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Europa podría perder 65.000 millones al año por culpa de los artistas franceses

La excepción cultural, principal escollo en las negociaciones entre Washington y Bruselas sobre el comercio transatlántico.

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La excepción cultural, principal escollo en las negociaciones entre Washington y Bruselas sobre el comercio transatlántico.

El acuerdo comercial más importante de la historia está cerca de embarrancar. Y todavía no se han iniciado las conversaciones. Este viernes es la fecha prevista para que la Comisión Europea reciba el encargo de los gobiernos de los 27 para que inicie las negociaciones con el Gobierno de EEUU. En el horizonte, aparece el que ya se conoce como Tafta (Transatlantic Free Trade Area): un acuerdo entre Bruselas y Washington que crearía la mayor área de libre comercio del planeta. Pero las dificultades han comenzado antes incluso de empezar. El cine francés, de nuevo, ha dicho "Non".

La importancia que podría tener el Tafta para las economías europea y americana no debe ser infravalorada. Es muy difícil calcular con precisión cuánto podría ganarse con un acuerdo de este tipo, pero todos los analistas coinciden en que estamos hablando de cifras muy relevantes. Por ejemplo, la OCDE cree que un tratado como éste podría generar un aumento permanente de los ingresos per cápita de entre el 3 y el 3,5%. Un estudio del Centro Europeo para la Política Económica Internacional (ECIPE) habla de unas ganancias potenciales de hasta 64.000 millones de euros para la UE y de unos 61.000 millones para EEUU.

Estamos hablando de un beneficio potencial de 125.000 millones de euros al año. Suponiendo que España suma el 8% del PIB de la UE, hablamos de unos 6.000 millones para nuestro país. Y saldría gratis. No hay que invertir nada. En teoría, basta con que Barack Obama y Herman Van Rompuy (o quien sea que esté encargado de esto en la UE) firmen el tratado y las empresas de ambos lados del Atlántico se pongan a comerciar. Como expresaba Jaime García-Legaz, secretario de Estado de Comercio, en la presentación del estudio que ha realizado junto a Joseph Quinlan para FAES: "Ésta es una oportunidad histórica" que ni Europa ni EEUU pueden permitirse que fracase.

L'exception culturelle

Desde el principio, estaba claro que este panorama idílico estaría en peligro por culpa de los intereses creados. Los grupos de presión, a ambos lados del Atlántico, presionarán para que no se apruebe un acuerdo que, aunque beneficiará a las dos economías en su conjunto, podría perjudicar a los productores menos eficientes.

El problema con este tipo de tratados es que los beneficiarios (fundamentalmente los consumidores) están muy dispersos y muchas veces ni siquiera saben que lo son. Mientras, los perjudicados (una fábrica en Europa o EEUU que tiene que cerrar por ser menos productiva que su competidor al otro lado del charco) son muy visibles y harán lo que puedan para convencer a su Gobierno de que les proteja, con los argumentos habituales: defender los productos nacionales, invasión extranjera, competencia desleal,…

Pero por encima de todo, una amenaza planea sobre todo el proceso: la famosa exception culturelle francesa. Como si de la irreductible aldea de Asterix y Obelix se tratase, el cine galo (abanderando al sector artístico) se ha levantado en armas.

Hollande contra todos

En realidad, la negociación todavía no ha comenzado. En teoría el viernes es el pistoletazo de salida. La idea era que la Comisión y el Gobierno norteamericano comenzasen el diálogo sin ninguna exclusión previa. Esto no quiere decir que no vaya a haber, al final, muchas cláusulas que limiten el alcance del tratado. Pero se pretendía que el proceso comenzara con el menor número posible de limitaciones.

Pues bien, la amenaza francesa pende incluso sobre este paso previo. El primer ministro galo, Jean-Marc Ayrault, y su ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, han hecho declaraciones este miércoles afirmando que Francia no dudará en ejercer su derecho de veto si no se atiende a las demandas para proteger el interés cultural europeo. Eso sí, en esto François Hollande está solo. Todos los demás gobiernos de la UE están de acuerdo en iniciar la negociación cuanto antes. Probablemente este primer escollo se superará; pero, aunque se da por hecho que las conversaciones comenzarán de una manera u otra, está muy presente el miedo a que esta cuestión envenene todo el proceso.

En España, la posición del Gobierno de Mariano Rajoy es de completo apoyo a la Comisión. La Secretaría de Estado de García-Legaz abandera el proceso, junto con sus homólogos británico y alemán. Su intención es "ponerlo todo encima de la mesa", incluso aunque luego, a lo largo de las negociaciones, se recuperen determinadas "líneas rojas". Pero la idea es "dar un mandato" a la Comisión "sin hacer excepciones antes de tiempo".

Un tema sensible

Llegados a este punto, podría haber quien piense que la solución es excluir todos los temas culturales del acuerdo. Al fin y al cabo, tampoco la importancia económica del sector es muy grande y, sin embargo, es una cuestión muy simbólica y en la que los interesados tienen un enorme poder de convocatoria.

Lo que ocurre es que para la parte americana es un tema muy sensible. El peso en el PIB norteamericano de la industria del arte es muy relevante, no sólo por lo que hace referencia a los bienes culturales estrictamente hablando, sino a las múltiples reverberaciones de este sector sobre el resto de la economía: turismo, ocio, propiedad intelectual,…

En el país norteamericano, trabajan en esta industria 2,25 millones de personas. Y en campos relacionados, como el sector editorial o el educativo, hay casi 7 millones más. Por no hablar del turismo asociado. En términos de PIB y sólo con las actividades directas, hablamos del 5% de la riqueza estadounidense, unos 700.000 millones de dólares (o medio billón de euros).

Con estos datos encima de la mesa, desde el lado europeo, la cuestión no es tanto si excluir la cultura o no. Al final, ni siquiera hablamos de todas las artes. Casi todos los conflictos se concentran en el cine. El problema es que una cuestión tan menor como ésta (al menos en términos económicos) puede llevarse por delante el conjunto del acuerdo.

Este martes, José Manuel Durao Barroso recibía a una delegación de los cineastas europeos, en parte para convencerles de que abran un poco la mano y en parte para asegurarles que mantendrán sus privilegios. El presidente de la Comisión Europea les aseguró que su institución está "de parte de la cultura" pero les ha pedido al mismo tiempo que no se llegue a la "exclusión total de lo audiovisual del mandato de la negociación".

Y en un documento oficial, Bruselas ha afirmado que es "sensible" a estas peticiones y que en el tratado no se verán afectados "ninguno de los mecanismos existentes en la UE o en los estados miembros para la promoción" de la cultura europea, lo que incluye "todos los tipos de subsidios que puedan percibir". El cine francés, como un nuevo Asterix, también parece haber bebido de la pócima de la invencibilidad.

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