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Pablo Molina

El milagro de Fátima

La ministra Báñez no pretende que nos ocupemos de nuestra vejez, que para eso ya está ella.

Pablo Molina
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La ministra Báñez no pretende que nos ocupemos de nuestra vejez, que para eso ya está ella.

La ministra Báñez asegura haber conseguido la clave para garantizar las pensiones futuras, prodigio que con tanta insistencia han venido persiguiendo sus predecesores, por supuesto en vano. Todos excepto el gran Pedro Solbes, que la primera vez que arruinó al país tiró de liberalismo y aconsejó a los españoles suscribir un plan de pensiones privado porque el felipismo había dejado la caja vacía. Después volvió al cargo (y a la carga) con Zapatero y repitió la hazaña de destrozar la economía patria en un tiempo récord, algo sólo al alcance de los elegidos con el resultado que estamos viendo.

Fátima Báñez no pretende que nos ocupemos de nuestra vejez, que para eso ya está ella. Simplemente se ha arrogado la facultad de establecer cuánto se revalorizarán las pensiones futuras en función de una serie compleja de variables que, al fin y a la postre, dejan en manos del ministro de turno la decisión de subirlas o no, según su particular criterio.

El establecimiento de un suelo del 0,25% anual no es precisamente un argumento tranquilizador, puesto que con ese incremento la pérdida de poder adquisitivo está asegurada. A cambio eleva el tope de revalorización hasta el IPC más ese mismo porcentaje, que es un elemento muy útil para el partido en el gobierno con idea de llevarlo a la práctica en año electoral.

Y así llegamos a la otra pata de este primer milagro de Fátima, el "factor de sostenibilidad", que según la ministra consistirá en que "la cuantía de la pensión se module en función del tiempo que se vaya a recibir". ¿Hará el gobierno un estudio genético a las familias caracterizadas por su longevidad para penalizar las pensiones de sus miembros, o la decisión se va a tomar en función de criterios estadísticos más amplios? El asunto es peliagudo porque, con una población cada vez más envejecida, un mercado de trabajo demencial y la economía desplomada, añadir al sistema de pensiones una corrección en función de los años de vida suena, como mínimo, inquietante. Sobre todo porque después de los populares es presumible, Dios nos asista, que vuelvan los socialistas al poder, y esos son capaces de establecer por ley la eutanasia obligatoria a una determinada edad. Empecemos a rezar.

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