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Seguros de vida, ¿qué opciones tenemos?

Los seguros de vida permanentes son los más comunes, combinan la protección con un pequeño ahorro.

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Los seguros de vida permanentes son los más comunes, combinan la protección con un pequeño ahorro.
Madre e hija contemplan su ordenador. | Corbis

Dentro de los seguros de vida existen diferentes alternativas, contratarlos por un tiempo determinado, contratarlo para toda la vida o incluso elegir aquel que nos ofrezca un plus de rentabilidad. ¿Existe alguna ventaja entre contratar uno y otro? ¿Qué diferencias existen? ¿Podemos conseguir ahorro además de protección?

El seguro temporal y permanente son los tipos generales de seguros de vida que existen en el mercado y su principal diferencia es el tiempo de protección que ofrecen. El seguro de vida temporal ofrece una protección por un plazo de tiempo determinado que puede ir desde los 10 hasta los 30 años. El seguro de vida permanente ofrece protección de por vida. Esta protección no cambia el hecho de que, cuando el titular de la póliza fallezca, los beneficiarios recibirán el pago correspondiente, pero el valor en efectivo no se acumulará con el producto.

Lo más habitual es que los seguros de vida temporales se contraten cuando existe una necesidad económica determinada como una hipoteca, por ejemplo, en la que necesitamos una cobertura para un tiempo concreto, pero incluso cuando no estamos ante un préstamo hipotecario, podría resultar más rentable que uno permanente.

Su contratación, también es más barata que en el caso de un seguro permanente, y pueden ser renovados una vez llegado su vencimiento o incluso reconvertirlo en un seguro de vida permanente. Hay que tener en cuenta que, la prima del seguro aumentará proporcionalmente con la edad.

Los seguros de vida permanentes son los más comunes, porque la diferencia con el seguro temporal, es que en caso de fallecimiento del titular, el seguro permanente se paga inmediatamente después de su fallecimiento. En cambio, en el seguro temporal se pagará si el fallecimiento tiene lugar antes de finalizar la póliza, en caso de superar el periodo establecido por contrato, el seguro no pagará nada. Dicho de otra manera, la póliza del temporal sólo dará beneficios si el asegurado fallece antes de la vigencia del seguro.

Además, los seguros permanentes combinan la protección con un pequeño ahorro, ya que además de la cantidad que corresponde al seguro de vida, recibimos un dinero asociado al beneficio obtenido por la compañía aseguradora durante todo esos años.

Pero si analizamos los dos frente a la oferta de ahorro e inversión de otros productos, a nuestro bolsillo le interesa más el seguro de vida temporal. Las cuotas son mucho menores que las de un seguro de vida permanente y, con lo que nos ahorramos incluso podemos invertirlo en otros productos de ahorro que nos den más rentabilidad a medio-largo plazo y con las mismas (o mejores) garantías.

El seguro de vida-ahorro

Uno de los productos financieros que más se están comercializando en estos últimos años son los seguros de ahorro, un producto financiero que nos permite obtener una rentabilidad por nuestro dinero, con interesantes ventajas fiscales y que, además, vienen acompañados por un seguro de vida. Estos seguros de ahorro, también se les conoce como seguro de jubilación o plan de ahorro asegurado, son contratos en los que se asegura un capital y una determinada rentabilidad con un plazo establecido y este capital poderlo utilizar para financiar algo concreto: un viaje, la compra de un coche o nuestra jubilación.

Este tipo de seguros de vida con ahorro, están pensados para los clientes más conservadores, donde el capital estará garantizado, pero las rentabilidades serán bajas (entre el 2 y el 4 por ciento). Aunque las entidades y las aseguradoras que lo comercializan ofrecen la posibilidad de realizar aportaciones parciales de acuerdo con las posibilidades de sus clientes, rescatar el dinero de manera anticipada o realizar préstamos a cuenta o anticipos, existen una serie de condiciones que restan cierto interés al producto. Por ejemplo, si deseamos disponer del dinero antes del vencimiento, la rentabilidad y las garantías del producto podrán cambiar y verse reducidas.

Parece que, visto así, un seguro de vida-ahorro es como un depósito bancario al que se ha asociado un seguro de vida. La mecánica es parecida pero no son depósitos bancarios. Aunque nos ofrezca una rentabilidad que pueda ser equiparable a la de una imposición a plazo fijo, nuestra inversión no está respaldada por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD). Cuando la entidad emisora nos diga que nuestro capital estará garantizado, será bajo la garantía de solvencia y estabilidad de la propia entidad pero no la del organismo del FGD. La precaución que debemos tomar en este caso es la de conocer si la entidad donde contratamos este seguro cuenta con la suficiente solvencia.

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