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#XangingtheWorld

Gowex era una empresa que estaba parada. Pero Jenaro García se movía con tanta ostentación que todo el mundo percibió que era Gowex la que avanzaba.

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Gowex era una empresa que estaba parada. Pero Jenaro García se movía con tanta ostentación que todo el mundo percibió que era Gowex la que avanzaba.

La percepción humana es subjetiva. Incluso en algo tan elemental como el propio movimiento podemos ser engañados por los sentidos. Cuando estamos dentro de un vehículo parado pero vemos a otro moverse al lado, la primera sensación que tenemos es la de que nos movemos nosotros. Por eso el espíritu crítico es fundamental para fijar la realidad, dudamos, desconfiamos, preguntamos, oponemos, argumentamos, evaluamos desde otras perspectivas y entonces decidimos si la percepción es válida o no. El espíritu crítico es la base del conocimiento y del progreso, si nunca hubiéramos dudado de nada seguiríamos en las cavernas sometidos a un líder.

Gowex era una empresa que estaba parada. Pero a su lado, su creador, Jenaro García, se movía con tanta ostentación que todo el mundo percibió que era Gowex la que avanzaba a buena velocidad. Un emprendedor que no enseñaba números porque eso pertenecía al pasado y él, a la realidad mágica tan presente, un CEO cuya misión era, ni más ni menos, cambiar el mundo, #XangingtheWorld según su bío de Twitter, que hablaba de sueños, viajaba casi a diario de punta a punta del planeta y cuya empresa era premiada por la ética de su marketing por la Asociación de Marketing de España, que este año ha redactado un código ético para, bingo, crear valor en una sociedad sostenible. Premio de ética a un marketing en el que había precio, emplazamiento y promoción pero no producto. O sí, porque el producto ofrecido era el sueño de Jenaro de cambiar el mundo para hacerse millonario a costa del resto.

Fallaron los controles, fallaron los políticos, fallaron los expertos pero también fallamos el resto. Falló nuestra capacidad de dudar, hacer preguntas y sospechar. Y lo hizo porque nos estamos acostumbrando a escuchar tantos discursos vacíos que estamos perdiendo de manera alarmante nuestro espíritu crítico, lo estamos perdiendo y nos lo están haciendo perder a costa de etiquetarlo, esos salvadores del mundo, de negativismo, conformismo, pesimismo e inmovilismo. ¿De verdad que nos hablen de sueños, mundos felices, abrazos, corazones y positivismo en lugar de productos, leyes, programas, balances o estrategias nos va a servir para decidir que nuestra percepción de la realidad política y empresarial es la correcta?

En una carta de disculpa a sus empleados, el CEO de Gowex, sin apartarse ni un milímetro del discurso mágico y vacío, les ha dado las gracias por hacer posible lo imposible. Posible lo imposible. Sería una frase para una comedia si no fuese tan trágica la realidad.

Quizá sea este un buen momento para que empecemos a hablar alto los que contemplamos con estupefacción la pérdida del discurso racional a favor del emocional, para que la sociedad deje de comportarse como una reina inmadura, inculta e irresponsable dominada por un enjambre de estafadores Rasputines que medran en la política, la economía y la cultura, para abrir los ojos y rescatar el espíritu crítico y escéptico que nos protege del engaño y nos permite movernos y avanzar. Porque no, no es simple humo lo que nos están vendiendo, es pura basura. Y sí, claro que están cambiando el mundo, pero a peor.

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