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Probable recuperación económica europea

El ridículo de Hollande, su escaso reconocimiento popular y su nula influencia en Europa, aleja el riesgo de regresar a políticas de izquierdas.

GEES
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La prima de riesgo baja, las bolsas suben, las empresas españolas encuentran financiación... Si Estados Unidos abandonara las chaladuras del Obamismo desbocado –la última, acuñar una moneda de un billón de dólares– y Monti quisiera meterse en política, podría afirmarse que la economía occidental, singularmente la europea, va por buen camino.

Principal precedente positivo ha sido el hundimiento de la alternativa socialista francesa a la preponderancia alemana. El Constitucional francés rechazó, sin necesidad de mencionar su confiscatoriedad, el tipo impositivo del 75%, ya lastrado por los menos de 1.500 afectados y acaso 200 millones de ingresos previstos, los constantes cambios en su vigencia (dos años primero, luego hasta 2017, por fin, hasta cuando termine la crisis). El Gobierno desató su rabia contra Depardieu y los "ricos" pero era el ministro del presupuesto el posesor de cuentas evadidas. Los empresarios seguían soliviantados y la popularidad del presidente por los suelos. Resultado: Francia eliminada del eje franco-alemán.

Pero es que hasta el año y pico mal contado de control del déficit, impropiamente tildado por la izquierda mediáticamente dominante como austeridad, empezó a rendir frutos. En Irlanda desde luego, que asume la presidencia europea, e incluso en la Italia del 126% de deuda sobre el PIB. Así que el partido popular europeo, temiendo el regreso de Berlusconi y la izquierda que parte como favorita, pidió expresamente a Monti a finales de 2012 que se presentara a la carrera de primer ministro. Será por eso, o no, pero el caso es que Monti ha presentado una Agenda, imaginativamente bautizada Agenda Monti, radicalmente centrista.

Monti, que no hizo nada muy distinto a los demás –reformar pensiones y subir impuestos–, pretende que sea asimilada por los varios partidos que alcanzarán representación parlamentaria en febrero. Tal extremismo centrista corre el riesgo de no distinguir la buena consolidación fiscal de la mala. La primera implica, Draghi dixit, bajos impuestos y reducidos gastos estatales dedicados preferentemente a inversión. Eludir la responsabilidad financiera y la promoción de mercados más libres menos regulados volvería a generar la odiosa incertidumbre que casi hunde 2012.

También lo cree el ministro fundamental del Gabinete Monti, Corrado Passera. "Se ha perdido una gran ocasión. Se necesitaba un programa más valiente, un cambio más
radical". "Debe ser clara la decisión de no aumentar los impuestos", añade. El peligro es claro. La posible victoria de Bersani, candidato de izquierda. 

No obstante, viendo el ridículo de Hollande, su escaso reconocimiento popular y su nula influencia en Europa, el riesgo de regresar a políticas de izquierdas no parece tan grande. Por ello, de momento, bolsas y tipos de los bonos reaccionan bien. Entienden que la recuperación en Europa es tan directamente proporcional al poder alemán como al grado de declive, esperemos que final, de la socialdemocracia europea típicamente representada en el incapaz Hollande.

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