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La claudicación de un ministro

Soria ha declarado que antes del verano tendrá lista la reforma energética. Parece deseable para todos que esa reforma la planifique otro.

GEES
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Escribía Philip Dick que la realidad es lo que no desaparece cuando uno deja de creer en ello. El titular de Industria, José Manuel Soria, debe de estar experimentando en sus propias carnes toda la crudeza de esta sentencia tan acertada. Tras un año de autobombo y autoengaño, desde su ministerio han admitido por fin que su reforma energética no ha servido de nada, que el déficit de tarifa eléctrico está desbocado y que no son capaces de contenerlo. Nada que no le hubiéramos advertido de forma reiterada desde esta columna, donde creemos más acertada aún la célebre cita de Antonio Machado: peor que ver la realidad negra, es el no verla.

Con el problema heredado del déficit tarifario desbocado, Soria comenzaba la legislatura con buenas intenciones y eliminaba el registro de preasignaciones del régimen especial, desincentivando así la instalación de nuevas centrales eléctricas de este tipo, sobre todo renovables. En realidad, esto no sería suficiente porque no se recortaban las primas que reciben estas tecnologías ni se pinchaba la nueva burbuja que se estaba formando en el sistema eléctrico: la de la energía termosolar. Posteriormente tomó una serie de medidas con afán únicamente recaudatorio, por las que pagaban justos por pecadores y cargaba con impuestos inasumibles a las centrales más eficientes para pagar los desvaríos económicos de las más ineficientes.

Todo esto, como decimos, no sirvió para nada. Los nuevos impuestos únicamente recaudarán más dinero para el Estado, pero no servirán para reducir el déficit de tarifa. Las centrales más competitivas han dejado de serlo, mientras que las más ineficientes seguirán recibiendo miles de millones de euros en primas. La electricidad seguirá subiendo; nuestra industria, perdiendo competitividad; el desempleo, aumentando; el consumo eléctrico, cayendo y el déficit tarifario, creciendo. Se tratará, en resumidas cuentas, del fracaso absoluto de una Administración que lleva un año mareando la perdiz y a la opinión pública.

Ahora, casi con nocturnidad y alevosía, publican en el BOE su derrota. En el Real Decreto-Ley de 31 de diciembre para Empleados de Hogar incluyen una serie de medidas para el sector eléctrico que son el colofón al cúmulo de errores encadenados en estos doce meses. Tanto por las formas –lo cuelan en una legislación de la Seguridad Social– como por el fondo, se trata de un gran fracaso. Tras llevar meses escuchando al ministro Soria declarar que sus medidas conducirían al cumplimiento de la ley, que establecía un límite en el déficit de tarifa de 1.500 millones de euros para el año 2012, resulta que ese objetivo ya no se va a cumplir. Nosotros lo sabíamos y así lo publicamos en innumerables ocasiones.

Parece ser, sin embargo, que no hay mejor forma de cumplir los objetivos que cambiar las leyes que los fijan cuando sabes que no los vas a cumplir. Es lo que han hecho al eliminar el límite de déficit tarifario y dejarlo sin tope, lo cual no es más que otra receta para el desastre. Algo similar hizo el PSOE en su momento. Este ministro ha demostrado que sus iniciativas son incapaces de solucionar el problema. Los frutos son el cierre de una de las centrales más competitivas del país –la de Garoña–, una electricidad más cara y un déficit de tarifa desbocado.

Esta incapacidad ya ha sido plasmada en el BOE, tal vez sea hora de asumirlo en lo personal y pensar en la retirada. Soria ha declarado que antes del verano tendrá lista la reforma energética. Francamente, parece deseable para todos que esa reforma la planifique otro.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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