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Carlos Rodríguez Braun

Oxfam: la libertad amenaza, la desigualdad mata (1)

Oxfam es ejemplo del pensamiento único antiliberal, y su argumentación suele contar con más demagogia que sustancia.

Carlos Rodríguez Braun
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Oxfam es ejemplo del pensamiento único antiliberal, y su argumentación suele contar con más demagogia que sustancia.

Oxfam es ejemplo del pensamiento único antiliberal, y su argumentación suele contar con más demagogia que sustancia. Recientemente he visto dos documentos suyos disparatados, que pretenden demostrar que la libertad amenaza y la desigualdad mata.

El primero de ellos se titula Alianzas Público Privadas en sanidad: una amenaza global. Amenaza global, nada menos. Nótese que no se trata de privatizar la sanidad, que seguramente les haría desmayar del susto, sino de las reformas que en varios países se están llevando a cabo para reducir los costes de la sanidad externalizando partes del servicio. Algunas actividades sanitarias lo están desde hace mucho, como los medicamentos, pero en tiempos recientes se ha incluido la gestión sanitaria entre lo que puede ser privatizado, en cusivas, unas cursivas muy importantes porque en realidad no se privatiza nada si el ciudadano es obligado a pagar mediante tasas o impuestos, y eso es lo que ocurre prácticamente siempre.

Sin embargo, Oxfam rechaza todo lo que no sea la provisión total y exclusivamente pública. Sus argumentos no son muy convincentes, como el manido de que el sector público es más barato que el privado (por si acaso, claro, no nos dejan elegir no pagar el primero). Pero la corrección política subraya los méritos de la coacción política y legislativa, y para ello cualquier cosa es válida, como informarnos de que según las estadísticas mueren más mujeres al dar a luz en los países pobres que en los países ricos, como si eso probara que hay que subir los impuestos y el gasto público en sanidad.

Pero aparte de obviedades y desvaríos, una línea de pensamiento está siempre presente: la malvada desigualdad. Dice Oxfam: "La provisión privada de los servicios sanitarios puede aumentar la inequidad en el acceso porque favorece por naturaleza a los que pueden permitirse pagar un tratamiento". Esto es muy notable, porque sugiere, primero, que las cosas buenas sólo las compran los ricos, y, segundo, que la sanidad pública es gratis y para los pobres.

Lo primero es absurdo: las cosas no las compran exclusivamente los ricos sino los que creen que valen más que el dinero que entregan a cambio. Esto le sucede a todo el mundo que compra cosas muy importantes en el mercado más o menos libre, sin que a nadie, incluido Oxfam, se le haya ocurrido llevarse las manos a la cabeza.

Lo segundo también es absurdo, porque la sanidad pública no sólo no es gratis sino que cuesta cada vez más, y desde luego no es para los pobres sino para todos. El Estado puede presumir de ser la Madre Teresa, pero la realidad es que nunca se especializa en cuidar a los más pobres sino en montar gigantescas y onerosas burocracias para cuidarnos a todos quitándonos a todos cada vez más dinero.

Eso, es decir, la falta de libertad, naturalmente, no sólo no es una amenaza para Oxfam sino que es precisamente lo que recomienda, porque la desigualdad es mala como la peste. De hecho, Oxfam asegura que mata.

¿Mata? ¿De verdad? No se pierda el próximo capítulo.

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