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José García Domínguez

Lo que hay detrás de la subasta eléctrica

Aquí llevamos más de un siglo confundiendo el capitalismo de libre empresa con eso que hacen a diario la mitad de las sociedades que cotizan en el IBEX.

José García Domínguez
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Aquí llevamos más de un siglo confundiendo el capitalismo de libre empresa con eso que hacen a diario la mitad de las sociedades que cotizan en el IBEX.

Pocas cosas más sencillas que averiguar cómo funciona el mercado eléctrico en España. Olvídese quien quiera descubrirlo de áridos infirmes y tediosos contrainformes, los que han puesto en circulación Gobierno y empresas implicadas en el asunto. Mejor lance toda esa hojarasca tóxica a la basura y vaya a tomarse una caña en cualquier bar de cualquier esquina. Observará que le cobran lo mismo en todos los de la zona. Y que si sube el precio (que baje resulta metafísicamente imposible, de ahí que nadie recuerde haberlo visto jamás), también se incrementará en todos a la vez. En España, país de grandes humoristas, a esos hábitos comerciales tan omnipresentes como ancestrales se les llama mercado libre. Y sin pudor alguno. De hecho, y aunque todavía no se disponga de evidencia documental, es casi seguro que Adam Smith redactó la frase más célebre de La riqueza de las naciones durante unas vacaciones de verano en la Costa Brava.

Recuérdese:"Los comerciantes del mismo sector rara vez se reúnen, incluso para entretenimiento y diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra los consumidores, o en alguna estratagema para aumentar los precios". Si tal resulta ser la costumbre en un gremio, el de la hostelería, sin apenas barreras de entrada, ¿qué no harán los grandes oligopolios dueños de mercados cautivos desde el minuto uno de la Revolución Industrial? Nación poco dada al rigor semántico y a la precisión conceptual, aquí llevamos más de un siglo confundiendo el capitalismo de libre empresa con eso que hacen a diario la mitad de las sociedades que cotizan en el IBEX. Nos gusta olvidar que España es cualquier cosa menos una economía de mercado. Pero la realidad, siempre terca, se encarga de recordárnoslo también a diario.

Porque lo de aquí, todos lo sabemos, es otra cosa. Lo nuestro es una variante castiza del mercantilismo plutocrático, un eterno apaño entre bambalinas donde los grupos de intereses corporativos consiguen establecer cotos cerrados a la competencia con el concurso siempre presto de los poderes políticos. Bajo el manto de la ubicua cháchara liberal, ésa es la genuina realidad de nuestra muy siciliana estructura económica. El crónico sesgo inflacionista español, tan alejado siempre de los niveles de precios de los competidores europeos, no se entendería sin reparar en esa tara de origen. Lo de las eléctricas no es una excepción. Es la norma.

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