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Contra el copago

Si el copago se introduce por niveles de renta, dejando fuera a las personas que más demandan los servicios sanitarios, entonces se desnaturaliza y pasa a ser simplemente un nuevo impuesto para financiar la Sanidad

Emilio J. González
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Por si no pagáramos ya bastantes impuestos en nuestro país, ahora se está estudiando la introducción del copago en la sanidad pública, como acaba de hacer Cataluña. Personalmente, creo que antes de hablar de volver a meter la mano en el bolsillo de los españoles, habría que pensar seriamente en una reforma del modelo sanitario público.

El copago puede tener sentido si de lo que se trata es de disuadir a muchas personas de que acudan al médico porque sí, o de que le exijan que les prescriba un medicamento cuando se sabe que muchos males que aquejan a los españoles se pueden solucionar sin necesidad de tener que tomar medicinas. En ese caso, como digo, el copago tiene sentido porque supone poner un precio a la atención médica.

Ahora esta es gratuita y pasa con ella lo que sucede con todo lo que es gratis, que la demanda de este servicio es infinita y de ahí vienen las listas de espera o parte del excesivo gasto en sanidad. Pero si resulta que el copago se introduce por niveles de renta, dejando fuera de él a las personas de menos ingresos, entre ellos los inmigrantes, que son, junto con los mayores, quienes más demandan los servicios sanitarios, entonces el copago se desnaturaliza y pasa a ser simplemente un nuevo impuesto para financiar la Sanidad. A eso es a lo que hay que oponerse.

Las comunidades autónomas gestionan mucho dinero, aproximadamente la mitad del gasto público de nuestro país. Si no tienen bastante para financiar la  sanidad, lo que deberían hacer entonces es renunciar a otras partidas de gasto. En Cataluña, por ejemplo, se ha impuesto el copago mientras se mantienen abiertas las embajadas catalanas en el exterior, lo cual no tiene sentido. En otras regiones se puede prescindir de las políticas que impliquen duplicidad con el Estado y destinar esos recursos a financiar la sanidad.

Esa es su misión. Si ahora se pone en sus manos el instrumento del copago, entonces nunca harán esa reforma del gasto que resulta del todo punto imprescindible porque lo necesario es la sanidad, no otras cosas.

Aún así, hay autonomías que dicen, con toda razón, que por ser regiones turísticas soportan muchos mayores gastos en sanidad, debido a la atención que prestan a los turistas, ya sean nacionales o extranjeros, sin que nadie les compense por ello.

En ese caso, debería arbitrarse un fondo estatal de reequilibrio de la sanidad pública, para atender, precisamente, a cuestiones que, por ser de carácter nacional, superan el ámbito autonómico. Pero, insisto, lo que no debe hacerse en ningún caso es imponer el copago como medio para financiar la sanidad. Las autonomías ya tienen sus ingresos por el modelo de financiación autonómica, además del famoso céntimo sanitario. Lo que tienen que hacer es administrarse mejor y dejar de gastar en aquello que no es competencia suya. Seguro que entonces no les falta dinero.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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