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Dos años de 15-M: de la 'indignación' a la revolución anticapitalista

Los indignados forman un movimiento antisistema organizado, contrario al capitalismo y a la democracia representativa, que llama a la “rebelión”.

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Los indignados forman un movimiento antisistema organizado, contrario al capitalismo y a la democracia representativa, que llama a la “rebelión”.
Uno de los muchos lemas anticapitalistas que pregona el 15-M | Archivo

Este miércoles se cumple el segundo aniversario del nacimiento del 15-M, un movimiento que concentró a miles de personas en la Puerta del Sol de Madrid durante semanas y que protagonizó manifestaciones en las calles de múltiples provincias españolas en señal de protesta contra la difícil situación económica que ya por entonces sufría el país. En un principio, los llamados indignados se presentaron al mundo huérfanos de etiquetas partidistas e ideológicas y con el único fin de exigir un cambio, al tiempo que mostraban su rechazo expreso al conjunto de la clase política bajo el lema "No nos representan".

La ausencia inicial de demandas concretas a los poderes públicos, más allá de la exigencia de "¡Democracia real Ya!", generó un ambiente de simpatía generalizada a nivel social, político y mediático hacia este brote de indignación que surgió de forma espontánea y descentralizada a través de internet. Sin embargo, en realidad, la ideología del movimiento 15-M empezó a definirse casi de inmediato. No en vano, todo movimiento, por definición, precisa de cierta organización interna y un determinado objetivo a perseguir para que tenga sentido y, por tanto, sobreviva.

El 15-M no es una excepción. Desde su mismo inicio, los indignados adoptaron un sistema, el de la democracia asamblearia, para organizarse y, de este modo, muy pronto comenzaron a elaborar medidas políticas muy concretas e incluso manifiestos programáticos contra la crisis. Pocas horas después de okupar Sol, la línea ideológica del movimiento era más que evidente, ya que muchas de sus propuestas eran un calco del programa económico de Izquierda Unida (IU): más impuestos, más gasto público, más poder político y expropiaciones eran ya por entonces el común denominador del 15-M. De hecho, Alberto Garzón, uno de sus activistas más visibles y conocidos, ocupa hoy un escaño en el Parlamento en representación de IU.

Dos años después, el perfil político de los indignados sigue siendo igual de claro y transparente: el anticapitalismo es la esencia del 15-M. El movimiento, englobado en ¡Democracia real YA!, protagoniza una oleada de actos y manifestaciones este mes de mayo para conmemorar el segundo aniversario de su nacimiento con tres mensajes clave: “De la indignación a la rebelión”, “No al genocidio financiero” y “Escrache al sistema”. El 15-M es, simplemente, un grupo organizado de antisistemas, contrario al capitalismo y al actual modelo de democracia representativa.

En estos dos años, sus ideales no han cambiado y, aunque en las últimas semanas han surgido rumores acerca de la posibilidad de constituirse formalmente como partido político, de momento rechazan esta opción.

El programa oficial del 15-M

Su manifiesto oficial gira en torno a los siguientes principios:

1. “Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas”. El término libertad brilla por su ausencia.

2. “Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz”. Es decir, el Estado debe proveer esos “derechos” fundamentales.

3. “El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad”. El sistema vigente (capitalismo y democracia representativa) no funciona y, por tanto, hay que cambiarlo, de ahí el término antisistema.

4. “La democracia parte del pueblo, así que el gobierno debe ser del pueblo”. Defienden la instauración de una democracia directa o asamblearia frente al actual modelo, en el que el pueblo ejerce su soberanía de forma delegada a través de la representación parlamentaria.

5. “El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso”. El capitalismo es malo y perverso, alegan. “La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices”.

6. “Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo". Este discurso forma parte de la tradicional lucha de clases que pregonan los antisistema y el comunismo.

7. "Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro”. En resumen, la solución consiste, por tanto, en acabar con el sistema económico y político vigente mediante una “revolución” pacífica.

Este conjunto de ideas están plasmadas en un listado de medidas concretas, muy similares a las que propone IU, entre las cuales destacan las siguientes:

  • Empleo: reducir la jornada laboral para repartir la carga de trabajo hasta reducir de forma drástica el paro; prohibir los despidos a las empresas que registren beneficios; asignar un subsidio de 426 euros para todos los parados de larga duración.
  • Vivienda: expropiación de viviendas vacías para destinarlas a alquiler social; ayudas públicas al alquiler para jóvenes y rentas bajas; aprobar la dación en pago con carácter retroactivo para cancelar las hipotecas.
  • Servicios públicos: reforzar educación y sanidad mediante la contratación de más empleados públicos; aplicación efectiva de la Ley de Dependencia, etc.
  • Banca: constituir una banca pública “bajo control social”.
  • Impuestos: elevar la fiscalidad a bancos y grandes fortunas; eliminar las Sicav; implantar la Tasa Tobin; perseguir el fraude fiscal, etc.
  • Gasto público: la única partida que debe sufrir recortes es Defensa.
  • Sistema político: celebrar referéndums “obligatorios y vinculantes para las cuestiones de gran calado que modifican las condiciones de vida de los ciudadanos”, así como para aplicar las medidas dictadas desde la Unión Europea.

Un ‘San Isidro indignado’

Como muestra específica de su anticapitalismo, la vertiente madrileña del 15-M ha cel3brado este miércoles en la capital su propio San Isidro indignado para reclamar “un Madrid sin redadas ni identificaciones, sin desahucios, sin Eurovegas, sin represión ni multas, sin violencia patriarcal, sin dictadura de los mercados, sin cámaras de vigilancia, sin corrupción, sin precariedad vital, sin opresión episcopal". Su principal lema, “por un Madrid que proteja la vida de las personas y de la naturaleza antes que a los mercados”.

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