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Los 'indignados' de San Francisco cargan contra Silicon Valley

Tim Draper afirma que "la guerra progresista contra los ricos guarda un cierto paralelismo con la persecución de los judíos en la Alemania nazi".

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'Indignados' frente a Wall Street | Archivo

La prosperidad económica que ha experimentado la ciudad de San Francisco al calor del boom tecnológico de las últimas décadas no ha sido suficiente para paliar la aparición de nuevos grupos de indignados que protestan por el "aburguesamiento" de la ciudad californiana. De acuerdo con estos colectivos, San Francisco vive un proceso de "gentrificación" que debe ser revertido.

Las primeras movilizaciones alimentadas por esta cuestión tuvieron lugar cuando diferentes ciudadanos convocaron diferentes protestas contra el transporte privado de empresas como Google y Facebook. En dichas manifestaciones se reivindicó "la creación de nuevas tasas municipales para que estas empresas paguen por usar las paradas de bus y las carreteras de la ciudad".

Para canalizar estas reivindicaciones, los indignados han constituido una plataforma desde la que afirman que el boom tecnológico de la ciudad está "desplazando" a los habitantes de San Francisco que no están ligados a estas empresas. Sin embargo, la credibilidad de este grupo ha quedado en entredicho al revelarse que parte de las protestas fueron "dramatizadas".

Concretamente, varios medios de comunicación han explicado que un sindicalista vinculado al colectivo se hizo pasar por un empleado de Google. El objetivo era presentar a los trabajadores de la compañía como personas elitistas e indiferentes hacia la ciudad de San Francisco. El protagonista de este curioso episodio confesó después que el objetivo era hacer un ejercicio de "teatro político" y así "denunciar lo que está ocurriendo en la ciudad, con grandes empresas que no invierten en su comunidad".

¿Qué tipo de inversión reclaman esta nueva generación de indignados? Concretamente, su propósito es conseguir que las empresas tecnológicas entreguen a estos colectivos unos 1.000 millones de dólares. Con ese dinero, los grupos de activistas quieren "financiar el gasto en vivienda" y "luchar contra los desahucios".

Twitter también ha sufrido la ira de los indignados. Concretamente, la queja se centra en las bonificaciones tributarias de las que se beneficia la compañía. Sin embargo, estas normas fiscales no han sido creadas ad hoc sino que han estado vigentes desde hace décadas, generando un marco impositivo más atractivo a aquellas compañías que fijan su sede en la ciudad de San Francisco.

"La envidia puede acabar con todo"

El inversor Tim Draper, conocido por su participación en proyectos como Hotmail, ha alzado la voz frente a este tipo de protestas con un incendiario artículo publicado por el Wall Street Journal. En dicho texto, Draper apunta que "la guerra progresista contra los ricos guarda un cierto paralelismo con la persecución de los judíos en la Alemania nazi".

Según Draper, los periódicos locales de San Francisco fomentan a diario "una creciente ola de odio contra los ricos y las grandes compañías de Silicon Valley". El inversor ha señalado en Business Insider que "la envidia puede acabar con todo" y ha pedido "celebrar la riqueza y el éxito de grandes héroes contemporáneos como Sergey Brin, Larry Page, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Steve Jobs, Elon Musk o Larry Ellison. Creo que todos somos mejores si nos esforzamos por seguir brillando. Y sí, me gusta poder ir en un bus privado al trabajo. Si acaso el gobierno tratase a sus gobernados como Google trata a sus empleados, gente como yo no tendría que entrar en política".

¿Y qué propone Draper para frenar la deriva política y económica de California? En su opinión, "la respuesta pasa por descentralizar el gobierno estatal, constituyendo así seis nuevas zonas administrativas: Jefferson, California del Norte, California Central, San Francisco, California Occidental y California del Sur". Ya a mediados del siglo XIX se publicaron propuestas de este corte, por lo que el debate no es precisamente nuevo.

"La ciudad del resentimiento"

Analizando esta cuestión en el City AM, Sam Bowman ha reconocido que el aumento de los precios en la ciudad de San Francisco ha alimentado el creciente "odio a los ricos" que alimentan los indignados de la ciudad. Citando a la Revista TIME, Bowman subrayó que San Francisco se está convirtiendo en "la ciudad del resentimiento".

Buena parte de las quejas económicas se centran en el aumento de los precios inmobiliarios. Sin embargo, como explica Bowman, "las leyes de planificación urbana de San Francisco son demasiado restrictivas, lo que encarece los costes e impide que la oferta se encuentre con la demanda en niveles más asequibles. Las restricciones a la construcción explican que el precio del suelo sea hoy de los más altos de Estados Unidos".

De acuerdo con el investigador del Instituto Adam Smith, "en la última década, la población de la ciudad ha crecido en 75.000 personas [...] pero solamente se han desarrollado 17.000 nuevas viviendas. A esto se suman las leyes que fijan topes y techos al alquiler, otra normativa que también empeora las cosas".

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