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Michael Strong: "Hay que transferir el control de la educación a los padres"

Innovador en materia educativa, Strong reclama la liberalización total de este sector, eliminando el control que aún ejercen los gobiernos.

Ángel Martín
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Michael Strong

La creativa pareja formada por Michael Strong y Magatte Wade analiza en una entrevista con Libre Mercado sus respectivas especialidades. En la anterior entrega, Wade, una de las empresarias más influyentes de África según Forbes, insistía en la urgente necesidad de capitalismo que padece su continente. En esta segunda parte, Strong desvela algunas claves referidas a los problemas de educación y desempleo.

Michael Strong es CEO de Freedom Lights Our World (FLOW), autor principal de Be the Solution: How Entrepreneurs and Conscious Capitalists Can Solve All the World’s Problems, y un pensador pionero e innovador en materia educativa, así como emprendedor de este sector. Es, además, miembro del Free Cities Institute de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

Pregunta (P): Parece haber cierto consenso acerca de la delicada situación en la calidad y utilidad de la educación, especialmente en países como España. ¿Cuáles cree que son los principales problemas de los sistemas educativos actuales?

Respuesta (R): La educación estándar está ahora desconectada de las necesidades de los jóvenes, los padres y los empleadores. Es un sistema anticuado, fruto del legado de las ideas de control social prusianas del siglo XVIII, combinado con las necesidades de las familias de clase media-alta del XIX, pasadas a principios del siglo XX por el filtro de los principios tayloristas de la producción en cadena.

Pero estos principios ya no son apenas relevantes en la realidad actual. Los estudiantes pueden adquirir muchas de las destrezas académicas que aún aprenden en las escuelas a través de la tecnología, mucho más rápido y a un coste muy inferior respecto al de los colegios tal y como existen en la actualidad.

P: ¿Hacia qué modelo se debería transitar?

R: Necesitamos transferir el control de la educación de los burócratas hacia los padres y estudiantes. Estoy a favor de la desgravación fiscal en la matrícula que permita a los padres deducir de los impuestos todos sus gastos en la educación de sus hijos. Si esto se hiciera bien, veríamos el surgimiento de un sector privado en educación muy innovador, con un gran y diverso abanico de oferta tecnológica, de instrucción y experiencias que prepararían a los jóvenes para el siglo XXI de forma mucho más efectiva de lo que lo hacen las escuelas tal y como las conocemos.

Por poner un ejemplo, la revista Fast Company informó recientemente de que en Brooklyn se están creando muchas "escuelas" pequeñas donde profesionales de campo como la programación, diseño web, redes sociales, marketing web, diseño gráfico, etc., imparten secuencias de cursos de 10 ó 20 horas a recién graduados en Humanidades que quieren trabajar en el mundo de la web, pero que carecen de las habilidades necesarias.

¡Pero todas estas destrezas pueden desarrollarse a los doce años! En la escuela Montessori que creé en Palo Alto teníamos a jóvenes que desarrollaron habilidades web de alto nivel rápidamente. Para convertirse en profesionales de estos campos es importante que te enseñen profesionales en activo competentes, pero mediante el uso de la tecnología. Los niños pobres de todo el mundo podrían estar aprendiendo este tipo de habilidades.

P: Ha trabajado sobre modos alternativos de aprendizaje. ¿En qué consiste y en qué afecta al diseño del sistema educativo?

R: Mi foco principal ha sido el método socrático en la clase. Puede sonar anticuado y esotérico, pero en esencia es una forma de entrenar a los estudiantes a pensar y aprender por sí mismos. Tanto en los programas de educación elemental como de secundaria en los que he trabajado hemos enseñado a cómo ser autodidactas. Una vez que sabes que puedes enseñarte a ti mismo prácticamente cualquier cosa -especialmente en la era de Google- puedes hacer lo que quieras en la vida.

Dicho esto, aunque solía querer que mi enfoque fuera impuesto en las escuelas públicas, ahora realmente no quiero ninguna reforma pedagógica específica. Como dije antes, confío en que padres y estudiantes encuentren los mejores programas para sus necesidades. Habrá muchos comienzos en falso y se cometerán errores, a medida que padres y alumnos tengan la libertad para dar forma a su propia educación, pero gradualmente veremos surgir oferentes de diferentes servicios educativos que se ajusten a sus necesidades.

P: Además de sus reflexiones, también ha lanzado escuelas innovadoras. ¿Podría contarnos sobre su experiencia y los resultados obtenidos?

R: Aunque mi preocupación principal ha estado en generar autodidactas efectivos que piensen por sí mismos, la sociedad está interesada en indicadores convencionales de calidad, por lo que también he enfocado mi trabajo como educador en asegurar que los estudiantes obtengan buenos resultados en los exámenes estándar (como el SAT).

Por ejemplo, en la escuela que creé en Palo Alto, las puntuaciones en el examen del SAT de nuestros alumnos de 13-14 años (8th grade) fueron más altas que el promedio de las puntuaciones de alumnos de escuelas privadas en EEUU de 17-18 años (12th grade).

Más tarde creé una escuela pública charter (un concepto similar al de las escuelas concertadas en España) en Angel Fire, Nuevo Méjico, donde fuimos clasificados en el puesto 36 en un ránking de calidad de institutos públicos. Nuestros estudiantes pasaron los tests con una puntuación más del doble de la media nacional.

Mi estrategia para combinar el pensamiento independiente con un nivel de desempeño académico de alto nivel consistió en centrar nuestras conversaciones socráticas abiertas en el análisis detallado de textos sofisticados. Es un enfoque similar hasta cierto punto a la técnica francesa tradicional conocida como explication de texte, pero en lugar de que el profesor explique un pasaje a los estudiantes, yo conducía un análisis cuidadoso del texto a través de preguntas.

En un mundo en el que la mayoría de los estudiantes leen muy poco, en el que lo que leen es normalmente prosa muy simple y en el que tienen poca experiencia leyendo de cerca y cuidadosamente textos difíciles, mi técnica proporcionó a los estudiantes de mis escuelas una ventaja potente respecto a los demás.

P: Dadas las dificultades y el negro panorama económico al que se enfrentan los jóvenes españoles, ¿qué les recomendaría? ¿Es la indignación y protesta una vía de solución?

R: Recomendaría a los jóvenes españoles que o bien empiecen nuevos negocios o que hagan presión al Gobierno para que facilite mucho las cosas para que otros puedan abrir empresas, de forma que los empresarios puedan crear empleos. Protestar es solo útil si está directamente conectado a una demanda que mejorará las cosas. Occupy Wall Street es absurdo, porque no tienen ningún plan coherente.

Si los jóvenes españoles pueden persuadir al Gobierno de crear una Ciudad Libre que atraiga capital, inversión y talento, entonces pueden esperar un futuro más luminoso y positivo. Si no, quizás podrían emigrar a la Ciudad Libre de Honduras dentro de un tiempo.

P: ¿Y qué recomendaría a las autoridades políticas para acabar con el drama del persistente y elevadísimo desempleo?

R: La clave de la prosperidad es la libertad económica que permita a los empresarios crear empleos. Es así de simple. La mayoría de buenos samaritanos (do-gooders) están ocupados aprobando leyes que hacen que cada vez sea más complicado que los empresarios creen empleo.

Si los países facilitaran las cosas para crear empleo veríamos un paro menor. Esto es tan simple que me canso de tener que explicarlo, pero un ejemplo obvio es que si sé que me veré forzado a casarme con mis empleados de por vida, entonces será mucho menos probable que contrate trabajadores. Si se quiere más empleo, lo primero que se necesita hacer es que despedir a la gente sea mucho más fácil. Esto puede ser contraintuitivo, pero no hay que ser un genio para saberlo.

Asimismo, la incertidumbre inhibe la inversión. Si, por ejemplo, no sé si el gobierno me va a obligar o no a proporcionar un seguro sanitario a mis empleados, ni qué tipo de seguro, ni sé cuándo va a tomar efecto esta regulación, ni qué tipo de procedimiento debería emplear para informar al estado de que he dado a mis empleados seguro sanitario -para que no sea atacado por el gobierno por hacerlo mal-, entonces, probablemente, contrataré los mínimos empleados posibles hasta que sepa lo que me espera.

Muchos empleadores en Estados Unidos, simplemente desconocen lo que significará exactamente para ellos el ObamaCare (nueva reforma sanitaria), por lo que es más seguro esperar y no contratar o emplear a personas del extranjero, o automatizar las tareas tanto como sea posible. Pocos van a invertir en nuevas contrataciones si desconocen cuáles serán las implicaciones exactas de éstas. Nuevamente, esto no es muy difícil de entender, pero todavía no he oído a ningún político hablar de esto.

En Libre Mercado

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