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Pérfida desigualdad

Es curioso que nadie se haya puesto a pensar en que el problema es la pobreza, no la desigualdad.

Carlos Rodríguez Braun
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Claudi Pérez, como todo el mundo, desde la extrema izquierda hasta el Papa, está muy preocupado con la desigualdad. Es curioso que nadie se haya puesto a pensar en que el problema es la pobreza, no la desigualdad, y que la gente no quiere ser pobre pero tampoco quiere ser igual al vecino. En fin, los testimonios que recoge en El País certifican el predominio del pensamiento único.

El célebre Tony Judt, por ejemplo, proclama que la desigualdad es corrosiva: "Corrompe a las sociedades desde dentro". Esto está lejos de ser evidente, puesto que los países comunistas son más igualitarios (excluida la cúpula del Partido Comunista, claro), pero no están menos corrompidos (incluida dicha cúpula, claro). Más delicioso es Laszlo Andor, comisario europeo de Empleo y Asuntos Sociales, que hace un llamamiento a "salvaguardar el Estado del Bienestar" para “luchar” contra la desigualdad. Cómo luchan estos burócratas, qué estupendo. Pero el Estado del Bienestar en Europa es el más grande del mundo, como los impuestos que pagamos para financiarlo. ¿Todavía hay que “luchar” mucho más?

Como siempre, los marxistas son muy entretenidos (quiero decir, como siempre, salvo que gobiernen). El economista Costas Lapavitsas asegura: "Las políticas de rescate (…) laminan el Estado del Bienestar. Queda claro que la UE no tiene ya un programa keynesiano: se ha convertido en un proyecto neoliberal". O sea que los mayores Estados del Bienestar del planeta están laminados, los mayores niveles de gasto público, y las mayores intrusiones del poder político y legislativo sobre los mercados y hasta en la vida privada de los ciudadanos, indican, sin ninguna duda, que vivimos en una Europa "neoliberal".

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