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Economía y desórdenes públicos

Huelgas, manifestaciones, asaltos a instituciones públicas, todo esto ha pasado a ser el pan nuestro de cada día. Y tiene consecuencias económicas.

Juan Velarde
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Al tomar como base, esencialmente, las medidas de política económica del Gobierno, han aumentado los desórdenes públicos. Huelgas, manifestaciones, asaltos a instituciones públicas, continuos choques con la policía, todo esto ha pasado a ser el pan nuestro de cada día. Y tiene consecuencias económicas.

Lo puso de relieve el gran economista Flores de Lemus. El mecanismo, que explicó en un artículo publicado en Revista Nacional de Economía, era sencillo y lógico. Las inversiones disminuyen en los momentos en que aumentan los desórdenes públicos de alguna significación. Los empresarios no se lanzan a ampliar, o a veces a mantener, su actividad si existen riesgos adicionales derivados de las consecuencias sociopolíticas de estas situaciones. Y la inversa también es cierta. Alababa Flores de Lemus la energía de Maura, que al cortar esas situaciones había aumentado las inversiones donde entonces eran más importantes: el campo andaluz.

Ahora el espectáculo se reitera, y la explicación que se ofrece es la búsqueda de más inversiones para que el empleo crezca. Consideran que las medidas adoptadas de freno al gasto público, el contexto general de la política económica, incluso la defensa del derecho de propiedad de fincas o de empresas, todo ello puede ser alterado bruscamente, para así lograr, dicen, una mejoría en la situación de los que tienen peores condiciones económicas. Cabalmente, es lo contrario. La represión, hasta llegar a la eliminación, de movimientos como el 15-M muestra que las enseñanzas de Flores de Lemus han caído en el rechazo por muchos. Conviene, precisamente para lograr que en estos momentos la economía no se nos vaya de las manos y aumente, entre otras cosas, el desempleo, que esos desórdenes públicos se esfumen. Me atrevo a añadir que repetir la energía, la dureza de Maura no le vendría nada mal a nuestra vida económica.

De ahí que haya que asombrarse ante tantos simplismos, como los derivados de la obra de Stéphane Hessel ¡Indignaos! Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica, porque quienes van a pagar las consecuencias de esa indignación son, cabalmente, los propios indignados y, de paso, aquellos a los que los indignados dicen querer favorecer. El círculo vicioso en el que se introducen es de los típicos: indignación, caída de la inversión, aumento de los problemas de las gentes por el incremento del paro, de nuevo indignación, más caída de la inversión... y así sucesivamente. Y si lo que se pretende es gastar fuertemente por parte del sector público, manteniendo las rigideces del mercado, la implacable ley de Okun nos enseñará lo que la Actualización del Programa de Estabilidad del Reino de España nos dice: que la economía no crecerá al 2% hasta el final de la década y, por tanto, como han indicado muchos economistas españoles, eso supondrá, de acuerdo con lo que se obtiene del planteamiento de Okun, que hasta entonces no se aliviará el paro.

¡Ah! Pero si se aligera el mercado laboral flexibilizándolo, ¿no se logrará antes el aumento del empleo? Naturalmente, pero los indignados acentuarían sus protestas y el mencionado círculo vicioso procuraría impedirlo.

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