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¿De qué reformas habla Rajoy?

El presidente sigue guardando silencio acerca de lo que dice que va a hacer, lo cual transmite a los mercados la peligrosa sensación de que el Ejecutivo carece de un verdadero plan de medidas económicas para superar las actuales dificultades.

Emilio J. González
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¿De qué sirve anunciar nuevas reformas económicas si no se concreta cuáles serán ni cuándo entrarán en vigor? El presidente del Gobierno creerá que con el mero anuncio de las mismas los mercados van a tranquilizarse en relación con la economía española. Rajoy, sin embargo, no se da cuenta de que ya lleva seis meses en el poder y que, por tanto, esas reformas de las que ha empezado a hablar últimamente ya deberían estar siendo objeto de discusión desde hace tiempo porque la difícil situación económica no admite ni demoras ni manejo de los tiempos.

El presidente sigue guardando silencio acerca de lo que dice que va a hacer, lo cual transmite a los mercados la peligrosa sensación de que, en realidad, como así parece, el Ejecutivo carece de un verdadero plan de medidas económicas para superar las actuales dificultades, de una hoja de ruta para salir de la crisis cuando, a estas alturas de la misma, todo el mundo tiene muy claro qué es lo que tiene que hacer. Tiene que empezar por sanear el sistema financiero. Afortunadamente, y gracias a la presión de la Unión Europea, que ha obligado a España a aceptar el rescate del sistema bancario, éste ya se puede poner en marcha, aunque con seis meses de retraso. El Gobierno también tiene que acometer una reforma profunda de la Administración. No basta para ello con elaborar planes para reducir el número de empresas y organismos públicos. Eso ya lo anunció el Ejecutivo al principio de la legislatura y, a estas alturas, todavía seguimos sin saber cómo se va a llevar a cabo la operación y si ésta afectará solo al Estado o también a las autonomías y los ayuntamientos, que es donde de verdad reside el problema.

De la misma forma, el Gobierno debería estar trabajando ya en la eliminación de duplicidades entre las autonomías y el Estado, que nos cuestan 45.000 millones de euros al año, así como en la forma de obligar tanto a los ayuntamientos como a las comunidades autónomas a que dejen de ejercer aquellas competencia que les son impropias, por muchos votos que les puedan dar. Para esto no hace falta manifestar la intención de acometer nuevas reformas estructurales. Para esto lo que se necesita es voluntad de querer abordar este tipo de medidas, que son las que se necesitan para superar la crisis presupuestaria y, con ello, la económica. Sin embargo, por ahora, el Gobierno no se ha querido meter en la cuestión de la tan necesaria reordenación de la Administración española porque quiere evitar enfrentamientos con los Ejecutivos regionales, como hemos visto con sus propuestas de reforma de la sanidad y la educación. Entonces, si no se va a meter mano a las administraciones territoriales, que constituyen el epicentro de nuestros problemas fiscales, ¿de qué reformas habla el señor Rajoy?

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