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EDITORIAL

Los magros resultados del expolio fiscal

En lugar de austeridad, el Gobierno se ha decidido por un brutal impuestazo.

El desglose detallado de las cuentas públicas que este lunes ha hecho el Ministerio de Hacienda –en una rueda de prensa esperpéntica, por cierto– hace que lo que ya era una mala noticia se convierta en otra aún peor: no sólo es que el Estado siga despilfarrando y gastando muchísimo más de lo que ingresa, es que si se recorta algo el descomunal déficit es por la brutal presión impositiva que sufren las clases medias y las empresas.

Las cifras son claras: el déficit de las Administraciones sólo cae en 2.000 millones de euros, pero es que esta reducción no proviene del ajuste del gasto, que ha crecido en 1.000 millones, sino de la tremenda subida de impuestos, que ha hecho que la recaudación aumente en 3.000 millones incluso a pesar del escenario de contracción económica.

Nada podría ejemplificar mejor las prioridades del Gobierno que esta dicotomía que un ufano Cristóbal Montoro presentaba este lunes sin el menor asomo de autocrítica: de un lado, un Estado que sigue gastando sin tasa, con una única reducción significativa en las infraestructuras, es decir, no en el gasto estructural de la multitud de administraciones y la descomunal burocracia; y del otro una ciudadanía y un tejido empresarial que se ven obligados a dedicar la mayor parte de su esfuerzo productivo a alimentar la insaciable maquinaria de gasto que Rajoy y Montoro se empeñan en mantener en su gigantismo actual, aun a costa de la recuperación económica, que la presión impositiva hace prácticamente imposible.

Esta es la realidad a estas alturas de legislatura: los que llegaron al poder prometiendo frenar el derroche lo mantienen e incluso lo incrementan; el partido que se presentaba como abanderado de las bajadas de impuestos los ha subido todos; y encima los que se dicen campeones de la gestión no son capaces de cumplir el objetivo de déficit ni siquiera después de ajustado al alza.

Tras la ejecución presupuestaria de 2013, no puede quedar la más mínima duda de que en estos dos años la decisión fundamental de Rajoy ha sido sacrificarlo todo para que la casta política siga disfrutando de una maquinaria gigantesca a su servicio y no al de los ciudadanos, de un Estado del Bienestar que se encarga, sobre todo, de proveer bienestar al Estado.

En lugar de austeridad, el Gobierno se ha decidido por un brutal impuestazo; es el camino lógico para los que en lugar de estar del lado de la sociedad han preferido estar junto al Estado desmadrado.

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