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De Guindos niega su apoyo al nuevo capitán de los Gobiernos del euro

El ministro español se mostró disconforme con el que finalmente resultó elegido presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.

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El ministro De Guindos, pensativo.

El malestar de España por haber perdido peso en los puestos claves del ajedrez institucional llevó al ministro Luis De Guindos a votar en contra del único nombre que había sobre la mesa: el holandés Jeroen Dijsselbloem, un casi desconocido del que sus colegas destacan su inexperiencia, pero que luce en su pasaporte los honores de la triple A de su país. El desplante español impidió un nombramiento por unanimidad, pero, en palabras de Juncker, "no tendrá consecuencias dramáticas".

"No es el candidato favorito, es el único", puntualizaba con acidez el ministro francés, Pierre Moscovici, al inicio de la reunión. También distante con el que horas más tarde sería designado presidente del Eurogrupo en sustitución de Jean Claude Juncker, el ministro De Guindos no se comprometía ni siquiera a votar a su favor. "Primero escucharemos sus propuestas", matizaba.

La frialdad española, que horas más tarde le llevaría a votar en contra del holandés –"sin explicaciones", según el interesado-, podría explicarse por lo molesto que está el Gobierno desde que perdió su silla en el consejo de Gobierno del Banco Central Europeo. Al fin y al cabo, este nuevo nombramiento a favor de un país del denominado núcleo duro del euro viene a confirmar la pérdida de peso de España en las altas esferas internacionales. Sin embargo, Dijsselbloem, al que De Guindos le negó un nombramiento por unanimidad, insistió en que la máxima calificación crediticia no es requisito para acceder a altos puestos en las instituciones europeas. "Si seguimos marcando una línea divisoria entre países triple A y no triple A, no avanzaremos", clamaba el holandés.

Cena con el presidente del Eurogrupo

El ministro De Guindos, que cenó la semana pasada con el ya nuevo presidente del Eurogrupo, optó por pedirle que represente "a todos los países", y no se limite a hacer de portavoz del bloque de países ricos.

Mientras que un presidente holandés para el Eurogrupo es leído en Bruselas en clave de rigor y ortodoxia, Dijsselbloem, laborista, procede, a su vez, de un contexto político que podría reequilibrar las fuerzas de un Eurogrupo dominado por la Alemania de Merkel.

Tras años de vértigo, rescates y estrepitosas caídas de Gobiernos, el relevo de la presidencia del Eurogrupo se produjo en un momento de inusitada calma y entre brindis de champán, una estampa relajada poco acostumbrada en tiempos de tensas negociaciones y luchas contra el reloj para proteger la pervivencia del euro.

Un adiós entre aplausos

Impertinente o carismático, según el gusto, Jean Claude Juncker ha campado por los pasillos del Consejo con la espontaneidad que caracterizó su mandato. Amigo de adjetivos grandilocuentes y de apretar las tuercas a países en dificultades, Juncker ha llevado la batuta del Eurogrupo con un arrojo que no gustaba en todas las capitales.

Desde aquella insólita instantánea agarrando por el pescuezo a De Guindos, hasta la encendida defensa que hizo de su amigo Dominique Strauss Khan, pasando por varios desahogos jocosos con la prensa de madrugada (como decir en plena guerra de Libia que tenía que marcharse porque le esperaba Ghadafi), son muchas las estampas para el recuerdo que deja la presidencia más convulsa desde la creación del euro.

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