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La hora de la verdad del euro

Quien pone en marcha esta primavera caliente es el ascenso electoral de la izquierda y sus políticas insensatas en Grecia y Francia, dejando sola a Alemania. El eje franco-alemán ha muerto, quien manda ahora es la "zona marco".

GEES
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Había dos escuelas. Una defendía que las asimetrías europeas y la ausencia de unión presupuestaria hacían el euro inviable. Otra estimaba que el mismo euro engendraría la disciplina común y la unificación política, obligando a todos a la excelencia. El jurado sigue reunido, pero este juicio ya está visto para sentencia.

Para salir de la crisis financiera en 2009 Obama puso en marcha su FROB, de nombre TARP, con 800.000 millones de dólares. Hasta entonces podía discutirse si cabía arriesgarse a las quiebras bancarias, después no quedaba más opción que seguir su senda a expensas de trasladar el sistema bancario europeo a Washington. Así que Europa inyectó prácticamente un billón en sus bancos desde entonces. ¿Toda Europa? No, un pequeño pueblo resistía todavía y siempre al invasor, rodeado de sus desfondadas cajas. Era la España de Zapatero, Mafo y Salgado. Todo lo más pusieron 9.000 millones en el tapete para usarlos en cómodos plazos estirando gimnásticamente su utilidad hasta extremos insospechados porque debían servir para todas las necesidades e intervenciones. No fue todo. Haciendo gala de su insólita jeta Zapatero declaró en septiembre de 2008 en NY que España tenía "quizás" el mejor sistema financiero de la comunidad internacional y que habiendo adelantado a Italia en PIB, ahora íbamos a machacar a "mi amigo Sarkozy". Era lo que se entendía entonces por hacer política económica.

Cuando ya la situación era más que insostenible, en agosto de 2011, habiendo pasado más de un año de las escuálidas reformas, el BCE pidió por carta a España que modificara su Constitución si quería que le comprara deuda en el secundario. España accedió y Rubalcaba apoyó la reforma constitucional más fugaz de la historia consistente en comprometerse con el equilibrio presupuestario en 2020, permitiendo excepcionales déficit estructurales. Ahora es de nuevo España la que no pudiendo cartearse con el BCE le pide apoyo equivalente a las instituciones europeas que formalmente controlan el proceso que debería permitir salvar el euro y regresar al crecimiento.

Probablemente tales medidas u otras similares acaben tomándose en el próximo Consejo europeo, a sabiendas ya del destino hoy incierto de Grecia, pero España no puede fingir exceso de soberanía, por lo que no le queda más remedio que ser entusiasta defensora de una federalización que, siendo hoy incompleta y dudosa jurídicamente, nos sostiene.

Siendo esto importante, no es sino forma, el fondo es la necesidad de reanudar el crecimiento, lo que solo puede basarse en la contención pública, la mejora de la competitividad y la restricción impositiva. Traducción: en España reformar el estado de las autonomías que es su manera de organizar el estado del bienestar. Quien pone en marcha esta primavera caliente es el ascenso electoral de la izquierda y sus políticas insensatas en Grecia y Francia, dejando sola a Alemania. El eje franco-alemán ha muerto, quien manda ahora es la "zona marco", a quién hay hoy que contentar para obtener asistencia en nuestro esfuerzo disciplinario.

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