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Bruselas anuncia todo un marcaje para que Chipre pague su rescate

Barroso augura un "shock" a la economía chipriota, que exige reformar por completo.

Consciente de la que se le viene encima a Chipre para cumplir con su parte del trato –todo "un shock económico", en palabras del presidente Barroso, que obligará al pequeño país a hacer limpieza profunda en su sector financiero-, Bruselas ha celebrado el rescate con mano tendida para ayudar a implementarlo y la advertencia de que vigilarán de cerca al último socio en poner en jaque a toda la zona euro.

Desde las declaraciones satisfechas de ministros como el alemán Wolfgang Schäuble o el español Luis de Guindos, hasta las llamadas de premura por parte del presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, a implementar "cuanto antes" el acuerdo alcanzado entre Bruselas y Nicosia, todas las reacciones de Bruselas al rescate denotan un alivio vigilante.

Tras una semana de despropósitos en la que el Eurogrupo encadenó decisiones contradictorias entre sí y encendió las alarmas proponiendo castigar con una quita parcial a los pequeños ahorradores con depósitos inferiores a los 100.000 euros, la zona euro no acaba de creerse que ha sorteado el epicentro del terremoto. "Estuvimos muy cerca de la bancarrota", admitió el presidente de la Comisión Europea. Durao Barroso habló abiertamente en rueda de prensa de que se rozó la quiebra desordenada para recordar que quedan por delante "retos inmensos".

Para empezar, a cambio de recibir los vitales 10.000 millones de euros en que la troika fijó su rescate, si quiere recuperarse, Chipre tendrá que reinventar su economía. Sobre todo, deberá poner en orden su caótico sector financiero, severamente criticado desde Bruselas y Berlín por "su estructura y enorme tamaño", y que tanto propició abusos que lo convirtieron, como ironizó el ministro francés Pierre Moscovici, en el "casino del Mediterráneo".

Preparando el golpe

Que no será fácil para Chipre y que al país le espera un "futuro difícil por delante" ya no es ningún secreto en unas instituciones europeas que hoy han querido preparar los golpes que se avecinan ("shock económico" en la expresión de Barroso) anunciando un plan para ayudar al país a "aliviar las consecuencias sociales".

Sin embargo, la generosidad de Bruselas esconde también cierto tufo a desconfianza, habida cuenta de que, como resaltó el ministro alemán, Wolfgang Schäuble, antes de dejar Bruselas, "la ayuda sólo tendrá sentido si se eliminan las causas de la crisis".

Para ello, Chipre tendrá que someterse, en primer lugar, a una auditoría que vigile el lavado de dinero. Además, un grupo de trabajo hará un marcaje a Chipre, para que lleve a cabo la reestructuración que se le pide y sacrifique a sus dos grandes bancos, cerrando el segundo en tamaño y limpiando el Banco de Chipre, gracias, en parte, a la contribución de sus propios ahorradores, aquellos con depósitos superiores a 100.000 euros que, según el acuerdo de rescate, tendrán que soportar una severa quita (aún por concretar).

El grupo de trabajo que supervisará el comisario Ollie Rehn desde Bruselas, tendrá también varios expertos sobre el terreno, además de los habituales miembros de la troika que vigilan habitualmente los países rescatados y que el ministro Montoro bautizó como los "hombres de negro". Así pues, Bruselas no escatimará en medios para vigilar a Chipre de cerca.

Más dura que su ministro, y siempre en línea con sus habituales guiños a su electorado, la canciller Merkel reiteró en una conferencia que "los contribuyentes no tienen por qué rescatar, y no lo harán, a los bancos chipriotas". 

Aún quedan lagunas en cómo se tejió un acuerdo –de nuevo, de madrugada y con la soga al cuello-, puesto que las voces oficiales apuntan a una "total aceptación" de las condiciones por parte del Gobierno chipriota, que ya no tendrá que pelear por la luz verde de su parlamento, y algunas fuentes, recogidas por la prensa del país mediterráneo, aseguran que se vivió un pulso tenso en el que el presidente incluso amenazó con dimitir. 

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