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Déficit explosivo

Estamos en un círculo vicioso que, de no atajarse, de aquí a unos meses provocará la suspensión de pagos. ¿Qué más se necesita para que el Ejecutivo comprenda la gravedad de la situación?

Emilio J. González
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España se encuentra en una situación presupuestaria muy preocupante. Eso no es una novedad. Lo peor de todo, sin embargo, es que el problema, lejos de corregirse, tiende a agravarse. Según los datos de déficit del Estado de los cinco primeros meses del año, éste se situó en el 3,41% del PIB, tan solo una décima por debajo del objetivo para el conjunto del ejercicio, si bien el Ministerio de Hacienda señala que, en términos homogéneos, que incluye los adelantos realizados a las autonomías, el desequilibrio fiscal se queda en el 2,38%, un poco por debajo del resultado registrado en el mismo periodo del año anterior. Lo importante, empero, no es una cifra u otra, sino que estamos en una situación de crecimiento explosivo del déficit que ya debería haber disparado todas las alarmas del Ejecutivo.

Los ingresos presupuestarios están evolucionando peor de lo previsto, lo que siembra muchas dudas sobre la capacidad del Gobierno para cumplir los objetivos presupuestarios pactados con la UE. Para complicar más las cosas, el Banco de España acaba de decir que la recesión de la economía española se agrava, es decir, que las cosas van a peor y, como es lógico, los ingresos presupuestarios seguirán deteriorándose más de lo previsto. Mientras tanto, el Ejecutivo sigue financiándose a unos tipos de interés crecientemente elevados. Así es que tenemos una economía con tasas de crecimiento negativas y unos tipos de interés que superan con creces, en todos sus plazos, al ritmo de aumento del PIB. Esta situación se conoce como de crecimiento explosivo del déficit porque el ritmo de actividad económica no es lo suficientemente elevado para poder aportar recursos con los que pagar esos intereses y amortizar parte de la deuda. En consecuencia, la partida de intereses pasa a formar parte del gasto público y, de esta forma, alimenta el crecimiento del déficit, que a su vez genera más deuda, intereses más altos y más déficit. Estamos, por tanto, en un círculo vicioso que, de no atajarse, de aquí a unos meses provocará la suspensión de pagos. ¿Qué más se necesita para que el Ejecutivo comprenda la gravedad de la situación?

Tal y como están las cosas, el Gobierno debería estar poniendo en marcha nuevos planes de ajuste presupuestario, no por la vía de los impuestos, sino por la de los gastos, que es la menos dañina para la economía y donde de verdad hay mucho margen de actuación. Para ello es necesario que el Ejecutivo empiece a meter mano de una vez por todas a las autonomías y a los ayuntamientos, en especial a las primeras, obligándolas, por las buenas o por las malas, a recortar sus gastos de forma drástica, eliminar duplicidades con el Estado, acabar con políticas completas y poner fin al derroche de recursos en forma de tanto coche oficial, tanta visa oro y tanto gasto de representación, tanto asesor, etc. Por desgracia, el Gobierno sigue sin entender que o reforma por completo el Estado de las autonomías y empieza a hacerlo ya mismo, o esto se va a pique, porque apenas nos queda tiempo para actuar. Y como los ciudadanos también podemos hacer cosas, les recomiendo que se adhieran a la iniciativa Reconversión, a través de su página www.reconversion.es

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