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El carbón español, un negocio ruinoso desde hace un siglo

Su producción nunca ha sido competitiva, la calidad del mineral es baja y su precio muy superior al internacional.

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El problema del carbón nacional no es de hoy. El sector recibe subvenciones y ayudas públicas de todo tipo desde hace más de un siglo. Las minas ya eran deficitarias en el siglo XIX, de modo que no podían competir con el carbón que entonces procedía de Reino Unido sin la asistencia estatal. Desde entonces, los mineros del carbón constituyen un grupo privilegiado gracias al maná del dinero público, procedente del bolsillo de los contribuyentes. Tanto es así, que ya en 1935, el economista Román Perpiñá Grau aconsejaba abandonar el proteccionismo del carbón nacional debido a su negativo impacto sobre la competitividad económica del país.

Hoy, un siglo después, la viabilidad del sector y la conveniencia o no de las ayudas sigue de actualidad, tras las protestas y marchas protagonizadas por los mineros en contra del recorte en las subvenciones que sigue recibiendo el sector. Pero, ¿por qué el carbón nacional no es rentable? En un amplio informe, el blog Desde el Exilio detalla algunas de las claves de esta ruinosa actividad nacional. A continuación, se reproducen las principales causas.

Razones geológicas

Las minas leonesas y la mayoría de las de Asturias no son rentables por razones geológicas. Es falso que la causa de la menor rentabilidad de las minas españolas se deba a que el carbón extranjero se haga con mano de obra infantil o explotada, sino a la dificultad de las explotaciones, la escasa potencia (ancho) de las capas, su irregularidad o las fracturas de las vetas.

El problema es geológico y, por tanto, no tiene solución. Por un lado, las minas tienen una anchura de la veta (lugar donde se encuentra el carbón) muy estrecha, en torno a los 80 centímetros. Eso hace que cuando se perforan las galerías se extraigan más estériles (rocas inservibles) que mineral; por tanto la productividad de la maquinaria disminuye si la comparamos con otras minas donde las vetas son de dos metros o más; por otro, las vetas en las minas aparecen fracturadas. Eso quiere decir que una veta simplemente desaparece y para continuar la extracción es necesario buscarla nuevamente dado que, al estar fracturada, la continuación de la veta puede estar más arriba o más abajo de donde estaba la original; además, la mayoría de las minas llevan explotándose más de un siglo con lo cual el tajo (lugar de donde se extrae el carbón) está literalmente a kilómetros, a través de galerías subterráneas, de donde se encuentra la salida de la mina.

Aunque durante los últimos 20 años se han ido cerrando las minas menos productivas, las que quedan ahora siguen teniendo unos costes de extracción muy por encima del precio internacional del carbón (algunas incluso lo doblan). Las únicas explotaciones que se acercan a la rentabilidad son las explotaciones a cielo abierto, es decir sin cavar minas, de Cerredo y Tineo en Asturias. Pese a ello, en España no existe ninguna explotación minera que sea competitiva con los precios del mercado internacional.

¿Por qué el carbón extranjero es más barato?

Desde luego, no lo es por los menores costes de la mano de obra, puesto que en Australia y EEUU los salarios de los mineros son mucho más altos que en España. La diferencia es que en esos países las explotaciones son a cielo abierto, los depósitos mucho más grandes, el carbón de más calidad y, además, usan una maquinaria pesada intensiva.

Por poner un ejemplo, en Australia un minero sólo tiene que cargar la pala de su excavadora y verter el carbón en un camión para extraer cinco toneladas de este mineral. Para extraer esa misma cantidad de carbón, un minero español necesita casi media jornada de trabajo. Es decir, lo que a un australiano le lleva diez minutos a un minero español le lleva horas. De ahí que importar carbón extranjero resulte mucho más barato que sacarlo de una mina asturiana.

La mayoría del carbón que importa España procede de Indonesia, Sudáfrica, Colombia y Rusia, pero no es el único. El resto de países europeos también importan carbón de estos países

Escasa calidad

Por otro lado, el carbón español es de baja calidad, con 4.500 termias / tonelada frente a las 6.000 termias / tonelada del australiano, que es el estándar mundial. Es decir una tonelada de carbón extranjero produce el mismo calor que 1,33 toneladas de carbón español. Por ello, sin subvención, el carbón nacional nunca sería el preferido
de las empresas que queman mineral para producir electricidad en las centrales térmicas.

Nula competitividad

Las minas de carbón españolas no son competitivas desde hace más de un siglo. No en vano, a principios del siglo XX ya fue necesario implantar aranceles para impedir que el carbón inglés entrara en España, favoreciendo así la producción del nacional en contra de los intereses del conjunto de consumidores y empresas.

Tras la I Guerra Mundial, la política arancelaria continuó para que la minería del carbón sobreviviese. Durante los años 40 y 50, España estuvo aislada del exterior enfrascada en la autarquía y fue entonces cuando el carbón, a modo de único recurso energético de producción nacional vivió su particular época dorada.

Cuando España abrió sus fronteras al exterior con el Plan de Estabilización de 1959 los empresarios mineros se encontraron progresivamente con que sus explotaciones no podían competir con el carbón importado. Fue entonces cuando el Estado, para impedir el estallido social que podría provocar el cierre masivo de minas, fundó la empresa pública Hunosa (Hulleras del Norte SA), que absorbió las minas privadas asturianas y que, desde entonces, es deficitaria. Hunosa jamás ha tenido beneficios y no ha salido de sus pérdidas perpetuas ni aun después de haber reducido su empleo y capacidad en casi el 94% desde los años 80. Efectivamente, ya a principios de los 80, la compañía efectuó un masivo plan de jubilaciones al reducir hasta los 55 años la edad de retiro, pasando de los 35.000 trabajadores en su época dorada a 26.000. El sector del carbón empleaba por entonces a unas 52.000 personas en total.

Tampoco es un recurso estratégico

El argumento de que es preciso defender con dinero público el carbón por ser un "recurso estratégico" también es falaz. El carbón español se utiliza para producir electricidad quemándolo en centrales térmicas, pero sólo el 7% de la energía eléctrica que se produce en España se genera utilizando carbón español. En cambio, y dependiendo del año hidrológico, la producción de energía eléctrica de origen hidroeléctrico está entre el 11% y el 16% y la de origen eólico supone más del 18%.

De hecho, con unas subvenciones de menos de la mitad de las que se dan al carbón se podría extraer en España uranio capaz de alimentar a todas las centrales nucleares que producen el 21% de la electricidad. Finalmente la energía fotovoltaica y termosolar produce el 3% de la electricidad que se consume en España.

Así, en España se podría producir con recursos de origen autóctono (viento, uranio y agua), y con menos subvenciones que las que recibe el carbón, el 50 % de la electricidad, mientras que con el carbón nacional solo se produce un 7% de la energía eléctrica. (excluyendo la energía solar, puesto que las subvenciones que recibe son mayores aún que las del carbón, y para producir sólo el 3 % de la energía eléctrica que se produce en España).

Además, hay que recordar que la electricidad sólo supone la mitad del consumo de energía en España siendo la otra mitad la gasolina y el gasoil que consume el parque de automóviles, camiones, autobuses, tractores, barcos, aviones y otros vehículos y el gas natural para usos domésticos o industriales.

Importar es más rentable

Por todo ello, España puede conseguir fácilmente el carbón que necesita en el mercado mundial a un precio muy inferior al que cuesta el carbón nacional. No en vano, los 9,5 millones de toneladas de carbón que ahora se producen en España son una insignificancia en comparación con los 700 millones que se comercian en el mundo, los 4.200 millones que se producen o el casi billón de toneladas de reservas mundiales.

Es decir, dejar de producir carbón nacional no influiría lo más mínimo en el precio del volumen de mineral que demanda anualmente España. Una producción de sólo 9 millones de toneladas no puede influir en un mercado de 700 millones de toneladas, en el que participan multitud de países (EEUU, Canadá, Colombia, Rusia, Sudáfrica, Indonesia, Australia) y, además, está en expansión.

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