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Los umbrales de la creación de empleo

la muy alta tasa de desempleo de España constituye un elemento perturbador para nuestra vida social y económica, con consecuencias políticas muy importantes.

Juan Velarde
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En estos momentos, la muy alta tasa de desempleo de España constituye un elemento perturbador para nuestra vida social y económica, con consecuencias políticas muy importantes. Basta recordar lo que sucedió con aquella promesa del PSOE, en la etapa de Felipe González, de crear 800.000 puestos de trabajo, mientras imitaba el programa económico de Mitterrand. Constituyó una de las causas de su descrédito político.

Okun se ocupó de las relaciones entre la evolución del PIB y la del empleo. Este modelo se analizó en España en varias ocasiones. Hubo más estudios, como el reciente de De Cea y Dolado, "Output growth thresholds for job creation and unemployment reduction in Spain".

El contraste de la situación española con la de otros países tiene forzosamente que llamar la atención. En el trabajo "La creación de empleo llegará a distintas velocidades", publicado en el Informe Mensual de noviembre de 2013 de La Caixa, se señala que países como, por ejemplo, Austria y Alemania pasan "a no destruir empleo con tasas de variación moderadamente negativas del PIB. Un buen ejemplo de ello es lo que ha sucedido durante los últimos años: mientras el PIB ha caído con más o menos fuerza en estos países, la destrucción de ocupación ha sido prácticamente nula". Lo contrario es lo que sucede en España. Algunas estimaciones sitúan la creación de empleo cuando el PIB supera en su crecimiento el 2%. La del profesor Becker Zuazua (expuesta el 14 de abril de 2010 en el ensayo "Mercado de trabajo y competitividad en la economía española") para el periodo 1981-2009 mostraba que en España la economía comienza a crear empleo cuando crece, por lo menos, a la tasa del 2’5%. Ahora, en el citado estudio de La Caixa Research se señala:

La tasa de crecimiento intertrimestral anualizada a partir de la cual se ha generado empleo se sitúa –en el grupo de los PIGS– en el 0’8% en Irlanda, en el 1’1% en España, en el 1’4% en Portugal y en el 1’6% en Grecia.

¿Por qué estas diferencias? Pues, sencillamente, por la mayor o menor flexibilidad del mercado de trabajo. He ahí una reforma estructural obligada en España y que comenzó a abordar, por primera vez, el actual Gobierno, con las correspondientes protestas de quienes dicen defender los intereses de los obreros.

Se trata de un cambio estructural casi revolucionario, porque la rigidez del mercado laboral español parecía ser algo consustancial a nuestra economía. Procede de toda una serie de decisiones históricas, que se inician con Largo Caballero en 1931, para hacer retroceder, en la pugna con UGT, a la CNT, que se consolidaron con la política laboral de Girón, y no fueron capaces de integrarse en los Pactos de La Moncloa (recuérdese el artículo crítico de Lorenzo Bernaldo de Quirós "Los legendarios Pactos de La Moncloa", El Economista, 7 de agosto de 2008), y que esto sucedió a causa sobre todo de la presión del profesor Sánchez Ayuso, el economista del Partido Socialista Popular de Tierno Galván, quien orgullosamente señalaba en el Congreso de los Diputados el 27 de octubre de 1977:

La presión de los partidos de izquierda se ha notado, se ha visto, en la redacción del proyecto. Piénsese, como ejemplo, que en el programa original del Gobierno se acordaba la libertad de despido, mientras que este punto no aparece en el documento firmado.

Por tanto, la cuestión está en relación con la flexibilidad o rigidez en el mercado del trabajo, si es que se quiere, con cierta premura, reducir la tasa de desempleo. Así, cuando nuestra economía crezca algo por encima del 1%, es de esperar, si prosiguen las reformas estructurales en el mercado del trabajo, que el umbral de la creación de empleo cambie respecto a nuestra historia anterior.

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