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Repsol y Pemex, un matrimonio mal avenido

La mexicana Pemex, aliada de Repsol desde 1990, ha estado más de tres años intentando hacerse con el control.

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La mexicana Pemex, aliada de Repsol desde 1990, ha estado más de tres años intentando hacerse con el control.

Tras tres años de disputas, Repsol y Pemex se separan. La petroletra estatal mexicana, ha tirado la toalla y ha vendido este miércoles el 7,86% de la española por 2.091 millones de euros. La operación se ha saldado a razón de 20,10 euros por acción, con un descuento del 3,6% respecto a los 20,86 euros a los que cerraron este martes las acciones de Repsol.

Pemex, que ha sido aliada de Repsol desde 1990, ha decidido deshacerse del grueso del 9,3% del capital que tenía en la compañía que dirige Antonio Brufau. Así, el que fuera hasta ahora el segundo accionista de Repsol, tras La Caixa y por delante de Sacyr, se quedará sólo con la modesta cifra del 1,44%.

Precisamente este mismo miércoles la entidad británica HSBC ha declarado a la CNMV que posee una participación del 5,368% en el capital de Repsol. El aumento de participación por encima del 5% se produjo el pasado jueves 29 de mayo, antes de la venta de Pemex.

El divorcio de las multinacionales se produce 5 días antes de que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, llegue a España en visita oficial. Tanto el gobierno mexicano como el español, han intentado en varias ocasiones mediar en el conflicto. De hecho, el mes pasado, el ministro de Hacienda de México, Luis Videgaray, llegó a mostrarse públicamente a favor de la venta. "No sería una mala decisión", declaró. Videgaray se mostraba de acuerdo con que Pemex vendiera su participación "en una empresa como es Repsol, que opera fuera de México, para traer ese capital e invertirlo en las oportunidades que va a tener en México".

Un culebrón que ha durado más de 3 años

Los expertos coinciden en que con la salida de Pemex, Brufau le ha ganado la guerra al gigante azteca, tras varias intentonas de hacerse con el control de la compañía.

- 2011: desde que en el año 2011, Pemex firmara con Sacyr, presidida en ese tiempo por Luis del Rivero, un pacto de sindicación de acciones en Repsol, las tensiones entre ambas empresas se han venido sucediendo sistemáticamente.

El primer desafío a Repsol se produjo cuando Pemex, que entonces poseía el 5% del capital de la petrolera española, compró otro 5% adicional. Este movimiento serviría para conseguir sumar junto a Sacyr una participación conjunta del 29,8% en el capital de la petrolera española. Con un porcentaje al borde de la OPA, Pemex y Sacyr pretendían arrebatarle el mando a Brufau.

El cambio de presidentes en Sacyr truncó los planes de ambas compañías. Con la llegada de Manuel Manrique, la constructora decidió diseñar un nuevo escenario de relaciones "sin tensiones ni enfrentamientos". El fin de esta primera batalla llegó cuando en diciembre de ese mismo año Repsol compró un 10% de su capital en poder de Sacyr.

- 2012: Pemex utilizó el conflicto de Repsol con Argentina por el expolio de YPF para cocinar otro intento de asalto. Primero, quiso intermediar entre Repsol y el Gobierno argentino, con el único objetivo de hacerse con parte de la explotación de Vaca Muerta, precisamente el yacimiento por el que Kirchner se quedó con YPF, pese a carecer de la tecnología o el músculo financiero para explotar con garantías sus riquezas.

- 2013: el pasado año la mexicana se dedicó tanto a criticar abiertamente la gestión de Brufau y sus consejeros, como a buscar aliados en otros países extranjeros para desbancarles. El nombre que con más fuerza sonó fue el del mexicano multimillonario -y amigo personal de Felipe González- Carlos Slim. Además, la situación financiera de la mexicana no estaría pasando por el mejor momento. La caída de su producción, le habría hecho retroceder hasta el puesto número 11 del ranking de compañías petroleras del mundo, desde el 7 que ocupaba en 2001.

- 2014: fuentes del sector consultadas por Libre Mercado a principios de este año, aseguraban que las verdaderas intenciones de Pemex por Repsol estarían sólo el área de exploración y producción. Por ello, la mexicana buscaría hacerse con ella para después trocearla, vender los negocios que no le interesan y quedarse con una parte.

Por todo ello, la Junta General de Accionistas de Repsol votó a favor de un cambio estatutario para evitar cualquier operación de escisión, segregación o enajenación que todo el mundo indentificó como un pacto anti-Pemex.

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