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"Me tuve que marchar sin un duro y seis botellas de vino en la maleta"

La historia de Diego Pinedo es el relato de un joven español que se resistió hasta el último momento a sucumbir a la crisis y logró prosperar.

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La historia de Diego Pinedo es el relato de un joven español que se resistió hasta el último momento a sucumbir a la crisis y logró prosperar.
Gama de productos de Bodegas Frontaura que comercializa Diego Pinedo en EEUU | DP

Diego Pinedo, un empresario vallisoletano de 30 años, conoce de cerca los estragos de la crisis. Pese a su juventud, los ha sufrido a uno y otro lado del Atlántico.

Diego terminó la carrera en la Universidad de Navarra y arrancó su actividad profesional como comercial en las franquicias de clínicas dentistas de Vitaldent. Desarrolló su actividad en EEUU, hasta que la crisis dio al traste con las aspiraciones de la multinacional y desapareció la franquicia en EEUU. Así, Diego decidió emprender un nuevo negocio con la indemnización que había recibido más un crédito que había podido obtener de algunas entidades financieras norteamericanas. Tenía un nuevo proyecto en mente: asociarse con dos dentistas y abrir una clínica odontológica en la Gran Manzana. Hablamos de agosto de 2008.

Sus socios y él se habían repartido los roles que desempeñarían en el nuevo negocio y habían comprometido la inversión, pero todo se paraliza. El colapso de la actividad financiera norteamericana comienza a hacerse evidente ese mes de agosto y unos días después, el 15 de septiembre quiebra Lehman Brothers, congelando todas las operaciones, incluida la de Diego y su clínica odontológica. "Con todo concedido, el mundo financiero se nos cae encima. Cae Lehman Brothers y los bancos buenos se van al garete".

No le cancelan el crédito, pero se lo congelan. De la noche a la mañana, Diego Pinedo se ve sin negocio y sin dinero. "Si todavía no lo era, aquella experiencia terminó de hacerme un hombre", recuerda Diego. "Me vi sin ingresos y sin ahorros sine die".

La situación era dura y no veía demasiadas alternativas. Los negocios familiares en España tampoco le ofrecen demasiada alternativa, ya que estaban vinculados a la actividad inmobiliaria, pero el golpe es tan fuerte que se tiene que volver a España. "Fue en las Navidades de 2008 a 2009. Las cosas ya están muy mal en aquel momento", recuerda Diego, "pero lo que veo no me gusta. Me veo sin dinero, sin negocio y sin proyecto. Lo único que tenía era un visado para poder trabajar como ejecutivo inversor en EEUU".

Lo que Diego ve en España no le gusta nada. "No había ofertas de trabajo ni nada. Pero además del visado, recuerdo que una prima mía tiene una bodega pequeñita. A la desesperada y sabiendo que tenía que regresar a EEUU para dejar la casa que tenía alquilada, me volví sin un duro y con 6 botellas en la maleta."

El protagonista de este reportaje, Diego Pinedo, en la playa durante uno de sus viajes comerciales en EEUU | DP

Diego pensó que quizá podría introducir un producto nuevo en el mercado norteamericano, claro que "el precio era muy incómodo, porque era un producto caro en un mal momento". Apenas veía expectativas, pero "mis arrestos y yo empezamos a funcionar: conseguimos legalizar la marca, monté la importadora, conseguimos legalizar las etiquetas y empezamos a vender".

El primer año, en 2009, Diego Pinedo vendió 800 botellas de vino denominación de origen Toro, Rueda y Ribera del Duero bajo la marca Bodegas Frontaura; en 2010, fueron 23.900 botellas; en 2011, 53.000; y esperan alcanzar las 70.000 en 2012.

Diego Pinedo sirviendo un vino en una feria en EEUU | DP

"Estamos vendiendo en 24 estados vinos de Toro, de Rueda y de Ribera del Duero, de la misma bodega pequeñita, que sobrevive -entre otras cosas- gracias a EEUU".

Diego extrae, de su historia de éxito, una conclusión: "Cuando haces algo 24 horas al día con todo lo que tienes, o te sale o tienes que volver a casa, así que más vale que intentes que te salga". Y eso que "mi acuerdo original con la bodega fue que no iba a cobrar hasta que consiguiera poner en marcha la marca y la venta".

Diego Pinedo pasó "cuatro meses sufriendo" y tardó otros cuatro meses poner en marcha la marca de Bodegas Frontaura para comercializar el vino. Ahora trabaja en 24 estados de EEUU y sigue necesitando gente y contratando gente, para lo que mantiene una política muy particular: "Soy de Valladolid y todos los comerciales que me he traído son de Valladolid, incluso alguno de Simancas, mi propio pueblo". Lo único que les exige: "Ganas de trabajar y, por supuesto, saber inglés".

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