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De ciencia ficción a realidad

La explotación minera de asteroides ya está al alcance de la mano

Empresas privadas como Planetary Resources y Deep Space Industries ven en la minería en el espacio la revolución del siglo XXI.

No pocas veces Hollywood ha planteado en sus obras el eterno sueño de controlar el universo. Moon, Armagedon, Alien o Atmósfera Cero embaucan al terrícola espectador en una futura conquista del espacio, apelando al instinto lógico de extender nuestro círculo vital, nuestra zona de confort; todo ello, con un único objetivo: nuestra propia supervivencia.

Por suerte, la realidad siempre supera a la ficción. La escasez o dificultad, en ocasiones, de obtener los recursos minerales necesarios está abriendo una sorprendente línea de negocio, hasta ahora sólo presente en la ficción: la minería en asteroides.

A primera vista, puede sonar algo descabellado, pero tal y como señala a Libre Mercado el director del Observatorio Astronómico Nacional, Rafael Bachiller, "no se debe descartar ninguna opción. Muchos de los metales que escasean en la corteza terrestre y que son indispensables para la industria moderna -oro, platino, cobalto, zinc, etc.- son muy abundantes en los asteroides".

De hecho, según explica Bachiller, la corteza de la Tierra se formó sin estos materiales. "Fue una intensa lluvia de asteroides lo que volvió a depositar estos materiales sobre la corteza terrestre en los momentos iniciales de la evolución del sistema solar".

Dos son las líneas principales en las que se está desarrollando la minería en asteroides. La primera, representada por Deep Space Industries (DSI), iría destinada, principalmente, a extraer de ellos algo tan simple como el H2O. Gracias a la obtención de agua en el espacio, los astronautas podrían obtener hidrógeno y oxígeno: el combustible para los motores del cohete. Esto abriría las puertas a la conquista del espacio, al ampliar el radio de acción de forma casi infinita. En definitiva, el proyecto de DSI configuraría gasolineras espaciales.

En segundo lugar, y no menos importante, estaría Planetary Resources. Su proyecto está orientado hacia la minería de asteroides como principal fuente de negocio, y más particularmente hacia la explotación de las denominadas tierras raras. Pero ambas empresas recogen en sus proyectos todas las líneas de negocio posibles, con el fin de poder establecer un próspero sector comercial en el futuro.

Entre los inversores de este sector en desarrollo se encuentran empresas como Google Virgin o Microsoft, que, a su vez, impulsan proyectos propios como la competición Lunar X Prize, con el objetivo de realizar una misión lunar financiada únicamente con capital privado.

Del FireFly al Haverstors

El proyecto de DSI está dividido en tres fases. Para 2016, está previsto la primera etapa de exploración. Tres naves, llamadas FireFly, se enviarán a asteroides diferentes para un primer análisis, de tal forma que, con este envío múltiple, se garantice la mayor tasa de éxito posible. Sólo esta fase, según ha detallado el director de DSI, David Gump, costará 15 millones de euros.

Para 2017, se activará la segunda fase de la operación, con el envío de otra nave, la Dragonfly, más potente y que tendrá como objetivo recoger muestras de los asteroides para traerlas a la base en Tierra. La nave tardará dos o incluso tres años en regresar, con lo que no será hasta 2019, como mínimo, cuando se ponga en marcha la tercera y última fase del proyecto.

Havestor, la nave más grande, será la encargada de fabricar el combustible a partir de la extracción del agua e hidrógeno. Con el tiempo, los Haverstors darían paso a refinerías de combustible y metales a gran escala. Para David Gump, ahí es donde está el negocio. El proyecto se centrará en asteroides de tamaño medio –de un diámetro aproximado de 100 metros-.

El director del DSI tiene claro el negocio: "Más de 900 nuevos asteroides pasan cerca del planeta cada año. Éstos podrían ser para nosotros como las minas de hierro de Minnesota fueron para la todopoderosa industria automotriz de Detroit. Una llave de recursos cerca de donde la necesitas. En este caso, los metales y combustibles de los asteroides pueden impulsar a las industrias por el espacio durante el siglo XXI".

¿El minero del siglo XXI?

Por su parte, Planetary Resources se centra en la obtención de recursos mineros, principalmente, las llamadas tierras raras. En una primera etapa, el proyecto contempla el envío en órbita del telescopio ARKYD 100 para realizar seguimiento de los asteroides y así escoger los mejores candidatos.

Según estiman los investigadores, "se calcula que puede haber unos 9.000 asteroides de unos 50 metros de diámetro orbitando la tierra, alguno de los cuales tiene tanto platino como el que se extrae en nuestro planeta en todo un año".

En la segunda etapa se enviaría al ARKYD SERIES 200, que actuaría como interceptor de los asteroides elegidos previamente por el telescopio. De esta manera, esta segunda generación de series ARKYD conseguiría de forma low cost estabilizar el asteroide para su posterior prospección.

Ésta sería llevada a cabo mediante el ARKYD 300, que constituye un trasbordador espacial específico donde poder realizar las tareas de extracción de minerales y agua.

Como aseguran los investigadores de Planetary Resources, bastaría encontrar un asteroide, rico en platino, de 500 metros de diámetro para conseguir 174 veces la cantidad global extraída anualmente en la Tierra. A su vez, la cantidad de mineral en dicho asteroide superaría hasta 1,5 veces la cantidad total de reservas de metales del grupo del platino a nivel global (rutenio, rodio, paladio, osmio, iridio, y platino).

Las 'tierras raras'

Las tierras raras son un conjunto de 17 elementos químicos de nuestra tabla periódica. Como explican los doctores ingenieros de Minas de la UPM, José Antonio Espí Rodríguez y José Luis Sanz Contreras, las tierras raras se configuran como una mezcla de óxidos e hidróxidos de los elementos del bloque F de la tabla periódica.

Lejos de ser materias primas escasas en la corteza terrestre, su consideración como raras se debe a la dificultad a la hora de su separación del resto de elementos con los que esté presente.

Producción global de tierras raras | USGS

El uso de estos minerales es habitual en industrias tan potentes como la automotriz, la energética, defensa o tecnológica avanzada. He ahí el fondo de la cuestión. El interés por las tierras raras a gran escala comenzó en la década de los sesenta, con el nacimiento de las tecnologías modernas.

A día de hoy, China es quien paulatinamente se ha hecho con el control de los principales yacimientos. En concreto, el gigante asiático controla el 97% de la producción total, aunque bien es cierto que sólo posee el 35% de las reservas mundiales. Y es que, aunque la presencia de las tierras raras sea notable en la corteza terrestre, es, sin embargo, un negocio poco rentable, debido a su dificultad de extracción.

China, al mantener el monopolio de la producción, ha impuesto restricciones y aranceles a sus exportaciones de estos minerales, obligando a las multinacionales a trasladar sus fábricas y recursos al país asiático. La necesidad vital de las tierras raras para las economías de medio mundo, en especial para países como Estados Unidos o Japón, han hecho que Occidente se movilice para plantear alternativas con el objetivo urgente de cambiar las malas cartas de la partida.

En Libre Mercado