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Grandes mentiras de la política

Cuando la gente quiere lo imposible, sólo los embusteros pueden satisfacerlo, y eso sólo a corto plazo. Los actuales conatos de disturbios callejeros en Europa demuestran lo que sucede cuando a largo plazo llega la verdad.

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El hecho de que tantos políticos de éxito sean reales embusteros no constituye únicamente una reflexión en torno suyo, también es una reflexión en torno a nosotros. Cuando la gente quiere lo imposible, sólo los embusteros pueden satisfacerlo, y eso sólo a corto plazo. Los actuales conatos de disturbios callejeros en Europa demuestran lo que sucede cuando a largo plazo llega la verdad a los políticos y a la población.

Entre las mentiras más importantes de los estados del bienestar a ambas orillas del Atlántico se encuentra la noción de que el Estado puede proporcionar a la población las cosas que ésta quiere pero no se puede permitir. Puesto que el Estado obtiene sus recursos de la población, si la población en conjunto no se puede permitir algo, tampoco se lo puede permitir el Estado.

Está, por supuesto, la falacia perenne de que el Estado puede subir simplemente los impuestos a "las rentas altas" y utilizar la recaudación pública adicional para financiar las cosas que la mayoría de la población no se puede permitir. Lo sorprendente es el supuesto implícito de que "las rentas altas" son todas tan negadas que no van a hacer nada para impedir que su dinero les sea gravado. Los precedentes demuestran lo contrario.

Después de que la Constitución de los Estados Unidos fuera enmendada para permitir la creación de un impuesto federal sobre la renta en 1916, la cifra de personas que declaraba ingresos de 300.000 dólares en adelante se desplomó de bastante más de un millar a 300 en 1921.

¿Las rentas altas se habían convertido en pobres de pronto? Para nada. Estaban invirtiendo enormes sumas de dinero en valores exentos de declaración. La cantidad de dinero invertida en valores no declarables era mayor que los presupuestos federales, y casi la mitad de la deuda nacional.

No es un caso exclusivo de Estados Unidos ni de aquella era. Después de que el gobierno británico subiera el impuesto sobre la renta a las rentas altas en el ejercicio 2010 descubrió que estaba recaudando menos tributos que antes. Otros países han tenido experiencias parecidas. Al parecer las rentas altas no son del todo idiotas, después de todo.

En la economía mundial globalizada de hoy en día, los ricos pueden invertir su dinero en países donde los tipos impositivos son simplemente más bajos.

En suma, si no puede fiarse de que "las rentas altas" vayan a correr con la factura, ¿de qué se puede fiar? De las mentiras.

Nada es más fácil para un político que prometer prestaciones públicas que no se van a hacer realidad. Pensiones como la seguridad social son idóneas para este papel. Las promesas que se hacen dicen que el dinero se paga dentro de muchos años, y alguien diferente estará en el poder por entonces con la labor de determinar qué decir y qué hacer cuando se acaba el dinero y empiezan los disturbios callejeros.

Hay toda suerte de formas de aplazar el día de rendir cuentas. El Estado puede negarse a pagar lo que cuesta hacer las cosas. Recortar la compensación de los médicos por atender a los pacientes del programa Medicare de la tercera edad es un ejemplo evidente.

Eso, por supuesto, conduce a que hay médicos que se niegan a aceptar pacientes nuevos del seguro público. Pero este proceso tardará tiempo en tener su impacto total, y las elecciones se celebran a corto plazo. Se trata de otro problema que se puede dejar en manos de alguien diferente dentro de años.

Elevar la cantidad de papeleo de los médicos en los estados del bienestar con seguros públicos de salud y reducir la compensación de esos galenos con el fin de ir aplazando el día de la quiebra se traduce en que la profesión médica atrae probablemente a menos jóvenes brillantes, que emigran a otras profesiones, mejor pagadas y con menos engorros. Pero también esto es un problema a largo plazo, y las elecciones siguen celebrándose a corto plazo.

Con el tiempo, todos estos problemas a largo plazo se ciernen sobre las mentiras de sonido maravilloso que constituyen el fluido vital de la política de los estados del bienestar. Pero pueden celebrarse muchas elecciones de aquí hasta entonces, y aquellos a los que se les dan bien las mentiras políticas pueden ganar un montón de esas elecciones.

A medida que se acerca el día de rendir cuentas, hay un buen número de formas de aparentar estar superando la crisis. Si al Estado se le agota el dinero, puede poner más dinero en circulación. Eso no significa que el país sea más rico, sino que transfiere discretamente parte del valor de la divisa en vigor de los ahorros y los sueldos de la población al Estado, cuyo dinero es igual de bueno que el dinero por el que la gente trabajó y ahorró.

Poner más dinero en circulación se traduce en inflación. La inflación es una mentira discreta, en virtud de la cual el Estado puede mantener sus promesas sobre el papel, pero con dinero mucho menos valioso que el dinero en circulación en el momento en el que se hicieron las promesas.

¿Sorprende a alguien que los votantes de expectativas irreales elijan a políticos que mienten diciendo que son capaces de satisfacer esas esperanzas?

© 2012, Creators Syndicate Inc.

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