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Europa exige reformar las tres políticas 'intocables' del mercado laboral

Olli Rehn pide públicamente a De Guindos que se completen las reformas para acabar con el paro juvenil y el empleo de larga duración.

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Los hombres de negro pasaron el lunes por Madrid. No venían solos, acompañaban a Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos. Tampoco se les vio demasiado, apenas 4-5 tipos trajeados que se sentaron en primera fila durante la rueda de prensa que el finlandés ofreció junto a Luis de Guindos. Seguramente, hubo unos cuantos más que ni siquiera aparecieron ante los medios. De hecho, a pesar de la leyenda que les rodea, son simplemente funcionarios europeos que acuden a cada país a revisar sus cuentas, ver el estado de su economía y ofrecer sus consejos de cara al futuro.

Para todos los estados de la UE, lo que digan los enviados de Bruselas es relevante, pero los países intervenidos (y España, en la práctica, lo es) tienen, además, la obligación de hacerles caso, o al menos de que parezca que se lo hacen. Por eso es tan importante y han causado tanto revuelo las palabras de Rehn, que, delante de De Guindos, repitió en varias ocasiones que España tenía que mantener el ritmo de las reformas.

Es más, el finlandés fue especialmente enfático en el tema del mercado laboral, sobre el que dijo que es "fundamental" completar los cambios en la legislación iniciados hace un año. De hecho, el comisario señaló dos campos en los que hay un claro margen de mejora: el paro juvenil, las políticas activas de empleo y los mecanismos de ayuda a los desempleados. Los datos de la última EPA confirman la opinión casi unánime de los expertos: hay que hacer algo en estas tres cuestiones. Pero ningún gobierno se ha atrevido a tomar cartas en el asunto: son los intocables de la legislación laboral española.

La generación perdida

Uno de los mejores análisis de las cifras del paro lo ofrece cada trimestre el Observatorio Laboral de la Crisis que publica Fedea. En este informe se divide a los parados en función de diversas variables que ayudan a explicar las dinámicas del mercado laboral español más allá de los datos absolutos. Y, aunque no es ninguna novedad, lo primero que salta a la vista es que el grupo de los jóvenes (los menores de 25 años) es sin ninguna duda el más castigado.

Los nacidos entre el año 1985 y 1995 corren el riesgo de convertirse en una auténtica generación perdida. Están comenzando su carrera laboral en plena crisis, no logran más que encadenar contratos temporales mal pagados y sin ninguna continuidad, y, como consecuencia, no consiguen los conocimientos que el mercado laboral demanda y valora. Con estos elementos, no es extraño que entre los menores de 25 años la tasa de paro sea del 55%. No es que el resto de los grupos esté bien, pero si España consiguiese reducir el desempleo juvenil, su tasa total no estaría demasiado lejos de la de algunos de sus vecinos.

El problema es que, como podemos ver en el tres primer gráfico, los jóvenes son los empleados que más posibilidades tienen de quedar en paro: un 19% de los menores de 25 años pierde su empleo, frente a un 3,2% de los que están entre 45 y 59 años. Esto es lógico: sólo el 1,7% de los que tienen un contrato indefinido perdió su trabajo de octubre a diciembre, algo que le ocurrió al 22,6% de los temporales (algo que afecta sobre todo a los menores de 35 años).

En teoría, los jóvenes al menos deberían tener una ventaja. Como no están anclados a un sector o un tipo de puesto, la teoría dice que tendrían que tener más fácil el acceso al mercado laboral. Pues ni eso. Según vemos, el porcentaje de menores de 25 años que consigue un empleo es similar al de otros grupos de edad. De hecho, en las conclusiones, los autores del informe apuntan a que, para dos trabajadores en una situación similar pero que sólo se diferencian por su edad, "los otros grupos de edad muestran una probabilidad de acceder a un empleo aproximadamente dos veces mayor que la de los trabajadores muy jóvenes".

La mayoría de los expertos (incluido organismos internacionales como la OCDE) apuestan por cambios en la legislación que acabe con la dualidad del mercado laboral, que tanto penaliza a los jóvenes. Rehn no dijo nada en concreto sobre esto, pero no sería la primera vez que la UE apunta en esta dirección. Una de las soluciones más demandadas es la del contrato único (con indemnización creciente o con la misma indemnización para todos), combinado con un empuje a la contratación a tiempo parcial, con fórmulas como los minijobs.

El Gobierno hasta ahora se ha negado y la presión sindical en sentido contrario es muy fuerte. Y la reforma laboral no ha cambiado demasiado en este sentido: el 92% de los contratos que se firman siguen siendo temporales, un porcentaje muy similar al de antes de su aprobación.

¿Subsidio sí, subsidio no?

Al menos, pensarán algunos, la cuestión del paro juvenil está en la agenda política y se habla de ellos día sí y día también en los medios. Porque las otras dos cuestiones que tocó (de pasada, eso es cierto) Olli Rehn casi no encuentran un hueco en el debate público. El finlandés habló de "políticas de ayuda que faciliten el acceso" al empleo a los desempleados o que les aporten "formación" que les sirva para encontrar un trabajo.

De esta manera, ponía el dedo en la llaga que todos los políticos evitan: el papel de los servicios públicos de empleo y de las políticas de ayuda a los parados. De nuevo, si volvemos al análisis de Fedea, las cifras son significativas. Como puede verse en el próximo gráfico, la probabilidad de encontrar un trabajo se desploma de forma dramática a partir del tercer mes.

No sólo eso. El cobro de una prestación también es un impedimento para volver al mercado laboral. Según los datos de este informe, "al comparar a dos individuos de características similares, incluso con la misma duración en el desempleo, aquel que no cobra subsidio tiene el doble de probabilidad de encontrar empleo que uno que lo percibe".

Los expertos alertan desde hace tiempo acerca de los pésimos incentivos del actual subsidio de desempleo. No es una cuestión de duración ni de cuantía. En otros países en los que la protección teórica es más elevada, en realidad el mercado laboral es mucho más flexible. En Dinamarca, por ejemplo, el subsidio de desempleo cubre el mismo tiempo que en España (se recortó en 2010, antes la duración máxima era de cuatro años), pero su cuantía es superior. A pesar de esto, su tasa de paro incluso en plena crisis no se ha alejado mucho del 5% y el porcentaje de desempleados que encuentra un empleo es muy elevado. ¿La clave? Muchos apuntan a su modelo de flexiseguridad: proteger al trabajador y no el puesto de trabajo. Es relativamente fácil perder el empleo, pero también lo es encontrar uno nuevo. Además, el cobro del subsidio está muy ligado a la búsqueda de un empleo y a la formación real. Y las causas para rechazar un empleo y seguir cobrando la prestación están muy tasadas. Nada de eso está por ahora sobre la mesa del Consejo de Ministros.

Formación

La última de las propuestas de Rehn tiene que ver con la formación de los parados, algo en lo que también España está a años luz de los países de su entorno. Las políticas activas de empleo no funcionan. Los famosos cursillos del paro de los Servicios Públicos consiguen muy pocos resultados, más aún si tenemos en cuenta que son uno de los grandes capítulos de los Presupuestos. Antes de la crisis, se destinaban a esta cuestión más de 8.000 millones de euros al año.

De nuevo, el planteamiento en España es completamente diferente del que existe en el norte de Europa. En nuestros vecinos de la UE las empresas tienen un papel clave en la formación de los parados. Además, las ETT colaboran con los servicios públicos de empleo en la búsqueda de nuevos trabajos y en la labor de recolocación de los desempleados. La petición de Rehn fue muy genérica, pero desde Bruselas en varias ocasiones se ha apuntado en esta dirección, hasta ahora sin casi ningún éxito.

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