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Los países bálticos enseñan a Rajoy cómo reducir la 'grasa' del Estado

El gasto público en Estonia, Letonia y Lituania se hundió hasta 8 puntos del PIB en sólo dos años. Hoy son los países que más crecen de toda Europa.

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El gasto público en Estonia, Letonia y Lituania se hundió hasta 8 puntos del PIB en sólo dos años. Hoy son los países que más crecen de toda Europa.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy | Archivo

La reforma de las Administraciones Públicas anunciada por el Gobierno el pasado viernes apenas supondrá una reducción de gasto de 6.500 millones de euros hasta 2015. Y eso, como máximo, siempre y cuando se apliquen las 217 medidas propuestas por la Comisión constituida al efecto, ya que muchas (120) dependerán de la voluntad de las comunidades autónomas. Esto significa, como mucho, un recorte de apenas el 0,4% anual sobre el gasto público total. De hecho, el informe, lejos de recomendar una profunda reestructuración del sector público, defiende que el tamaño del Estado español es reducido en comparación con otros países de la UE, en línea con la tesis que defiende el Ejecutivo en las últimas semanas, dando así por concluido, prácticamente, el ajuste de la Administración.

Los datos oficiales, sin embargo, desmontan el pretendido "adelgazamiento" del sector público, que, entre otros aspectos, ha registrado el mayor crecimiento de la UE-27 desde el año 2000 y sigue gastando cerca de 40.000 millones de euros más que en 2007, en plena burbuja inmobiliaria, una vez descontado incluso el impacto del rescate bancario. Pero la ausencia de austeridad es todavía más significativa si se compara con la drástica reestructuración llevada cabo por los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania). Sus economías también sufrieron una durísima crisis tras el estallido de la burbuja crediticia, pero, a diferencia de España, hace casi dos años que se recuperaron.

¿La receta? Reformas estructurales para mejorar su competitividad y sólidas medidas de austeridad pública. Los resultados de esta estrategia saltan a la vista: España sigue registrando un déficit superior al 10% del PIB (incluyendo las ayudas financieras), mientras que los bálticos ya rozan el límite que fija el Pacto de Estabilidad (3% del PIB). En este sentido, cabe señalar que Letonia y Lituania presentaban en 2009 un descuadre fiscal muy similar al español, y la economía letona precisó incluso un rescate internacional para evitar el colapso de sus sistema financiero. Y ello, sin posibilidad de poder devaluar sus monedas, ya que su tipo de cambio estaba fijado al euro.

Esta distinta evolución se explica al observar el gasto público. Tras el estallido de la crisis financiera internacional, el gasto público se disparó como consecuencia de la recesión y el apoyo público a entidades financieras, llegando a alcanza un nivel récord en 2009. Sin embargo, desde entonces, mientras que en Estonia, Letonia y Lituania el gasto se ha desplomado entre 5 y 8 puntos del PIB, en España se mantuvo más o menos estable durante la crisis e incluso ha repuntado tras el rescate de las cajas.

La recaudación fiscal en España, por el contrario, se ha hundido casi 5 puntos del PIB desde 2007, mientras que en los países bálticos la caída de ingresos ha sido más suave respecto a los niveles máximos (entre 1 y 3 puntos).

Por último, las economías bálticas presentan una recuperación en forma de V frente al estancamiento que ha registrado España en el último lustro. Hoy por hoy, Estonia, Letonia y Lituania lideran el crecimiento de la UE.

El ajuste de Letonia

La rápida reducción del déficit público y estas elevadas tasas de crecimiento no se lograron a base de posponer reformas ni, mucho menos, mantener el gasto público o elevar los impuestos sino todo lo contrario, tal y como evidencia, por ejemplo, el caso de Letonia. Tal y como recoge Diego Sánchez de la Cruz, en apenas un año, las agencias gubernamentales pasaron de 76 a 25; el número de funcionarios se redujo un 30%, y se fijó que su número no excediera el 8% de la población activa (en España es el 17%); se recortó de forma sustancial el salario medio de los empleados públicos para equipararlo al del sector privado; se decretó el cierre del 12% de las escuelas, estableciendo además un sistema que incentiva la eficiencia y la calidad en vez del volumen de recursos empleados; también hubo recortes en Sanidad, que pasó de tener 7,6 camas a 5,32 por cada 1.000 habitantes; el gasto militar pasó del 6,38% del al 3,39%; se reformó el sistema público de pensiones, etc.

La siguiente tabla, elaborada por Jorge Valín, resume la reestructuración del sector público en España y Letonia en la última década, observándose claramente cómo en el caso español el tamaño del Estado no ha dejado de crecer, a excepción de los últimos dos años, mientras que el Estado letón ya casi ha regresado a niveles propios del año 2000.

El proceso de consolidación fiscal se concentró entre 2009 y 2010, con un ajuste total equivalente a 13,5 puntos del PIB, centrados mayoritariamente en recortar gastos (8,6 puntos).

Como resultado, Letonia ha logrado estabilizar su nivel de deuda pública, al contrario que España, donde no ha dejado de crecer.

En este sentido, a diferencia de lo que propugna la mayoría de gobiernos europeos y algunos destacados economistas, el impacto de la austeridad sobre el crecimiento de Letonia, lejos de ser catastrófico, ha permitido que su PIB roce ya los máximos históricos alcanzados a principios de 2008 (recuperación en V), mientras que en el caso de España, por el contrario, el PIB presenta una forma de L (estancamiento económico), con la divergente evolución que ello ha implicado también a nivel de desempleo.

Además, esta positiva evolución del PIB se ha visto impulsada por un programa de reformas estructurales destinado a liberalizar la economía. Letonia eliminó de forma sustancial trabas y trámites regulatorios y en ningún caso impidió el ajuste de los precios inmobiliarios, que llegaron a caer hasta un 70%. No por casualidad, Letonia, junto a Estonia y Lituania, se sitúan entre las 30 economías más libres del planeta, muy por delante de España (puesto 44), según el último índice Doing Business que elabora el banco Mundial.

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