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Repsol y la diplomacia española

Si de verdad queremos ser una gran nación, que cuente en el mundo, nuestra diplomacia tendrá que trabajar en favor de nuestras empresas, para evitar que pase lo que le acaba de suceder a Repsol en Argentina.

Emilio J. González
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Transcurridos unos días desde que se produjo la decisión del Gobierno argentino de nacionalizar YPF, la filial de Repsol en el país, y con el Ejecutivo español realizando ya los primeros movimientos en defensa de la petrolera española, conviene empezar a preguntarse cómo ha podido pasar esto sin que el Gabinete de Mariano Rajoy se enterase prácticamente hasta el último momento de las intenciones de Cristina Kichner y sacar de este ejercicio de reflexión las conclusiones permanentes.

España, como cualquier país desarrollado, tiene representaciones diplomáticas en muchos países del mundo, Argentina entre ellos. En Buenos Aires tenemos una embajada que, en teoría, debe estar al servicio de los intereses españoles. La cuestión es qué han estado haciendo nuestros diplomáticos allí que no han informado en su momento al Gobierno de las intenciones del Ejecutivo argentino. Éstas, por lo visto, no eran ningún secreto. Además, una de las misiones de las embajadas en todo el mundo de los países desarrollados es recabar información puntual de todo cuanto pueda afectar a los intereses de dichos países y transmitirlas con celeridad a sus respectivos gobiernos para que éstos puedan actuar en consecuencia. Da lo mismo que se trate de intereses políticos que económicos, que afecte a los ciudadanos o a las empresas de un país que actúan en el exterior. Las representaciones diplomáticas de las naciones más avanzadas informan de todo ello, sin excepción, y en seguida se movilizan para proteger dichos intereses, sea cual sea su naturaleza. ¿Ha hecho esto la embajada española en Buenos Aires? Esta es una cuestión importante a dilucidar, teniendo en cuenta que todo este asunto de la nacionalización de YPF parece que ha cogido de improviso al Ejecutivo de Mariano Rajoy.

En cualquier caso, no debe sorprenderle a nadie si la embajada española en Buenos Aires no ha informado al Gobierno, en tiempo y forma, de los planes de Kirchner. Desde hace años, las empresas españolas que trabajan en el exterior vienen quejándose de lo desasistidas que están en su labor por parte de nuestros diplomáticos, a quienes, por lo visto, parece producirles sarpullidos todo lo que tenga que ver con los intereses empresariales españoles y prefieren dedicarse a otro tipo de cuestiones. En Estados Unidos o en el Reino Unido sería inconcebible semejante actitud de su representación diplomática en relación con los intereses de sus empresas. Es más, las embajadas de ambos países son muy activas en la promoción de los mismos. En cambio, las empresas españolas, cuando dan el salto al exterior, se encuentran desamparadas y tienen que apañárselas por sí mismas como buenamente puedan porque, por lo visto, nuestros diplomáticos no suelen mover un dedo por ellas.

Si de verdad queremos ser una gran nación, que cuente en el mundo, nuestra diplomacia tendrá que trabajar en favor de nuestras empresas, para evitar que pase lo que le acaba de suceder a Repsol en Argentina. Esa es una de nuestras grandes asignaturas pendientes desde hace tiempo. Lo sucedido con YPF debería servir para empezar a cambiar las cosas con el fin de que no vuelva a suceder nada por el estilo.

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