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Un contrato único para emplearlos a todos

La reforma laboral se ha quedado a medias en varios aspectos. Uno de ellos es que no elimina la dualidad, al no introducir un contrato único.

Ángel Martín
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A muchos analistas la reciente reforma laboral les ha sabido a poco. Cierto es que se han introducido numerosos cambios en la legislación, algunos de ellos en la buena dirección. Pero tal y como se han quejado algunos expertos, no ha habido medidas significativas que favorezcan una reducción cuantiosa de nuestra tasa de paro desorbitada.

Esta opinión contrasta radicalmente con la de sindicatos y grupos de izquierda. Ellos hablan de una reforma excesivamente profunda y radical, que atenta contra el equilibrio que hasta ahora existía entre empresarios y trabajadores. Satisfechos con el statu quo del marco laboral, enfatizan que los problemas del paro se encuentran en otro sitio: como el modelo productivo, el sistema educativo o la falta de crédito. No obstante, afirmar que el marco regulatorio laboral no tiene apenas responsabilidad en nuestro drama laboral, parece ir en contra de la evidencia y la lógica económica.

Pero los problemas del mercado de trabajo español no se reducen solo al excesivo nivel de desempleo, sino también a la muy desigual realidad entre unos trabajadores y otros -si bien ambos problemas están interrelacionados-.

Es la famosa dualidad: un segmento de los trabajadores disfrutan de relativamente buenas condiciones y considerable protección, especialmente en términos de indemnización por despido y salarios (serían los insiders, los que están dentro); mientras que el resto carece de protección, sufriendo una elevada precariedad y temporalidad de los contratos (outsiders, los que están fuera).

Pese a la importancia de este problema, la reforma laboral aprobada por el Partido Popular apenas ha atajado las causas fundamentales de la dualidad: la gran brecha en la protección entre los insiders y outsiders. Precisamente, para concienciar a la población acerca de este problema y proponer soluciones efectivas, el grupo de análisis Politikon ha lanzado una campaña llamada Un contrato para emplearlos a todos.

Los analistas de Politikon destacan los efectos negativos sobre la productividad y la formación de los trabajadores que genera la dualidad, en parte debido a la excesiva temporalidad que ésta engendra. En definitiva, el actual sistema nos condena al peor de los mundos, caracterizado por las elevadas ineficiencias y las desigualdades. Baste señalar el hecho de que la destrucción de empleo en esta crisis se ha cebado con los empleados temporales -si bien eso empezó a cambiar en 2011 por la desaparición de empresas-.

Desde Un contrato para emplearlos a todos se sostiene que "las últimas reformas laborales no suponen una mejora sustancial en ninguna de las partes del problema", por lo que piden al Gobierno "medidas más completas y ambiciosas". Con el objetivo de paliar las deficiencias apuntadas, piden al Gobierno que considere la propuesta del contrato único indefinido, en línea con lo que defienden los economistas de FEDEA y otros economistas de relieve, como Xavier Sala-i-Martín.

De esta forma, las indemnizaciones por despido crecerían de forma continuada con el tiempo, sin la gran ruptura que existe ahora cuando se pasa de contrato temporal a indefinido, que perjudica gravemente a los outsiders.

También se defiende el sistema austriaco de prestación por desempleo, por el que, según este colectivo se "incentivaría la búsqueda rápida y activa de empleo cuando el trabajador perdiese el suyo".

Los beneficiarios principales de esta reforma serían, según Politikon, los colectivos desprotegidos y quienes tienen contratos temporales, si bien la economía en su conjunto -a través de una mayor productividad y menor fluctuación en el empleo-, saldría ganando. Por su parte, perjudicaría a los trabajadores insiders de mayor antigüedad, además de a todos aquellos que viven de la gran complejidad legislativa de nuestro marco laboral, como asesorías y bufetes de abogados. Asimismo, los promotores de esta campaña aclaran que el coste medio del despido y el contrato único son dos cosas diferentes, por lo que esta reforma no tiene por qué necesariamente abaratar el coste del despido.

Con estos cambios, estos analistas piensan que se sentarán "las bases para que la economía y el empleo vuelvan a crecer en el medio plazo y dejemos de ver como normales las tasas de paro que oscilan entre el 12% y el 20%".

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