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Para derribar al PP

Desde el primer día, los sindicatos han buscado el enfrentamiento con el PP por razones estrictamente ideológicas, esto es, que no pueden consentir que la derecha mande en este país

Emilio J. González
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La huelga general que acaban de convocar los sindicatos para el próximo 29 de marzo va a ser la primera gran huelga política de la democracia, y digo "gran" no porque vaya a ser secundada mayoritariamente por los españoles, que dudo que sea el caso sobre todo si no se deja actuar a los piquetes y se obliga a cumplir los servicios mínimos, sino porque es la primera vez que UGT y CCOO van a echarse a la calle con el único fin de derribar a un Gobierno, el del PP, legítimamente constituido a través de las urnas.

Es una huelga política porque las razones que están detrás de ellas son completamente distintas a las de anteriores huelgas generales. La mítica del 14-D de 1989 fue para protestar por la política económica de Solchaga, basada en la cultura del pelotazo. Recuerden que fue el de Tafalla quien dijo aquello de que este es el país en el que es más fácil enriquecerse y que su mandato estuvo plagado de escándalos como Kio, Urbanor, etc. La que le convocaron los sindicatos al Gobierno de Aznar en su segunda
legislatura tenía como fin acabar con el ‘decretazo’, cosa que consiguieron aprovechando la rivalidad entre Rato y Rajoy por la sucesión de Aznar. A su vez, la que le declararon a Zapatero no fue más que un paripé para tratar de dar la impresión de que los sindicatos estaban con los parados, con la sociedad, en medio del desastre económico que ha
dejado ZP tras de sí. Pero esta es muy distinta de aquellas otras.

Aquí, desde el primer día, los sindicatos han buscado el enfrentamiento con el PP por razones estrictamente ideológicas, esto es, que no pueden consentir que la derecha mande en este país. Esa fue ya la actitud del líder de UGT, Cándido Méndez, cuando el PP gano las elecciones de 1996, solo que, entonces, al frente de CCOO había alguien tan sensato como José María Fidalgo, que se negó a secundar los planes de acoso y derribo del sindicato socialista al Ejecutivo de Aznar y llevó a su sindicato a colaborar con el Gobierno en asuntos tan fundamentales como la reforma laboral o la del sistema de pensiones, que no habrían salido adelante de no haber sido por la actitud de Fidalgo y los suyos. Pero ahora Fidalgo no está al frente de Comisiones porque Zapatero consideró que no era un radical y le quitó de en medio para poner en su lugar a Toxo, que comparte los postulados de Méndez. De esta forma empezaron primero con las huelgas contra Esperanza Aguirre en Madrid y ahora van a hacer lo mismo contra el
Gobierno Rajoy.

A estos personajillos la reforma laboral les trae al pairo. Ellos nunca quisieron pactar nada al respecto porque no querían dar la menor baza al PP, con independencia de que, de haberse salido con la suya, quienes hubieran pagado los platos rotos hubieran sido los españoles: los parados y los que todavía tienen empleo.

También se niegan al ajuste presupuestario porque es la clave para superar la crisis y, sobre todo, porque el mismo ya les está suponiendo dejar de percibir cuantiosas ayudas procedentes de los fondos públicos. Pero, sobre todo, salen a la calle porque el Gobierno, como es lógico, no se pliega a sus exigencias y hace lo que tiene que hacer, entre ellas, desbaratar el poder político de los sindicatos mediante la descentralización de la negociación colectiva, demostrando que en este país se puede gobernar sin su concurso.

Ahora los sindicatos, una vez que han desenterrado el hacha de guerra, deberían andarse con cuidado, porque en este país todavía hay muchas cosas por hacer que les pueden doler mucho, por ejemplo, elaborar de una vez por todas una verdadera ley de huelga, acabar con los liberados y cerrar el grifo de las subvenciones públicas y de la participación de los agentes sociales en los cursos de formación cofinanciados con el Fondo Social Europeo, de donde obtienen cientos de millones de euros. Me parece que, en esta ocasión, si quieren guerra, la van a tener… y la van a perder.

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