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Pablo Molina

El salario mínimo de UGT

El puesto de líder sindical de izquierdas está especialmente cotizado en la capital de España. El consejero de UGT en Bankia, una vez conocidos sus honorarios de 180.000 euros, afirma llevar una vida casi franciscana

Pablo Molina
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Ser un alto cargo sindical en España no está al alcance de cualquiera. En general, la pertenencia a cualquier club de referentes morales de la izquierda resulta bastante oneroso, porque el ritual estético que caracteriza a los líderes progresistas exige unos desembolsos que no todo el mundo es capaz de asumir. Los trabajadores no suelen ganar 200.000 euros sólo por asistir a unas cuantas reuniones de un consejo de administración, ni pueden permitirse cruceros de lujo por aguas boreales o relojes suntuosos a seis mil euros la unidad. Muchos ni siquiera podemos llevar a nuestros hijos a prestigiosos colegios privados, distintivo sin el cual, el acceso al ateneo progresista queda completamente vedado.

En fin, que un obrero no puede permitirse el lujo de codearse con sus autodenominados representantes, por eso la misión que estos le encomiendan es actuar como carne de cañón en las protestas contra el enemigo ideológico que intenta poner remedio a los desmanes que ellos mismos han causado. Triste destino de la infantería proletaria el que sus líderes le reservan, pero es que en España la izquierda menestral todavía no se ha dado cuenta de que el socialismo no es más que un pretexto para que los ungidos vivan a su costa.

El puesto de líder sindical de izquierdas está especialmente cotizado en la capital de España. Lo normal en una región pujante con el mayor nivel de vida de la península. Esta elevada percepción de emolumentos exige en contrapartida una vehemencia acorde al volumen del trinque, lo que tiene como consecuencia que las actuaciones públicas de los beneficiarios madrileños alcancen cotas de paroxismo difícilmente alcanzables por sus cuates periféricos.

El consejero de Bankia, que una vez conocidos sus honorarios afirma llevar una vida casi franciscana porque lo entrega todo al sindicato –¿Para los relojes de Cándido?- es tal vez el que actúa con mayor disciplina en los ataques recurrentes del sindicalismo de izquierdas contra el PP madrileño. El hombre tiene que defender los 15.083 euros con treinta y tres céntimos que recibe de media cada mes al margen de lo que haga después con ese dineral, que eso ya es problema suyo.

Con Méndez y Toxo, otro par de menesterosos, y el gran Fostiatus en la dirección de escena, los cuatro formarían un grupo muy aparente para salir de gira por los teatros españoles con un espectáculo de monólogos sobre cómo evitar los rigores de la crisis que ellos mismos han provocado. Si se atrevieran a imitar al maestro Gila el éxito de crítica y de público estaría garantizado: “¿Están los mercados? Que se pongan”. Y a pasar por caja.

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