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Pedro Mielgo identifica los disparates del sistema energético español

Déficit "estratosférico", exceso normativo e impuestos altísimos son algunos de los disparates que identifica Pedro Mielgo en una entrevista a LD.

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Déficit "estratosférico", exceso normativo e impuestos altísimos son algunos de los disparates que identifica Pedro Mielgo en una entrevista a LD.
Pedro Mielgo, expresidente de Red Eléctrica, uno de los mayores expertos en el sistema energético español | Foto: COIIM

Hace unas semanas, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) presentó su Propuesta para una estrategia energética nacional 2013. Una actualización sobre el trabajo presentado en 2011, que incluye la puesta al día en el análisis de diferentes sectores y cifras de demanda, resultado de la evolución de la crisis económica en España y su impacto en un sector tan elemental para la economía española, como el industrial.

El coordinador de este trabajo, Pedro Mielgo, es uno de los mayores expertos en energía de nuestro país. Fue presidente de Red Eléctrica y actualmente es miembro de los consejos de administración de varias empresas españolas y extranjeras. Pese a su apretada agenda, Mielgo pudo sacar un hueco para atender a Libertad Digital y analizar la situación que vive hoy día nuestro sistema energético, los retos a los que se enfrenta y el camino más seguro para alcanzarlos.

Según decía a Libertad Digital, en la Propuesta para una estrategia energética nacional, FAES advierte de que "es necesario disponer de una estrategia energética nacional que no sólo cumpla con los objetivos clásicos sino que piense que las decisiones de política energética produzcan el mejor impacto posible en la industria nacional". Además, recuerda que "la estrategia debe de ser flexible y adaptarse a los cambios de escenario macroeconómico global".

Libertad Digital: Algunos medios publican esta semana que el Gobierno no tiene intención de frenar el alza de la luz en los próximos 15 años. Esto podría suponer que el déficit de tarifa sería sufragado en buena parte por los consumidores. ¿Qué hay de cierto o de preocupante en esto?

Pedro Mielgo: Yo creo que eso, con las medidas que se han tomado, no es exactamente así. Los 25.000 millones de déficit y el déficit futuro se han atajado reduciendo esa carga entre todos, entre los consumidores, las empresas convencionales, los nuevos generadores de renovables y con una pequeña contribución del Gobierno vía Presupuestos Generales del Estado. Dicho esto, es verdad que el déficit acumulado es algo que era una deuda acumulada. Si esa deuda no la absorbe ninguna de las partes en todo, o en parte, hay que pagarla. Es decir, la parte que no se considere que no está absorbida por esas medidas tomadas, hay que acabar pagándola. ¿Cómo? Pues como estamos pagando ya una parte, la parte titulizada se está pagando en forma de anualidades que figuran ya como parte del recibo de la luz. Todo ello distribuido a lo largo de 15 años como se está haciendo, significa que habrá un aumento de la luz seguramente en lo que corresponda no a toda esa cantidad, pero a una parte sí. La luz sube por este motivo y por otros. Sube porque hay que pagar las deudas acumuladas que no se hayan absorbido y puede subir también si suben los componentes de costes subyacentes. Es decir, si sube el precio del petróleo, del carbón o del gas, que son los combustibles que se usan en una parte de la generación, pues tendrá que subir la luz. Si bajan, al menos el componente de energía tiene que bajar.

LD: Hablemos de la Propuesta para una Estrategia Energética Nacional que han publicado en FAES. En este informe se aboga por suprimir las primas a las renovables. Pero, ¿cómo es posible alcanzar este objetivo sin dañar la seguridad jurídica?

PM: Cuando hablamos de eliminar las primas a las renovables hablamos siempre del futuro. Los proyectos que se empezaron hace cinco, diez o quince años con estas tecnologías se enfrentaban con unos costes determinados. Esos costes, con las curvas de aprendizaje de cada una de esas tecnologías, se han ido reduciendo y de hecho, hoy día sería factible hacer, por ejemplo, proyectos eólicos que compitieran con el precio mayorista de la electricidad, es decir que no necesitaran de primas. Esta tendencia de reducción de costes es algo que se ha dado históricamente en todas las otras tecnologías y creemos que ahora ya está, si no hay llegado, está muy próximo el punto en el que estas tecnologías nuevas puedan prescindir de las primas. Por lo tanto, para proyectos nuevos creemos que hay que empezar a fomentar los que no necesitan primas. Y los que aún las necesitan, sería bueno esperar un poco hasta que reduzcan más sus costes y definitivamente no las necesiten. Hay países donde ya, con los precios mayoristas de la electricidad, no sólo la energía eólica, sino también la fotovoltaica, podrían prescindir de las primas hoy día.

LD: En este escenario, ¿cuál sería el mix energético para España?

PM: Hay que tener en cuenta diferentes consideraciones. Evidentemente el coste es una. Uno puede elegir opciones que sean muy caras. En este caso estaría afectando al bolsillo de los consumidores y a la competitividad de las empresas aunque cumpla otros objetivos, como evitar la dependencia de los combustibles externos o contribuir a cubrir los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero. Pero la otra consideración muy importante es que en el mix cada energía tiene un papel. Hay energías que tienen un papel de base, es decir, que dan solidez a la generación eléctrica para que resista a perturbaciones externas y hay otras energías que no tienen esas características. La seguridad de la operación del sistema, es decir que no haya apagones totales o parciales o locales, depende de que tengamos una combinación adecuada de tecnologías. Por eso, ya se han escrito algunos estudios muy serios, creemos que tiene que haber un equilibrio entre las tecnologías renovables- intermitentes no gestionables y, además, sin grandes máquinas de energía que dan solidez al sistema- y las otras. Es decir, debía haber equilibrio entre nuclear, carbón e hidráulica por un lado, gas por otro y renovables por otro. ¿En qué proporciones, un tercio, un tercio, un tercio? Pues no necesariamente, pero podría parecerse a ese esquema.

LD: En su análisis, hablan de la introducción de medidas liberalizadoras en el sistema de precios de energía. ¿Es posible?

PM: Ya sabemos que algunas propuestas que hacemos no son factibles de forma inmediata o son factibles sólo en parte. Esta puede ser una de ellas, pero qué duda cabe que liberalizar los precios, todos los precios de la energía, es algo que debería acabar redundando en una mayor transparencia en los mercados y en beneficio para los consumidores, por un lado, y en competencia para los productores, por otro. De alguna manera se beneficiaría todo el mundo de esa liberalización. Hay mercados que todavía no se han liberalizado, por ejemplo, el de la bombona de butano, hay una competencia artificial porque hay precios regulados. Hay una liberalización parcial en cuanto a los precios de la electricidad porque una parte muy importante de los consumidores, unos 24 o 25 millones de los 27,5 millones de consumidores de electricidad, tiene derecho a acogerse a una tarifa de último recurso, que está bien, pero que deja muy poco margen para la competencia, como todo el mundo sabe. Es decir, que hay mucho camino que recorrer, pero nosotros lo que hacemos siempre son orientaciones a largo plazo. Y a largo plazo son objetivos deseables.

LD: También proponen recuperar el vigor de la nuclear y la instalación de nuevas plantas en España. ¿Qué encaje tiene esta propuesta en la estrategia del Gobierno?

PM: El Gobierno se ha manifestado en varias ocasiones en el sentido de que no es contrario a la energía nuclear. Otra cosa es que sea más o menos favorable al incremento de su participación en el mix. Pero lo cierto es que la energía nuclear en España tiene varias virtudes. En primer lugar, no es cara. Es una energía barata, no es cara. Eso lo sabe todo el mundo. Es barata por mucho que se quiera hablar de otras cosas. En segundo lugar, es una energía que tiene un papel muy importante en la seguridad de operación del sistema. En tercer lugar es una energía que no cuenta como dependencia del exterior en cuanto a combustibles, porque el combustible nuclear, aunque hemos cerrado minas de uranio, tenemos minas disponibles y además participamos en el capital de algunas empresas que se dedican al ciclo de combustible nuclear en España o fuera de España. Es decir, que tiene unas virtudes importantes. Por otra parte, es una energía limpia, no produce gases de efecto invernadero, así que parece lógico contar con ella. Nosotros no decimos que sea fácil, porque hay una sensibilidad social y un activismo antinuclear que siguen presentes, pero siempre hemos pensado que hay un problema importante de información para que la aceptación social esté fundamentada. Por eso le dedicamos un capítulo en el libro a la aceptación social de la energía en general, y en este terreno hay mucho trabajo que hacer. Pensamos que a largo plazo, como mínimo debería mantenerse el peso que tiene la energía nuclear actualmente en el mix energético, que no es tanto, no llega al 25%, pero como mínimo debería mantenerse ese peso.

LD: Se proponen soluciones al exceso de producción normativa en el sistema energético. ¿Cree que el Gobierno podrá caminar por esa senda de reducción de decretos y leyes en el sistema?

PM: Desde que se publicó la Ley del Sector Eléctrico en 1997, hasta finales de 2011 en el que empieza el intento de reforma actual en el que estamos inmersos, se produjeron una cantidad inmensa de disposiciones. Si sumamos lo que son leyes o modificaciones legislativas, reales decretos leyes, reales decretos, órdenes, resoluciones y circulares de la CNE, el equivalente es que se ha publicado una disposición cada 15 días de promedio. Eso es inmanejable, no para este sector, sino para cualquiera. No sólo por estar al día, sino que la maraña de cambios uno sobre otro es un obstáculo real y un coste tremendo, los costes de regulación de los que nadie habla. Dicho esto, en la reforma que está haciendo el Gobierno estamos viendo que aparentemente hay un intento implícito de simplificar la legislación. Hay un proyecto de Ley que ha entrado en el Congreso, un decreto Ley que se publicó en julio, precedido de otros, siete decretos y cuatro órdenes. Pero si esto es la base de la nueva regulación eléctrica, se va a dar un paso importante porque estamos reduciendo esa inmensa cantidad de disposiciones a unas pocas, aunque en el futuro vengan algunas más. Yo creo que el Gobierno se ha dado cuenta de que esto es un problema grave y parece que va por el buen camino.

LD: ¿Qué le gusta y qué no de la reforma energética que está poniendo en marcha el Gobierno?

PM: De momento sólo podríamos hacer una valoración de los borradores que se han publicado. Pero por un lado, el proyecto de Ley que se publicó en verano ha entrado hace un par de semanas en las Cortes y no ha comenzado su tramitación parlamentaria con lo que puede sufrir bastantes cambios. De hecho, desde aquel primer borrador hasta el texto que ha entrado en el Congreso, una vez que ha recibido los informes y los comentarios por parte del Gobierno, el texto ha pasado de 42 páginas a 100. Es decir, que ha habido una modificación sustancial y puede haber muchas más modificaciones en el trámite parlamentario. Y de los 7 decretos a los que he aludido antes desde los borradores que se produjeron, y una vez recibidos los informes preceptivos de la CNE, están todavía sin publicar, por lo que es prematuro hacer una valoración. Pero sí quiero resaltar que es positivo que se haya intentado hacer frente al problema del déficit, que es el objetivo principal declarado de esta reforma. Un déficit que había alcanzado unas dimensiones estratosféricas. El déficit acumulado era del mismo orden de magnitud que la facturación acumulada de todo el sector, es decir, que si nos preocupa que la deuda de España equivalga al PIB, debería preocuparnos que el déficit de un sector sea equivalente al 100% de la facturación de ese sector. También me parece que es importante que se haya hecho un proyecto de ley para revisar la anterior ley del sector eléctrico porque es un intento de remodelar el marco legislativo general. Que todo esto se haga con mayor o menor acierto dependerá de que en el trámite parlamentario y en la revisión final, se tengan en cuenta todos los puntos que de verdad necesitaban reforma. Hay alguno que ya sabemos que va a quedarse para el futuro, porque su complejidad y el estado del debate público no permite acometerlo ahora, como el diseño del mercado mayorista. Bien, eso se puede aceptar, quizá no es el momento para hacerlo, pero en otros temas es muy deseable que el proyecto abarcara lo que es de verdad una reforma, es decir no pensar sólo en el déficit, que es un problema a corto plazo, acuciante, sino en la estabilidad regulatoria a largo plazo. Este otro objetivo, que el Gobierno por boca de sus representantes ha declarado en algunas ocasiones, hay que esperar que se cumpla. Si se cumplen esas dos cosas, independientemente de otras críticas que pueda merecer, habría sido un intento positivo.

LD: Las eléctricas han manifestado su preocupación por la posibilidad de que suban los costes de la energía, merced a las primas renovables. ¿Cree que obtendrán respuesta sus advertencias?

PM: En el coste de la energía que afecta a las empresas y a las economías domésticas hay que considerar cuatro capítulos fundamentales. El primero es el coste de los combustibles; el segundo capítulo son las primas a las renovables; el tercer capítulo son los impuestos y el cuarto son las redes de transporte. Cualquiera de esos capítulos sobre los que se pueda actuar para controlar o contener el precio es algo que tiene que hacerse. Lo que ocurre es que los costes de los combustibles dependen de los mercados internacionales, los costes de las redes están muy controlados y son más bajos que en el resto de Europa de promedio. Es decir, que ese capítulo está muy contenido y se puede seguir conteniendo. El coste de las primas y los impuestos son los otros dos apartados.

Los impuestos de la electricidad en España son muy altos. No sólo tenemos un impuesto especial para la electricidad, que además es base para la fijación del IVA, tenemos los impuestos que se crearon hace unos meses y las tasas también creadas hace poco a determinadas tecnologías y tenemos determinadas tasas autonómicas. Un KW de nuclear en España dependiendo de la Comunidad Autónoma en el que se produzca puede estar sometido hasta a 6 impuestos y tasas diferentes y aditivos. Esto es un disparate, esto necesita una revisión.

Y por otra parte, los costes a las renovables hay que procurar que no crezcan más. Ya tenemos un parque de renovables que nos está costando mucho dinero. Hemos cumplido y estamos cumpliendo los objetivos de generación eléctrica a partir de fuentes renovables que el gobierno había aceptado para 2020. Aunque hubiera que instalar más renovables, habría que buscar aquellas que no incrementaran las primas. Esta debe ser la primera decisión que se debía tomar para contener los costes y que nuestra industria pueda seguir exportando.

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