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Carta de un economista a José Carlos Díez

Usted ha incurrido en la deshonestidad intelectual de ventilar sus fobias al amparo de su condición profesional de economista.

José García Domínguez
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Apreciado José Carlos: He decidido hacer pública esta carta tras leer con alguna atención otra reciente que usted remitió al presidente del Gobierno usando como mensajero al diario El País. Una misiva, la suya, que se presentaba como la remitida por un economista "a Rajoy". Al respecto, sepa que me cuento entre los lectores de las Sagradas Escrituras que han tenido un conocimiento directo de lo enunciado en el Apocalipsis de San Juan. De ahí que no me haya supuesto demasiado esfuerzo el identificar las fuentes documentales que le han servido de inspiración a usted para redactar la airada filípica macroeconómica que ahora nos ocupa. Nada tengo, por cierto, contra el tremendismo milenarista, ese género escénico tan caro a los profesionales de la farándula mediática hispana. Usted, faltaría más, es tan libre de componer guiones de terror de serie B con los datos de nuestra contabilidad nacional como el último arbitrista de los que sientan cátedra en las barras de los bares patrios.

Aunque, sobre ese particular, casi estoy tentado de ponerle en guardia contra las consecuencias, por lo común fatales, de la excesiva exposición a los micrófonos y cámaras de los medios de comunicación llamados audiovisuales. Son contadas, créame, las cabezas que siguen sosteniéndose cabalmente encima de los hombros tras un sometimiento intensivo a tan peligrosa terapia de inflamación del ego. Pero me abstendré de hacerlo, más que nada en consideración a su edad, que ya comienza a no ser tan envidiable. Por lo demás, nada cabría objetar a su De profundis si lo hubiera publicitado como el desahogo de un charlista televisivo, o la intemerata de un militante irritado. Sin embargo, usted ha incurrido en la deshonestidad intelectual de ventilar sus fobias al amparo de su condición profesional de economista. Algo así como si un miembro de la peña Ultras Sur exhibiera un título de ingeniero de caminos a modo de aval ante cualquier desmán en las gradas de los campos de fútbol.

Admita que le ofrezca un botón como muestra. Recrimina usted al señor Rajoy en el diario independiente que la reforma financiera no ha funcionado. Y, acto seguido, le recomienda que vaya a cualquier bar a preguntar a los pequeños empresarios por la situación del crédito. Bien, pues yo me voy a permitir prescribirle a usted que vaya a cualquier librería y compre su propio libro, el que lleva por título Hay vida después de la crisis. Ahí, en la página 331, podrá leer lo que cierto José Carlos Díez sentenció al respecto. Esto es, que "después del rescate se ha avanzado mucho en la recapitalización de las entidades con problemas". Ah, de paso, no olvide adquirir en la misma librería un ejemplar de la Constitución de Cádiz, ya sabe, la de 1812. Si lo hace, podrá descubrir que las diputaciones provinciales, instituciones cuya creación atribuye usted al general Franco en la página 288 de ese mismo escrito, resultan ser un pelín más antiguas. Por algo el artículo 325 de La Pepa reza: "En cada Provincia habrá una Diputación, llamada provincial, para promover su prosperidad…".

Suyo afectísimo,

José García Domínguez.

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