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Juan Velarde

El problema británico

La decadencia británica es preocupante, no en vano el Reino Unido es uno de nuestros principales importadores.

Juan Velarde
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Desde finales del siglo XVIII, Gran Bretaña se convirtió en el país de desarrollo industrial por excelencia. Por otro lado, la City londinense se transformó en el gran mercado financiero internacional. Las decisiones de Londres pasaban –recordemos lo sucedido con motivo de la polémica Churchill-Keynes (hubo otros protagonistas, pero estos fueron los más visibles) en torno al patrón oro– a tener una trascendencia mundial inmediata. Incluso tras el golpe durísimo recibido en la II Guerra Mundial, la polémica White-Keynes se encuentra en las raíces de los acuerdos de Bretton Woods. Estados Unidos tenía un papel esencial, pero no era en absoluto despreciable, el de la libra esterlina.

Luego llegó el fenómeno europeo. En un principio, Gran Bretaña trató de escabullirse a través de la creación de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), pero pronto observó las ventajas creadas por la Comunidad Económica Europea y negoció su incorporación a la misma.

Parecía que con el Reino Unido había que contar siempre, pero poco a poco los datos macroeconómicos señalan que aquella vieja prioridad se va desmoronando. Por supuesto que no se trata de un país sometido a una crisis como la italiana o la griega, pero se parece cada vez más a lo que sucede en Francia.

A lo largo de 2012 el PIB británico no experimentó alza ninguna. Habría que añadir que caída tampoco, a diferencia de lo ocurrido en Francia (-0'3%). En cambio, en el pasado ejercicio Alemania o los países escandinavos crecieron. En diciembre de 2012 la producción industrial caía en una tasa anual del 1’7%, y el paro rondaba el 8%. Especialmente preocupante es el saldo negativo, de 75.300 millones de dólares, de la balanza por cuenta corriente en los doce meses que concluyen en septiembre de 2012, y muy especialmente el déficit presupuestario, que parece situarse en el 8’3% del PIB en ese mismo año.

Planteamientos nuevos, como la creación de un área de comercio libre Unión Europea-Estados Unidos, resultarían ventajosos para el Reino Unido. También cabe destacar que su desarrollo científico y tecnológico es alto. Y la City desempeña un papel no menor, precisamente. Pero la decadencia es visible, y salir de procesos de ese tipo no es fácil. Por cierto, y a efectos españoles, todo esto no dejaría de repercutir en Gibraltar, como sucedería si se alterasen a fondo las vinculaciones con la Unión Europea. El resultado es preocupante para todos, porque, sin ir más lejos, uno de los mayores clientes de las importaciones españolas es Gran Bretaña.

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