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Clases, capitalismo y egoísmo

El capitalismo no solo no está basado en la división en clases y el egoísmo individual o grupal, sino que en él ambos están contraindicados.

Carlos Rodríguez Braun
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Juan José Tamayo aplaudió al filósofo Carlos Paris porque éste se opone al egoísmo, y esa benévola actitud

le lleva a concluir la inferioridad del capitalismo y de todas las sociedades basadas en la división de clases y guiadas por el egoísmo individual o grupal.

El mercado no promueve el egoísmo. Así define el egoísmo el DRAE: "Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás". En el mercado, incurrir en ese defecto tiene graves consecuencias. El capitalismo consiste en prestar atención a los demás, porque en el mercado nadie está obligado a comprar lo que ofrecen los capitalistas, que deberán persuadir a los demás de que les conviene contratarlos o adquirir sus bienes o servicios.

El capitalismo, por tanto, no solo no está basado en la división en clases y el egoísmo individual o grupal, sino que esa división y ese egoísmo están contraindicados. Cualquier persona o grupo que quiera separarse de o ignorar a los demás se ve perjudicado. Cualquier individuo o grupo que promueva su propio interés a costa del prójimo es automáticamente castigado por él, que, como tiene libertad, elegirá a otros individuos u otros grupos para comprar o vender lo que desea.

Por lo tanto, recurrir a la atención al prójimo para demostrar la inferioridad del capitalismo es un disparate.

Ahora bien, existe un sistema que sí lleva a la división en clases, y que sí promueve el egoísmo individual o grupal. Ese sistema es el contrario a la economía libre. Se trata del socialismo, el sistema opuesto al capitalismo y al mercado. Si no hay capitalismo y no hay mercado, entonces sí puede sostenerse que la sociedad se basa en la división de clases. Al no haber mercado, los ciudadanos no deciden libremente su trabajo, sus compras y sus ventas: es el poder el que decide por ellos. En ese caso cada individuo o grupo deja de estar interesado en atender a los demás: sólo procura atender al poder, para promover su propio interés a expensas de los demás, obligándolos a comprar, a vender, a pagar, etc. Es un mundo realmente clasista, realmente egoísta. Sin embargo, algunos autodenominados progresistas deberán concluir que, paradójicamente, es un sistema superior.

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