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Hollande, el 'desventurado' aliado de Rajoy contra Merkel

El eje franco-alemán, que hoy encarnan Merkel y Hollande en dudosa sintonía, es la historia de un matrimonio de conveniencia. 

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El eje franco-alemán, que hoy encarnan Merkel y Hollande en dudosa sintonía, es la historia de un matrimonio de conveniencia. 
Encuentro entre Hollande y Rajoy | Archivo

Como en anteriores ediciones, el Consejo Europeo de esta semana, o mejor, sus prolegómenos, pasillos y alguna que otra cámara audaz, dejaron al descubierto las tensiones y alianzas que tejen las redes de líderes europeos. España, que en junio contó con la fuerza de Monti para unirse al pulso mediterráneo anti-Merkel, contó esta vez con el apoyo táctico del presidente francés, François Hollande, para hacer valer sus intereses ante la canciller alemana.

Sin embargo, pese a su vocación de valedor del Gobierno Rajoy, el presidente galo no se apuntó ningún tanto, más allá de sus numerosos guiños a la prensa clamando "justicia" para España, o pidiendo herramientas con las que el país sea capaz de "financiarse a intereses más bajos". Fuera de los gestos amistosos, el francés no logró imprimir sus tiempos a las decisiones sobre la unión bancaria, retrasadas por Merkel, según malician distintos analistas, con la vista puesta en las elecciones de septiembre de 2013, aunque ella dice que no ha pensado siquiera en ello. Además, Hollande se vio enredado hasta altas horas de la mañana en un debate sobre la Europa soñada por Berlín (o el club de las cuentas claras), cuando lo que él quería era pedalear sobre las herramientas de solidaridad y despejar con ello el camino para que España reciba ayuda en condiciones favorables.

Por el contrario, los arrestos del gurú del crecimiento -una de las letanías con las que Hollande inaugura cada cita europea- sólo sirvieron para poner nerviosos a los observadores y emitir señales de un rescate inminente. Entretanto, el aludido, el presidente Mariano Rajoy, entraba sin soltar palabra y su equipo se afanaba por insistir en que no se hablaría siquiera de dicha ayuda. El solo hecho de que el presidente francés hubiera pronunciado la palabra España y torpemente la hubiera ligado a los nombres de Monti o Merkel, con los que estaba a punto de entrevistarse, destapó la caja de los truenos.

Pese a la insistencia oficialista de ceñirse a la agenda –un terco documento de 21 puntos que, para desesperación y queja de varias delegaciones nacionales, los líderes tuvieron que repasar hasta la madrugada coma por coma-, el plato más jugoso, el del rescate, estuvo fuera del menú.

Matrimonios de conveniencia

Unos, los más, interpretaron gresca, mientras los servicios diplomáticos del Consejo nos repetían a los reporteros que sobreanalizamos las imágenes. Y lo cierto es que a partir del vídeo que captó a Merkel y Hollande discutiendo con vehemencia, en el que la alemana negaba y el francés ponía cara de póquer, caben muchas interpretaciones. Lo único claro es que si, formalmente, las decisiones cruciales se bendicen en el club de Veintisiete, muchas de sus claves hay que buscarlas en el dúo de poderosos habituales que pilota la UE. Por eso, el eje franco-alemán, que hoy encarnan Merkel y Hollande en dudosa sintonía, es la historia de un matrimonio de conveniencia en el que el pulso por el poder tiene tanto que decir como las miserias humanas.

Desde los "enemigos íntimos" Helmut Kohl y François Miterrand, que llegaron a cogerse de la mano mientras sonaba la Marsellesa en pos de la reconciliación, hasta la pinza anti aznarista de Gerhard Schröeder y Jacques Chirac, pasando por el famoso dúo bautizado con sarna "Merkozy", los gobiernos de París y Berlín están condenados a entenderse pese a las tensiones que han germinado durante décadas a una y otra orilla del Rin.

Por eso, y por el bien de una Europa que sueña con reinventarse en pos de una mayor unión política, fiscal y bancaria, a todos conviene que las cámaras sólo captaran a dos líderes intercambiando pareceres.

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