Menú

Tomates x tomates ≠ felicidad

Muchos parecen anhelar el retorno a los órdenes primitivos, lo que dificulta la comprensión de que el mercado crea riqueza y los recursos no están dados.

Carlos Rodríguez Braun
27

Leí en el Diario de Navarra que Serge Latouche, profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, estuvo en Pamplona y obtuvo un gran éxito de público pregonando cosas como: "La gente feliz no suele consumir".

Muchas personas parecen anhelar el retorno a los órdenes primitivos, ese instinto milenario que dificulta la comprensión de que el mercado crea riqueza y los recursos no están dados. El profesor Latouche, en cambio, cree que no sólo están dados, sino que se están acabando, de lo cual deduce otros desatinos llenos de aparente sentido común, como que hay que "repartir el empleo", etc.

Entre sus dislates ecosocialistas subrayo sólo uno: afirmó que no hay que comprar cosas en el extranjero sino producir cerca de donde se vive, porque lo peor es lo que sucede ahora: por los puestos fronterizos entre España y Francia circulan miles de camiones "con tomates de Andalucía cruzándose con tomates holandeses".

No es criticable que el doctor Latouche quiera vivir como un ermitaño. No hay nada de malo en practicar la pobreza, como hacen tantos religiosos y defiende con ahínco el Papa. Lo malo es imponerla por la fuerza a los demás. Eso no lo hacen las monjas ni los curas, sino los socialistas, que son muy diferentes, y realmente muy peligrosos. No se trata de que la gente sea más feliz cuando consume: se trata de que no hay que forzarla ni a consumir ni a dejar de hacerlo. Esto, la libertad, es lo que abominan los socialistas de todos los partidos.

Sus ideas antiliberales tienen tanto éxito como escaso fundamento. Se ve en la imagen tomatera de don Serge, que seriamente pretende convencernos de que la gente es idiota, idea fundamental del socialismo, porque abre camino a sus incursiones punitivas contra la libertad. Si las personas son tontas… no las vamos a dejar en paz y libertad, ¿verdad que no? ¿Verdad que hay que arrebatarles la libertad para que sean felices y coman perdices?

Y desde luego los seres humanos que pinta el ilustre profesor de París son rematadamente estúpidos porque van y ¡cambian tomates por tomates!

Es su increíble arrogancia, el profesor no es capaz de comprender que nadie hace eso en realidad: nadie cambia un tomate por el mismo tomate, nadie compra un euro con una moneda de un euro, porque eso por definición no aumenta la utilidad de nadie y es una pura pérdida de tiempo. Hay que desvalorizar mucho a las mujeres y a los hombres para pensar que nos dedicamos a intercambiar identidades.

Si unas personas en Holanda compran tomates andaluces y otras personas en España compran tomates holandeses es porque así lo desean y porque les conviene, porque no son idénticos, por precio, por calidad, por sabor, por lo que sea. Pero nunca es porque son imbéciles que necesitan que unos socialistas iluminados vengan a prohibirles comerciar para que sean felices y coman perdices… y tomates, pero sólo los tomates que prefieran las autoridades.

En Libre Mercado

    Lo más popular

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation