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Desde luego, si hay algo que está triunfando no es nada parecido al liberalismo.

Carlos Rodríguez Braun
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Desde luego, si hay algo que está triunfando no es nada parecido al liberalismo.

Se dice que el populismo es un mal que aqueja en exclusiva a mi América Latina natal. Falso de toda falsedad.

Según informó Libertad Digital, el líder socialista vasco Patxi López rechazó la bajada de impuestos que plantean algunas autonomías gobernadas por el PP porque "se trata de un arma de doble filo, ya que a la vez que se bajan impuestos, se privatiza el Estado del Bienestar, con lo que se incrementa el gasto a los ciudadanos". Añadió LD que desde las filas socialistas denuncian que

el neoliberalismo está triunfando a base de empobrecer a la gente, destruyendo las clases medias y aumentando la desigualdad.

Desde luego, si hay algo que está triunfando no es nada parecido al liberalismo, puesto que la opresión política y legislativa, fiscal y de otras características, no ha disminuido de manera apreciable. Ciertamente se empobrece a la gente y se destruye a la clase media, pero es precisamente por lo que los socialistas ansían: más impuestos para defender el Estado del Bienestar, consigna cara (en todos los sentidos) para Barbie y sus secuaces. Si hubiera privatización, el Estado lógicamente disminuiría, pero lo que sucede es lo contrario. La desigualdad se incrementa cuando el poder político se expande y la sociedad civil se estrecha. Los socialistas deberían saludar todo este movimiento liberticida, en vez de atacarlo, porque coincide puntualmente con sus proclamas antiliberales.

Hablando de coincidir, la ministra Fátima Báñez, gran figura del peronismo gobernante, declaró emocionada: "El barco de las pensiones no se hundirá. Permanecerá siempre a flote"; y defendió los presupuestos de 2014 porque son "tremendamente" sociales, porque la Seguridad Social y las pensiones son la "gran apuesta" del Gobierno y la principal partida de gasto del presupuesto español.

El populismo de Báñez es idéntico al del PSOE, y su rechazo a la libertad también. En primer lugar, identifica social con político, como todo antiliberal que se precie: es decir, llama social a lo que no corresponde a la sociedad, sino a lo que es impuesto por el poder. Su retórica, asimismo, no puede ser más demagógica. Veamos: "El barco de las pensiones no se hundirá. Permanecerá siempre a flote". Si no se hundirá, ¿por qué insistir en que permanecerá a flote? ¿Es que acaso la preclara peronista concebía la posibilidad de que remontara vuelo?

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