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"La UE se está construyendo a la medida de Francia, no de Alemania"

El gestor de fondos presenta nuevo libro, Viaje a la libertad económica, y alerta del riesgo de "japonización" de la economía europea.

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Daniel Lacalle, en una imagen de archivo.

A Daniel Lacalle la crisis no le está pasando factura. Tampoco es que le fuera mal antes. Desde hace años es uno de los gestores de fondos más reputados del mundo y se gana muy bien la vida en medio de la extrema competencia de la City londinense.

Sin embargo, la recesión ha puesto de moda la información y la opinión sobre economía. Todo el mundo quiere saber cómo se ha llegado a esta situación y cómo podríamos salir de ella. Y Lacalle se ha ganado el favor del público. Primero con sus columnas en El Confidencial y, sobre todo, con uno de los mayores best-sellers que recuerda la literatura económica española de las últimas décadas: Nosotros, los mercados.

Desde que se publicó este pequeño libro, mezcla de su biografía como gestor de fondos y de análisis de cómo funcionan en realidad los mercados financieros, Lacalle se ha convertido en una de las figuras más conocidas en el análisis económico de nuestro país. Todo el mundo le reclama y se suceden sus apariciones en los medios. Esta semana presentaba su nuevo libro, Viaje a la libertad económica. Libre Mercado habló con él sobre España, la Fed, el BCE y lo que nos queda por delante.

- Me gustaría empezar con el subtítulo que ha escogido para su libro. Se pregunta usted "por qué el gasto esclaviza y la austeridad libera". Lo cierto es que la imagen popular que nos llega es casi la contraria. Y no me refiero sólo a las teorías económicas. En las películas, libros, series que vemos cada día, el derrochador es un tipo majo, simpático, del que apetece ser amigo; mientras, el ahorrador se pinta como un ser antipático y tacaño, que no sabe disfrutar de la vida... ¿Va usted a contracorriente?

- Es cierto. El gasto siempre se percibe como bueno. ¿Por qué? Porque partimos de la base de que el dinero es gratis y siempre vendrá alguien a rescatarnos. Es como el cuento de la cigarra y la hormiga: es triste pero la hormiga cae mal, es la pesada que ahorra para el invierno. En cualquier caso, ahora estamos viviendo las consecuencias de lo que nosotros mismos nos hemos vendido incorrectamente. En 2008, cuando teníamos una deuda sobre PIB de poco más del 60%, decíamos 'la deuda está bajo control, tenemos capacidad de gasto para acometer los problemas de la crisis, podemos tomar decisiones presupuestarias de gasto, porque nos va bien y el coste de la deuda es bajo'.

Han pasado tres o cuatro años y ahora decimos '¡el coste de la deuda se lleva el no sé cuántos por ciento del presupuesto!' El problema es que la tarjeta de crédito nos está pesando. La austeridad es un mal concepto porque se pone como contraposición a crecimiento y no es cierto. La austeridad es contrapuesta a despilfarro. No tiene nada que ver gastar con crecer. De hecho, la manera de liberarte de esa supuesta presión de los mercados y del coste de la deuda es, precisamente, no endeudarte.

- ¿Cree usted que la gente entenderá su mensaje? ¿Porque la sensación es que todo el mundo está en contra de los "recortes" y a favor de más gasto público?

- Es la perversión del lenguaje. Como es público, ya no se cuestiona. Sólo por llevar esa palabra o la palabra "social", el gasto o la inversión ya no se cuestionan.

- Nadie se plantearía en su familia estar cinco años gastando más de lo que ingresa. Sin embargo, nos parece completamente normal que el Estado se comporte así. Incluso los políticos que más apoyan este tipo de medidas, luego manejan sus finanzas personales con mucha cautela.

- Es cierto. Mira, a la salida de un programa de televisión, hablando con un famoso político de IU, me comentaba que él podría ser un buen ministro de Economía porque era muy prudente en la gestión de sus finanzas personales. Me decía que tiene una hipoteca pequeña, un coche, nunca ha vivido endeudado,... Sin embargo, lo que quiere para su familia no lo quiere para el Estado. La razón es que hay un incentivo perverso. A nivel estatal tienes un incentivo negativo, que no es económico o de eficiencia. Tienes que consumir el máximo de presupuesto para mantener tu cuota de poder y eso sólo se consigue a través del gasto. Esto hace que el presidente de una comunidad autónoma que deja 2.500 millones en facturas sin pagar esté dando lecciones de economía y no esté en la cárcel. Eso se traslada a la psique colectiva: 'Si todo el mundo dice que gastar es bueno, pues será bueno'.

- ¿Qué podría hacerse para que esos principios que todo el mundo sabe que son buenos para la vida diaria se trasladen al gobierno económico de un país?

- Hay que explicarle a la gente que todo eso cuesta, sobre todo en esas cosas que ahora sienten que les están siendo arrebatadas. Valoran una sanidad pública o una educación pública de calidad; y están empezando a darse cuenta de que todo el gasto político se está comiendo esas cosas que percibían que eran válidas. La gente tiene que entender que de donde no hay no se puede sacar, igual que en su familia.

- Pero el último dato de crecimiento de EEUU, por ejemplo, fue del 2,8%. Y hay muchos economistas que dicen que eso demuestra que las medidas de estímulo están funcionando. ¿Está de acuerdo?

- Lo primero que le diría a estos economistas es: si quiere usted copiar a EEUU, cópielo hoy, pero en todo. Cópielo en que las empresas paguen pocos impuestos, en que las familias paguen pocos impuestos, en que el gasto público sin defensa esté por debajo del 20% del PIB, en que cada vez que llegan a un techo de deuda se pelean para ver en qué recortan el presupuesto, en el mercado laboral,... Lo que no vale es decir: 'Mira lo que están haciendo los japoneses y los americanos. Vamos a aprovecharlo para lo que me gusta a mí, que es gastar, pero no para el resto, que es libertad económica'.

- Sí, en general se quedan siempre en el gasto.

- Pues no. Encantado de copiar a EEUU mañana, pero en todo. Y un apunte. Para copiar a EEUU primero tienes que encontrar petróleo. Porque no es lo mismo ser un importador de 11 millones de barriles al día, a ser prácticamente independiente energéticamente en cuatro años.

- El BCE y la Fed llevan seis años bajando los tipos de interés e inyectando estímulos en la economía. Pero ni EEUU ni Europa terminan de despegar. Y siempre se dice, 'es necesario un poco más'. ¿Hasta dónde vamos a llegar?

- Un representante de la embajada americana me dijo una vez una frase que me parece magnífica y la he incluido en el libro: "El hecho de que las políticas de estímulo no hayan funcionado no cuestiona su validez". ¿Cómo? Europa se gastó el 3,2% del PIB en tres años en políticas de estímulo y creación de empleo y destruyó cuatro millones de empleos y decreció a un tres y pico por ciento. Europa es la resaca de las políticas de estímulo. EEUU ha empezado con estas políticas en los últimos cinco años. Pero Europa viene de estas políticas que produjeron que España tuviera una expansión crediticia mayor que la china.

- Hace unos días, Mario Draghi anunció una nueva rebaja de los tipos, hasta el 0,25%. Ya no hay mucho margen para nuevas bajadas, ¿qué van a hacer ahora?

- La represión financiera tiene un efecto de saturación muy rápido. Bajar los tipos del 4 al 1%, puede tener algún (poco) impacto sobre la economía real, pero bajarlos del 1 al 0% no tiene ningún impacto. No hay más que ver a Japón, que lleva financiándose al 0,8% durante años y lleva veinte años de desastre. No tiene ningún efecto a partir del momento en el que el señor que va a invertir a largo plazo en la mal llamada economía real ve que las señales de precio son equivocadas. Entonces piensa: 'Tengo que tomar un riesgo tremendo en base a unos tipos de interés que sólo pueden ir hacia arriba'.

- ¿Usted qué prevé que pasará si la economía europea no comienza a crecer rápidamente?

- Lo que pasará es que dirán: 'La economía europea ha empezado a crecer, pero el crecimiento es anémico y la creación de empleo no es suficiente, tenemos que seguir'. Y harán como hace la Fed, patada hacia delante constante. Lo que ocurre es que te mueves en un estancamiento estructural. Porque hay otra cuestión que a mí me parece divertidísima: aumentar la masa monetaria un 40% como ha hecho Japón y crecer un 2% no es crecimiento. Es como coger la misma tarta y hacer más cachitos.

- ¿Usted ve riesgos de que a Europa le pase lo mismo que a España? Es decir, que la gente deje de fiarse de nosotros y no acepte su deuda.

- No. La razón es que el BCE y la política del Bundesbank lo que hacen es japonizar el riesgo dentro de cada país. Cuando el 75% de la deuda de cada país está absorbida por su banca nacional, el riesgo de contagio ya no existe. El problema te lo comes tú. Eso hace dos cosas: por una parte el Gobierno ya no puede decir, 'que vengan y que me rescaten'; por otra parte, eso hace que si tienes un problema en Portugal o Grecia eso ya no se extienda al país vecino.

- Entiendo que usted piensa que en Europa lo que hay es un riesgo de japonización en el sentido de estancamiento prolongado.

- Totalmente. Creo que está cerca de ser una certeza. Porque además, la UE que se está construyendo no es una UE a la medida de Alemania, como a veces se dice erróneamente, sino a la medida de Francia. Y el sistema dirigido francés es un sistema endogámico, de completo estancamiento, en el que vas reciclando lo poco que vas creando.

- Mirando hacia España. Da la sensación de que estamos vivos porque el BCE y Alemania nos han dado aire. ¿Seguirán así? ¿Estamos siendo buenos alumnos?

- Si el año que viene crecemos por encima del 1%, España se venderá en todo el mundo como el éxito de las políticas de austeridad de la UE. Eso tiene un riesgo. Crecer un 1% es nada y sin embargo la deuda pública se te va al 100% del PIB. Pero creo que hay un interés político y económico muy marcado en que se perciba a España como un éxito. Hay un consenso para que eso ocurra.

- Volviendo al tema del comienzo de la entrevista. Llega con un mensaje muy impopular. Todo el mundo se queja de los recortes, pero su planteamiento parece ser que son necesarios más.

- Creo que los españoles lo intuyen. Porque mientras están pidiendo 'no a los recortes', a la vez en todas las encuestas sale que el mayor problema son los políticos. Lo que no está casando es que los políticos no son marcianos que han bajado de una nave y se han puesto a hacer las cosas mal. La gente empieza a casar ese concepto del gasto político. Esa cantidad que todos pagamos con nuestros impuestos y que está muy lejos de lo que la gente percibe como socialmente válido: educación y sanidad. Porque además, en esas partidas también hay mucho de gasto político, y hay que desmitificar ese gasto como aceptable siempre. A eso dedico un capítulo del libro. Poco a poco se va entendiendo y se va sabiendo lo que cuestan las televisiones, las diputaciones,...

- Por ejemplo, en el tema de la sanidad. España es uno de los pocos países europeos que no tiene copago. ¿Cómo se le puede explicar a un alemán, que sufre copago, que nos han rescatado con el dinero de sus impuestos y nos negamos a tener las mismas condiciones?

- De lo que nos tenemos que dar cuenta es que no es gasto en sanidad el despilfarro que tenemos en medicamentos. No es gasto en sanidad que un hospital tenga un aparcamiento más grande que el de la T-4.... Eso la gente lo va entendiendo.

- Para terminar, ¿qué medidas tomaría usted mañana en España si pudiera?

- La primera es una bajada muy importante del gasto político: gasto improductivo, subvenciones, diputaciones, duplicidades en las administraciones, etc... La segunda sería una bajada muy importante de impuestos, generalizada. Hay que bajar los impuestos a todos. La subida de impuestos a los ricos siempre termina siendo la subida de los impuestos a los pobres. El esfuerzo fiscal en España es de los más altos de la OCDE. España necesita atraer capital. Y si queremos copiar a Obama o al Reino Unido o a Japón, eso es lo primero que tenemos que hacer.

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