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¿Por qué la mitad de los jóvenes españoles está en el paro?

La temporalidad y la falta de continuidad en las empresas explican el alto porcentaje de desempleo entre los menores de 30 años.

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha afirmado este miércoles en el Congreso que la elevada tasa de paro no se debe a la legislación laboral. Los datos, sin embargo, sí que parecen indicar que la normativa vigente tiene bastante influencia en esta situación, al menos en lo que se refiere a los jóvenes.

Hay pocas cifras de las que se haya hablado tanto en los últimos días como ese 48,56% de paro juvenil que reflejaba la última Encuesta de Población Activa (EPA). Casi la mitad de los menores de 25 años que quieren trabajar en España no tienen empleo. Es una cifra enorme en sí misma y que tampoco admite comparación posible con el resto de Europa (alrededor del 21% de media).

Aunque todo el sistema laboral español tiene un grave problema que se refleja en su elevadísimo nivel de desempleo, quizás sea la foto de los más jóvenes la más preocupante. ¿Cuáles son las razones de esta diferencia con lo que ocurre en los países de nuestro entorno? ¿Tiene algo la legislación laboral que afecte particularmente a los recién llegados al mercado?

Paro juvenil en España, Portugal, Grecia y la UE (Fuente: ZeroHedge)

El eslabón más débil

Uno de los mejores análisis que se publican en España es el Observatorio Laboral de la Crisis que cada trimestre realiza Fedea con los datos de la EPA. Entre sus objetivos está el conocer el eslabón más débil de la cadena: qué tipo de trabajador tiene más posibilidades de perder su empleo. Este enfoque deja algunas conclusiones esclarecedoras.

Por ejemplo, en el último trimestre, un 20% de los trabajadores con contrato temporal perdió su empleo, frente al 1,6% de los indefinidos (ver gráfico 2). Por otra parte, cuanto más tiempo lleva un empleado en la misma compañía, menos posibilidades tiene de ser despedido (ver gráfico 3).

Click en los gráficos para ampliar (Fuente: Fedea)

De hecho, como explica la catedrática de Economía Sara de la Rica, "una vez introducidos en el análisis todos estos factores, la edad en sí misma no tiene ninguna relevancia para explicar la pérdida de empleo". Esto quiere decir que los jóvenes tienen más dificultades para conservar su trabajo porque son temporales y llevan menos tiempo en las empresas, no por ser jóvenes. O dicho de otra manera, una persona de 45 años, con contrato indefinido y diez años de antigüedad tiene la misma probabilidad de ser despedido que uno de 27 en su misma situación.

Tiene cierta lógica que un empleado de 25 años sea más a menudo temporal y lleve menos tiempo en su puesto que uno de 50. Lo extraño en España es el tamaño de la divergencia entre los datos de los jóvenes y los de los adultos. Mientras estos acumulan muchísimo tiempo en sus empresas y son indefinidos en un alto porcentaje, aquéllos no tienen ninguna continuidad y sólo firman contratos temporales. Es como si la dualidad del mercado laboral de la que tanto se habla sea casi exclusivamente una cuestión de edad.

Indefinidos

En esto, la legislación tiene mucha importancia. Por un lado, las personas mayores tienen una enorme reticencia a cambiar de empleo una vez que consiguen un contrato estable. Si uno se va de la empresa, pierde los derechos adquiridos (esos famosos 45 días por año trabajado), con lo que la movilidad se reduce también por el miedo del empleado.

Hay gente encadenada a un trabajo que no le gusta, pero en el que se siente seguro. Y también hay empresas atadas a empleados poco productivos a los que querrían despedir, pero no pueden... Mientras echan al becario joven que es muy bueno, pero del que resulta barato desprenderse.

Temporales

El alto coste del despido también provoca que ningún empresario quiera hacer contratos indefinidos a no ser que no tenga otro remedio. Especialmente entre los trabajadores poco cualificados, es habitual encadenar contratos temporales uno tras otro. Al principio eran sólo los más jóvenes, pero cada vez más hay treintañeros y cuarentones que llevan mucho tiempo sin un contrato fijo.

Esto genera que los jóvenes se vean atrapados en un círculo vicioso del que es muy difícil salir. Como son temporales, no reciben formación, porque pueden irse en cualquier momento. Como cambian de empleo cada poco tiempo, tampoco consiguen ganarse la confianza de sus jefes por lo que no suben de puesto, no aprenden varias tareas ni acumulan responsabilidad, etc. Y como no reciben formación, ni suben en la empresa, ni llevan mucho tiempo... pues es muy fácil despedirles cuando llegan mal dadas.

Los resultados

Siempre se habla del efecto que tiene esto en los jóvenes en la actualidad, pero lo que está ocurriendo en esta crisis tendrá consecuencias en las próximas décadas y no sólo en los directamente afectados.

Según un estudio de la patronal de las entidades de de la Asociación de Entidades Organizadoras de Formación Continua (AENOA), las empresas españolas son las que menos gastan de Europa en formar a sus trabajadores. Tiene sentido: si un porcentaje alto de tus empleados es temporal, no tiene lógica pagar cursillos, jornadas de mejora de sus capacidades o la matrícula de un master. Pero claro, no formar a los empleados repercute directamente en la productividad, que en España está en los últimos puestos de los países ricos de la UE.

De nuevo, es todo como una pescadilla que se muerde la cola: la legislación no incentiva para nada que haya contratos indefinidos, esto provoca que haya escasa formación en las empresas, esto genera una baja productividad, y el trabajador poco formado y con pocas habilidades tiene menos probabilidades de encontrar un empleo fijo, con lo que comienza de nuevo la rueda.

En el medio plazo, esto es especialmente preocupante. Formar a un trabajador de 30-35 años no es tan sencillo y conseguir mejoras en la productividad lleva su tiempo. Incluso un cambio en la legislación laboral que aumente la contratación no tendrá efectos inmediatos en otras cuestiones que son claves para la competitividad de la economía española.

Y eso por no hablar de los jóvenes actuales. Los estudios muestran que iniciar la carrera profesional en años de crisis supone una desventaja que se arrastra toda la vida. Y si encima estos comienzos son a base de contratos temporales, esta rémora se convierte en un fardo del que es casi imposible desprenderse.

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