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La estrategia contra el déficit

Para poder bajar impuestos hay que recortar el gasto. Hacienda dice que no hay margen, pero sí que lo hay, y de sobra.

Emilio J. González
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El déficit del Estado alcanzó en junio el 3,8%, prácticamente el objetivo para el conjunto del año. ¿Qué va a hacer el Gobierno a partir de ahora para que la evolución de las cuentas públicas no se le vaya de las manos en lo que queda de ejercicio? Me temo que, fundamentalmente, confiar en que las cosas mejoren a partir de ahora. De hecho, el secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre, habló este martes de un cambio de ciclo y una importante inflexión en la evolución de la economía. Es decir, que confía en que las cosas vayan mejor y que eso se traduzca en un incremento de la recaudación tributaria que reduzca el desequilibrio de las cuentas estatales. Por su parte, el Banco de España, en su último boletín mensual, indica que, a partir de ahora, deberían de empezar a surtir efecto, en forma de mayores ingresos fiscales, las medidas impositivas adoptadas por el Ejecutivo. En consecuencia, si al final se cumple todo esto, a partir de ahora el déficit del Estado debería empezar a reducirse o, cuando menos, a quedarse en los niveles alcanzados el mes pasado. Por supuesto, que nadie piense en recortes del gasto público porque Hacienda acaba de decir que apenas queda margen para aplicarlos si no es mediante nuevos recortes de las prestaciones sociales. Por desgracia, esta estrategia para cuadrar las cuentas del Gobierno puede acarrear a medio plazo más problemas que los que se pretenden resolver con ella.

El quid de la cuestión reside en el crecimiento económico. La única forma de empezar a reducir los altísimos niveles de desempleo que padece nuestro país es con una actividad productiva dinámica, que crezca, como mínimo, a tasas del 1,5%. La cuestión es cómo conseguir esos ritmos. El Gobierno confía mucho en el sector exterior y, en efecto, las empresas españolas están haciendo muchos esfuerzos para exportar, fundamentalmente porque si no lo hacen corren el riesgo de desaparecer. Por desgracia, no va a bastar con ello, a causa de dos razones fundamentales: por un lado, la desaceleración de la economía mundial, en especial de los BRIC –Brasil, Rusia, India y China–, es una realidad; por otro, tampoco hay en España tanta empresa que pueda comercializar sus productos y servicios en el exterior. Esta vía, en consecuencia, no parece conducir muy lejos, lo que obliga a posar la vista en el interior y aquí las cosas no van mejor porque no circula el crédito y porque el consumo apenas puede crecer con tanto paro, tanta reducción salarial, tanto endeudamiento y tanta subida de impuestos. En consecuencia, ese cambio de ciclo que pronostica Jiménez Latorre solo será posible si el Gobierno toma nuevas medidas en materia de reforma laboral y de déficit público para poder bajar los impuestos. En lo primero ya está la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que ha hablado ya de ‘ajustes técnicos’. Pero queda lo segundo.

Para poder bajar impuestos hay que recortar el gasto. Hacienda dice que no hay margen, pero sí que lo hay, y de sobra, siempre y cuando se empiece a meter mano a tanto organismo y tanta empresa pública que solo sirven para colocar a los amigos, familiares y del partido. En otras palabras, hay que recortar el empleo público por esa vía porque, de lo contrario, la economía no crecerá, no creará empleo y no aumentará la recaudación tributaria.

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