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Un poco de respeto para el contribuyente

¿Que se hunden los ingresos por culpa de la crisis? Pues a seguir gastando como si nada y a endeudarse para financiar aquello a donde no lleguen los ingresos, que ya se devolverá cuando vengan tiempos mejores

Emilio J. González
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Lo malo de la clase política española es que, después de más de tres décadas de democracia, muchos de sus componentes son políticos profesionales, esto es, personas que no tienen más oficio, ni beneficio, que vivir de una u otra forma de la política, porque jamás han trabajado en el sector privado. Y otros muchos de los que cuentan con algún tipo de experiencia laboral es en la función pública, donde los sueldos y los empleos no dependen de la marcha de la economía ni nada parecido. En consecuencia, no tienen ni la menor idea de lo que a los españoles les cuesta ganarse la vida todos los meses.

Seguro que les preguntamos a muchos de ellos cuál es el esfuerzo laboral que tiene que realizar un ciudadano para llevar 250 euros netos a su casa que muchos no saben ni qué
contestar. Una pista: para el 40 por ciento de los trabajadores de este país les supone, como mínimo, una semana de esfuerzos laborales.

Todo esto viene a cuento de la alegría con la que los políticos, sean los nacionales, los autonómicos o los locales, dilapidan el dinero de los impuestos, que es el de todos. ¿Qué no hay bastantes recursos para financiar la sanidad? Pues vamos a estudiar fórmulas como el céntimo sanitario, en vigor en varias autonomías, o el copago que acaba de
introducir CiU en Cataluña.

Sin embargo, a quienes plantean semejantes cuestiones jamás se les escucha decir, bueno, si no tenemos bastantes recursos entonces tendremos que reordenar y redistribuir el gasto público para que nunca falte dinero en los servicios esenciales, por ejemplo, sanidad y educación. Que va, su primera tentación es ver de dónde pueden recaudar más, sin pararse a pensar en un solo momento que ese dinero sale del bolsillo de todos los españoles, en especial de las más que maltratadas fiscalmente clases medias, y que cuesta mucho ganarlo, especialmente en estos tiempos de crisis.

Lo mismo cabe decir con el desparpajo con el que acuden a las emisiones de deuda. ¿Que se hunden los ingresos por culpa de la crisis? Pues a seguir gastando como si nada y a endeudarse para financiar aquello a donde no lleguen los ingresos, que ya se devolverá cuando vengan tiempos mejores. Lo malo es que la deuda no es gratis.

Hay que pagar intereses por ella, intereses que se suman al conjunto del gasto público. Cuando la deuda vence y se tiene que devolver el dinero, como, en general, no lo hay, sobre todo en las autonomías y en los ayuntamientos, pues se renueva y a seguir pagando intereses de por vida, porque la deuda temporal acaba por consolidarse en deuda permanente. Esos intereses se abren paso en el presupuesto de un país como el nuestro, que tiene serios problemas para financiar su sanidad y su sistema de pensiones. Y como el político no tiene respeto por el ciudadano-contribuyente, pues su solución es buscar nuevos impuestos, los llame como los llame, y bajar las pensiones.

Ese es el círculo vicioso en el que nos ha metido nuestra clase política, que no
sabe lo que cuesta ganarse el pan todos los días.

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