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Escocia perdería más del 80% de sus ventas al Reino Unido si se independiza

Un informe del Tesoro asegura que el efecto frontera perjudicará la economía de la región y limitará los movimientos de personas y capital.

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¿Por qué es más probable que una empresa de Gerona venda en Cádiz que en Toulouse? ¿O una de Toronto en Vancouver que en Chicago? ¿O una de Edimburgo en Londres que en Estocolmo? En teoría, no tiene mucha lógica. Todas estas zonas son espacios de libre comercio, en los que bienes, servicios, personas y capital se pueden mover sin restricciones. Y sin embargo, al final, existe una barrera invisible que separa a compañías y clientes. Es lo que los expertos llaman el "efecto frontera", un fenómeno que provoca que las relaciones económicas entre dos países sean muy inferiores a las que deberían ser.

A unos meses del referéndum que decidirá el futuro de Escocia, el Gobierno británico presentaba esta semana un detallado estudio sobre el tema. Y sus conclusiones son demoledoras: si gana el "Sí", la economía del conjunto del Reino Unido sufrirá. Disminuirán las relaciones entre empresas, habrá menos movilidad laboral y se reducirán las inversiones. Probablemente el comercio sea el que más note el efecto: más del 80% del intercambio entre Escocia y el resto del país se perdería. Y sería la región independentista la que más sufriría.

El Departamento del Tesoro británico ha realizado varios informes sobre el impacto económico que tendría la independencia escocesa. Evidentemente, podría decirse que es juez y parte, porque está interesado en hacer más atractivo el "No". Pero el trabajo es completo y está apoyado en cifras y datos conocidos. Probablemente, los partidarios de la secesión responderán con sus propios estudios, pero es significativa la diferencia con el caso español, en el que es la Generalidad catalana y los partidos nacionalistas los que han tomado la iniciativa, presentando cifras de balanzas fiscales y supuestos expolios por parte del resto del país, sin que los partidos de ámbito nacional ni el Gobierno de la Nación responda.

El 'efecto frontera'

La parte más interesante del estudio quizás sea la que trata del llamado efecto frontera. Este fenómeno es muy difícil de medir. ¿Cómo se sabe lo que una compañía vendería a otra si estuvieran en el mismo país? ¿O si dos empresas con una larga relación dejarían de ser cliente y proveedor si sus regiones se separasen? En España, Convivencia Cívica Catalana (CCC) realizó un detallado análisis de la cuestión, comparando las cifras de venta de su región con el mediodía francés, frente al resto de España. Su conclusión: la independencia pondría en riesgo hasta el 20% del PIB catalán.

En el caso escoces, la situación es similar. En 2011, la región exportó cerca de 36.000 millones de libras (unos 42.600 millones de euros) en bienes y servicios al resto del Reino Unido, que es su principal mercado, al igual que las 16 autonomías restantes son el mayor cliente exterior de Cataluña.

Los autores del informe recurren principalmente a dos casos, para calcular los efectos de la secesión: Checoslovaquia y EEUU-Canada. Los dos grandes países norteamericanos tienen una cultura similar, un larguísimo historial de convivencia pacífica, hablan el mismo idioma, dos de las economías más diversificadas del mundo y comparten un área de libre comercio. La lógica diría que no tendría que haber muchas diferencias en las ventas que una empresa de Toronto haga en Nueva York (el estado más cercano de EEUU) o en Montreal. Y resulta que sí las hay. Hasta un 44%.

En el caso del país centroeuropeo, tras la independencia, los intercambios entre empresas checas y eslovacas cayeron dramáticamente: de representar el 22% y el 42% de sus exportaciones respectivas al 8% y 13% en apenas una década. Y este descenso no se vio compensado por un incremento en sus ventas al resto del mundo que crecieron, como es lógico tras la caída del comunismo, pero no más que en Polonia, Hungría o Eslovaquia.

Los cálculos de los autores hablan de una caída de hasta un 83% en los próximos 30 años, con un impacto del 0,15% anual y una pérdida de poder adquisitivo para los consumidores escoceses de más de tres puntos (ya que tendrían que comprar bienes menos competitivos por falta de acceso al mercado británico).

Los nacionalistas escoceses, como los catalanes, intentan siempre mitigar el lógico miedo de sus empresarios a un desplome de la facturación de sus principales clientes que en su gran mayoría están radicados en el resto de España. Dos compañías no van a dejar una relación provechosa al día siguiente de la independencia. Puede que no, ¿o sí? El efecto frontera tiene muchas razones y muy lógicas: desde la psicológica hasta la incertidumbre legal que supone negociar en otro Estado, el desconocimiento del mercado, las dificultades para hacer campañas publicitarias o comerciales, etc...

Por no hablar del posible riesgo de tipo de cambio. Tanto el Gobierno escocés como el catalán dan por hecho que seguirán en la libra y el euro tras la independencia, pero no es ni mucho menos seguro que esto sea cierto. Tendrán que negociar (y mucho) para mantener su actual moneda o arriesgarse a presentarse ante los inversores con una nueva y poco fiable divisa.

No sólo comercio

El informe no se queda en el aspecto comercial. También analiza los flujos de capital y de fuerza laboral interfronterizos. En el primer caso, advierte de que más de medio millón de británicos vive ahora mismo en Escocia, que a su vez tiene a 700.000 emigrantes en el resto del Reino Unido. ¿En qué situación quedarían en caso de independencia? En este sentido, el informe apunta a que las más de 40.000 personas que cada año migran a ambos lados de la frontera anglo-escocesa, pasarían menos de 10.000 si triunfase el "Sí".

En lo que tiene que ver con los capitales, se reproduciría el caso comentado para el comercio, pero con un apunte extra, el referido a las empresas del resto del mundo. Según una encuesta recogida por el Tesoro inglés, "el 84% de los inversores internacionales citan la estabilidad política como el segundo aspecto más importante" que tienen en cuenta a la hora de poner su dinero en un país. Y no sólo eso. El tamaño del mercado británico también es "enormemente influyente" a la hora de determinar el destino de sus inversiones.

Del mismo modo, una Escocia independiente se vería expuesta a los riesgos de cualquier país de su tamaño también en lo que hace referencia a las cuentas públicas. Gran Bretaña lo ha pasado mal en los últimos años, pero han mantenido el tipo entre otras cosas por su capacidad para equilibrar ingresos y gastos públicos, gracias a sus múltiples vías de financiación. En este sentido, un déficit tendría consecuencias mucho más inmediatas desde el punto de vista de los mercados en una Escocia de 5,1 millones de habitantes, frente a los más de 60 del Reino Unido.

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