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Juan Velarde

El proteccionismo, ese fantasma

En el último año se han adoptado en el mundo 431 decisiones proteccionistas, y están programadas 183 más.

Desde David Ricardo y su teoría de los costes comparativos, por un lado, y, por otro, desde Federico List y su sistema nacional de economía política hasta –en tiempos más modernos– las cuestiones de la tarifa óptima, con defensores tan destacados como Raldon o Samuelson, frente a quienes alzaron sus argumentos Haberler o Hagen, la cuestión del proteccionismo está en primera fila de modo continuo. En España, recordemos entre los argumentos de los proteccionistas más recientes los de Gual Villalbí; en el lado opuesto estaría un Perpiñá Grau. Voluntariamente se ha escogido a dos economistas catalanes.

Todo esto no es ya historia pasada. En estos momentos, leamos el último y reciente informe anual Global Trade Alert del Centre for Economic Policy Research, fuertemente antiproteccionista. Pero al mismo tiempo contemplemos el choque, que puede ser muy violento, de la cuestión de los paneles solares chinos, y, en otro sentido, el planteamiento que parece buscarse de un área de libre comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos, país que, a su vez, ha montado ese mismo sistema con México y Canadá.

No se crea que todo esto es un simple discurso verbal. Según el documento del Centre for Economic Policy Research, en el último año se han adoptado en el mundo 431 decisiones proteccionistas, y están programadas 183 más. Al glosarlas en su artículo "Le protectionisme progresse partout dans le monde", por Richard Hiault comentaba: "Ningún país concreto puede ser dejado de señalar, excepción hecha de los países pobres, por haber recurrido a esta medida de política económica". Nada menos que el 30% de las medidas protectoras corresponden a los opulentos países del G-8, y el 65% a los del G-20.

La crisis es el punto de apoyo de la palanca protectora. Naturalmente, apetece comenzar a analizar, como hizo Kindleberger, la relación entre esto y el aumento de la situación de crisis medida en descensos mundiales del PIB. En el fondo existe larvado un populismo –"No podemos permitirnos que nuestras empresas decaigan"– que se generaliza. Se dirá que ahí está la Organización Mundial de Comercio para impedir esta evolución. Existen huecos en los reglamentos que son aprovechados por esta oleada proteccionista que fastidia ya claramente a los países más pobres, aunque, al final, todos saldrán perjudicados, aunque de momento no lo parezca.

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