que haya una furia de comentaristas y políticos radicales defendiendo lo contrario es interesante porque denota escasa seriedad y el interés propagandístico, y no informativo, de sus opiniones. Pero que un problema de deber mucho se resuelva debiendo más es una de esas afirmaciones que realmente sólo pueden explicar un borracho o un doctor en economía. Como resumía Orwell, uno tiene que pertenecer a la intelligentsia para creer estas cosas. Por ventura, la opción socialdemócrata no debería prevalecer.

La unión fiscal que propone no es la ayer expresada por el presidente de la Comisión como la plasmación de una teoría germano-holandesa consistente en reforzar los poderes sancionadores de un próximo comisario todopoderoso –hoy reflejado en la figura del finlandés Rehn, al que el portugués Barroso ha sido obligado a ascender– y en disminuir la soberanía de países incumplidores. Estas medidas serán efectivas con una reforma simplificada de los tratados en 2012. Se trata de delegar en una Comisión de la que los ortodoxos puedan fiarse lo que ha hecho Merkel en once días de noviembre: derribar dos primeros ministros de naciones no poco importantes designando a sus sucesores. Desear una unión en la que Alemania tenga más poder que esto es opinable, pero cualquiera diría que ya tiene alguno. 

La segunda razón por la que el izquierdismo mágico está descartado es porque el Bundesbank, con cierta relevancia en el BCE, hizo ayer declaraciones mediante su consejero Böhmler. Las medidas de octubre –recapitalización de bancos, condonación parcial de deuda griega, y más poder al fondo de estabilidad– no son el paso decisivo que resolverá la crisis". Porque, como en el fondo usaría los mismos mecanismos de ingeniería financiera que ayudaron a generarla, "no estoy seguro que sea muy inteligente echar más leña al fuego". En cuanto a la compra de bonos, medida costosa y sólo marginalmente efectiva, expandirla trasladaría los riesgos del sector privado a los contribuyentes.

Así que la desesperación socialistoide es comprensible, porque sólo queda hacer lo correcto, cosa de la que huye como de la peste. Ya no hay un prójimo al que endosarle la factura. Ni los descendientes, que no se quejaban por demasiado pequeños o aún inexistentes, ni los acreedores extranjeros. Sólo cabe reaprender que las acciones tienen consecuencias, individual y colectivamente. Y que pagar a plazo exige poder atender la factura cuando llega. Para ello conviene castigar a quienes nos han empobrecido con tan poca vergüenza que aún siguen presumiendo de ingenio en inventar más excusas de mal pagador.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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